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FOTO DE LA SEMANA: “Cananea”

La imagen fue capturada por Leova Peralta.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Hay de crisis a crisis

Álvaro Bracamonte Sierra*

Dice el refrán que la noche es más oscura justo antes del amanecer. La idea implícita en el viejo dicho es el advenimiento de un horizonte de paz, armonía y prosperidad una vez que se supera una larga o corta coyuntura de tensiones y dificultades. Dicho de otra manera, una crisis curativa antecede el alivio de un enfermo grave. Experiencias recientes e históricas acreditan la validez del proverbio; pensemos por ejemplo en las brutales dificultades económicas experimentadas durante la recesión mundial de 1929. Nadie más o menos informado apostaba por la recuperación de las economías occidentales; sin embargo, luego de concluida la segunda guerra mundial el crecimiento económico de la mayor parte de las naciones registró tasas que batieron todos los records. La economía mexicana se desmoronó en 1995, pero en los siguientes años se recuperó a un ritmo que resultó asombroso por la fortaleza y rapidez del crecimiento exhibido.

En materia educativa hay también diversos casos sugerentes. En 1999-2000 la Universidad Nacional Autónoma de México vivió una de sus más delicadas etapas: la huelga estudiantil en repudio al reglamento de cuotas aprobado durante el rectorado de Francisco Barnés de Castro; la paralización de la UNAM se alargó varios meses, prácticamente por un año. Durante ese tiempo, la imagen, el reconocimiento y el prestigio de la máxima casa de estudios del país se derrumbaron estrepitosamente.

El descrédito llegó a tal grado que abundaron promocionales negativos como aquel donde una empresa convocaba a ocupar un puesto y se atrevía a señalar explícitamente que la convocatoria excluía a los egresados de la universidad nacional. Fueron años muy complicados para la mayor institución educativa del país, que hacían conjeturar que era cuestión de tiempo para que el deterioro resultara irreversible. Sin embargo, la cimentación de nuevas reglas internas y la posterior recuperación de la concordia de la comunidad universitaria permitieron poco a poco trascender ese horrible bache. La gestión del rector Juan Ramón de la Fuente fue tan atinada que al concluir su periodo la UNAM florecía nuevamente como el espacio de debate y discusión que la república requería. Los anteriores son casos en los cuales aplica el proverbio arriba referido. No obstante, hay también experiencias cuyo desenlace no desencadenó procesos virtuosos. De hecho, en algunos la solución ha pasado por el cierre de la institución.

Es lo que ocurrió en la Universidad de Hermosillo, que por momentos fue considerada protagonista importante en la educación superior en Sonora. Los problemas internos se desbordaron y ello orilló a suspender definitivamente sus operaciones. Un caso distinto sería el que se sostiene con la vieja mina de Cananea, recordemos que el sindicato suspendió actividades por más de tres años; el conflicto “se resolvió” tras el dictamen de una instancia jurisdiccional que declaró inexistente la huelga y dio pie a la “desaparición” de la mítica organización gremial.

Si el viejo refrán tuviera invariablemente un desenlace positivo, debiera esperarse la restauración de la proverbial calidad de vida que distinguía a los mineros cananenses. No obstante, las crónicas de la vida cotidiana que hacen los nativos del mineral revelan que la solución alcanzada no constituyó un revulsivo que ayudara a rehacer la antigua prosperidad local. Con estos casos en mente es posible decir que los amaneceres luminosos tras una larga y oscura noche dependen de las maneras utilizadas para superar la crisis.

Con esa premisa, resultan preocupantes las alternativas de solución a la espesa penumbra que atraviesa la Universidad de Sonora. Nuestra casa de estudios vive hasta ahora la segunda huelga más larga, y lejos de vislumbrarse un arreglo de conformidad para todos, éste se escurre penosamente entre las manos de quienes tienen la responsabilidad de gestionarlo. A juzgar por el tono de las declaraciones de los líderes sindicales y sobre todo por el acento narrativo impuesto en los desplegados pagados por las autoridades universitarias, parece imposible una solución en la que ganen todos.

En consecuencia, el escenario que se avizora es más parecido a lo ocurrido en Cananea y menos a la experiencia de la UNAM. Son muchos los elementos que configuran ese futuro; destacan dos: la extrema polarización que diluye la posibilidad de un pacto salomónico pues se apuesta a la destrucción del interlocutor que es visto como enemigo; por otra parte, el desgaste de los líderes sindicales y de las autoridades universitarias vuelve poco factible pavimentar un sendero por donde replicar el recorrido de la universidad nacional.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.