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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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La omnipotencia del maestro en el acto educativo

Francisco M. Piña Osuna*

La educación en el transcurrir de las épocas y en las diversas sociedades fue comprendida como la transmisión de conocimientos a través de las generaciones. Esta concepción primitiva ha evolucionado al grado de que la educación ya no sólo implica conocimiento sino que, según Durkheim (1925) en su libro Educación moral, es a través de ella que aquellos seres no sociales tienen la oportunidad de aprender a vivir en una sociedad compleja y dinámica. Otro teórico como Francois Dubet va más allá de la concepción de Durkheim, para él la educación no solo implica una preparación para vivir en sociedad, sino que es un acto de socialización misma; no se trata sólo del depósito de conocimiento por parte de los adultos en las mentes infantiles e inexpertas, sino que representa una experiencia socializante donde las partes, maestro y estudiante, juegan roles, y, en razón de éstos, el ambiente escolar termina representando todo un sistema social.

La relación maestro-estudiante. En una parte de la relación, el estudiante se halla naturalmente en un estado de pasividad. El conocimiento del estudiante no contiene más que un pequeño número de representaciones que estorban a las que son sugeridas por el maestro. En el estudiante la voluntad es todavía rudimentaria, no sabe, no puede sostener nada, no hay certezas en él, no puede ni debe hablar de ser autónomo. Y es en ese estado que el estudiante es más susceptible al contagio del maestro y más propenso a su imitación. Con ello, el educador no se encuentra de ninguna forma desarmado, pues él mismo sabe de su fuerza de sugestión (Durkheim, 2001).

El maestro todopoderoso. En palabras de Dubet (1996), frente al maestro, los chicos y chicas se sienten trasparentes. El maestro conoce en ellos su carácter, su voluntad, su trabajo, sabe de qué pie cojean, el maestro sabe qué es lo poco que sus alumnos saben. Los chicos se juzgan entre ellos y a sí mismos en función de su trabajo escolar, “los flojos”, “los listos”, “los tontos”, “los genios”, “los cooperativos”, “los sin remedio”, “los favoritos”. Y no sólo hay un “mal estudiante”, pues tras él hay un “mal padre” y una “mala familia”, dicho todo por el maestro.
Conciencia de la omnipotencia. Dubet (2002) señala que la omnipotencia del maestro es reconocida de inmediato por los estudiantes. Lo anterior se observa en el desorden que existe en una clase, lo cual no manifiesta una protesta o una afrenta del muchacho hacia el maestro, sino la incapacidad y debilidad de este último. Los estudiantes, además, pasan la escuela administrando los estados de ánimo del maestro, cuando este se disgusta, se juega de una forma; cuando es serio, se juega de otra; la clase se modula en función de los ánimos y disposición del maestro.

La herramienta del maestro. Dubet explica la omnipotencia del maestro hasta en la atracción que el pizarrón ejerce sobre los escolares. El que pasa al pizarrón es “el mimado”, el chico busca la forma de pasar al pizarrón o determinar quién debe pasar, el pizarrón es el instrumento del maestro, pasar al pizarrón es convertirse en el maestro por un momento, es sentir el poder aunque en un grado muy limitado.

El poder lo siente el padre también. Dubet se acerca aún más al pensamiento de Durkheim en cuanto a que el maestro busca proteger al alumno contra sus padres, el maestro busca alejarlos de estos intelectualmente para que así el niño alcance la autonomía, una independencia que le permita crecer. Al entrar a la primaria el padre deja al niño en la puerta para que entre solo, este es un modo de ayudar al niño a volverse autónomo. La escuela es el mundo de los niños estudiantes bajo el poder de los maestros, ya no es el niño bajo el cuidado de los padres.

La evolución de la relación. Al cursar niveles escolares más altos, el estudiante adopta mayor autonomía con respecto al pensamiento del maestro, su peso ahora es determinante en el interés que el estudiante desarrolle por la materia y por el estudio. El maestro sigue siendo la pieza central en el acto educativo, la autoridad y poder que expresa en el salón de primaria evoluciona hacia el interés que éste estimule a la clase, así el impacto y el poder del maestro va mutando conforme el nivel escolar avanza.

*Estudiante de posgrado en El Colegio de Sonora.