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observatorios-528

¿Sexo: “no especificado”, género: neutro? …otro mundo es posible

Karen Yenisse Covarrubias Balderas*

Introducción

La necesidad de nombrar todo es algo que nos invade de manera casi natural, es la intención de darle sentido y forma a lo que nos rodea y reconocernos al mismo tiempo. El inicio de este embrollo consciente e inconsciente se presenta desde el momento en que la mujer gesta al feto y decide continuar con el embarazo; es decir, es la etapa en la que se comienza con las especulaciones del sexo del bebé, así como las características físicas y rasgos que se pudieran poseer.

Este trabajo tiene como intención hacer una reflexión teórica con base en el artículo “Identidad sexual / rol de género” de la doctora Eva Alcántara y el caso de Norrie May-Welby, una persona de origen británico, nacida en Escocia, quien actualmente reside en Nueva Gales del Sur en Australia, y es un caso paradigmático en occidente ya que en el 2010, a la edad de 48 años, es reconocida oficialmente por las autoridades del Reino Unido como un ser humano con sexo no especificado y género neutro, por medio de un certificado expedido que se otorga a los extranjeros residentes en este país.

Identidad sexual y diferencia sexual

El modelo dicotómico y estereotipado en que damos valor a las cosas y seres vivos es donde se construye la identidad sexual de los seres humanos y es en este constructo donde la diferencia sexual aparece adscrita: entre lo “masculino” y lo “femenino”. En este tenor se generan unidades de medida y escalas correspondientes a los significados de hombre-mujer, niño-niña (Alcántara 2013).

La historia de Norrie May-Welby cuenta que nació con el sexo biológico de hombre, pero en 1990, a la edad de 28 años, decide cambiar su sexo a la categoría de mujer por medio de una intervención quirúrgica. Sin embargo, esta modificación de sexo no resultó satisfactoria, y es veinte años más tarde que Norrie solicita a la Corte de Australia ser identificado en sus documentos como residente extranjero con sexo no especificado y género neutro.

Lo anterior muestra, primeramente, que el esquema de binomios en el que estamos “naturalizados” y “culturizados” se cuestiona, es inestable y necesitamos abrir nuevas posibilidades para nombrar, agrupar y dar sentido a las dinámicas permanentemente cambiantes del sistema sexo-género; en segundo, refleja también que hay momentos en que estos cambios sociales son posibles en donde se conjunta una conciencia colectiva portadora de derechos con capacidad de agencia, estructuras institucionales con nuevos  mecanismos que abren vías para la demanda ciudadana y están obligados a dar respuestas. En este sentido, otro elemento a resaltar es que este tipo de transformaciones y/o avances legales no son producto de una acción única y aislada, más bien son la continuidad de una serie de demandas y logros anteriores, ya que para el caso de Australia, desde 2006, la Oficina Nacional de Estadística reconoce el derecho del ciudadano a ser registrado como intersexual o “tercer sexo”.

El campo médico en este constructo es determinante debido a que funge como termómetro y testigo necesario para estas reformas legislativas. Para Norrie May-Welby fue necesario entregar dos informes médicos donde se dictaminaba que tanto física como psicológicamente era andrógino.[1] Al respecto, Alcántara apoya la idea de que:

No hay correspondencia tácita entre las formas genitales y el destino reproductivo, la designación sexual inicial es imaginaria. A partir de ahí, aún falta un largo trayecto antes de conocer los resultados de esa promesa inaugural: si el sujeto asume o no el sexo al que fue asignado, en qué forma hace cuerpo ese sexo, cómo se hace sexo; es decir, el proceso a partir del cual devenimos sujetos sexuados no puede anticiparse en las formas genitales. (2013, 191-192).

Precisamente es ese ir y venir en busca de una identidad sexual lo que May-Welby pretende al cambiar de sexo biológico hombre al sexo biológico mujer, no obstante, esta transición física no garantiza que se pueda “encajar” cómodamente en uno u otro sexo asumido, tanto en lo físico como a nivel psicológico, lo cual reafirma que la identidad sexual y la identidad de género es siempre algo inacabado, en constante transformación y reconfiguración individual y colectiva.

A pesar de que Norrie tomó la decisión de la reasignación de sexo de manera aparentemente autónoma y convencida, él afirmó, veinte años después, no sentirse cómodo con ninguno de los dos sexos. Al respecto, Alcántara (2013, 196) reconoce que “el sexo es aquel nudo que permite enlazar diferentes dimensiones de relaciones productoras de sentido” y, al mismo tiempo, esa singularidad implica indeterminación y nunca queda totalmente articulado.

A manera de comentarios finales

El caso emblemático de Australia, en particular el de Norrie May-Welby, es el reflejo de una sociedad (occidental) cambiante, donde se comienzan a vislumbrar nuevas formas de entender el sexo y la identidad de género. Aunque las categorías nunca serán suficientes para nombrar las particularidades de cada ser humano, en constante transformación identitaria, en ocasiones aparentemente contradictoria,  considero que son necesarias para un umbral de paridad e inclusión a todas estas formas diversas de vivir en colectividad.

Para el caso de México hay muchas asignaturas pendientes, sin embargo, al menos en materia legislativa, se avanza hacia una mayor diversidad sexual y de derechos sobre nuestro cuerpo. Como referente tenemos la aprobación de la ley para matrimonios homosexuales y la ley que permite la interrupción del embarazo antes de las doce semanas de gestación. Estos avances en materia legislativa han sido aprobados sólo en algunos estados de la República Mexicana. Ello indica, primeramente, que las libertades y derechos varían dependiendo de la región donde se resida, eso sin hablar de otros factores como clase social, raza, nivel educativo, etcétera. Lo que intento evidenciar con esto es que el acceso a estas nuevas posibilidades de ser y hacer respecto a la identidad sexual y de género se trastocan por muchos factores en ocasiones circunstanciales externos a nuestra voluntad.

Volviendo al tema de la intersexualidad en México, las pautas no están marcadas todavía y el camino hacia un género neutro y un sexo no especificado no alcanzan a entreverse ni en lo legislativo ni en el ámbito cultural.

 

Bibliografía y fuentes consultadas:

Alcántara, Eva. 2013. Identidad sexual / rol de género. Debate Feminista (47): 172-201.

El País. 2010. Un británico, primera persona reconocida oficialmente como de género sexual neutro. 16 de marzo. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2010/03/16/actualidad/1268694006_850215.html (10 de julio de 2013).

Pérez, Kim. 2010. Diversos colectivos y activistas de España piden que se suprima el sexo del DNI. Actualidades Intersexuales. 23 de marzo. http://actualidadesintersexuales.blogspot.mx/2010_03_01_archive.html   (10 de julio de 2013).



[1] Médicamente, andrógino es aplicable para un hombre o a una mujer que tiene algunas características de ambos sexos. El papel desempeñado en la sociedad, la conducta, la personalidad y el aspecto externo son reflejo de factores individuales que no están determinados por el género. disponible en: http://www.esacademic.com/dic.nsf/es_mediclopedia/1936/andr%C3%B3gino (consultado el 09 de julio de 2013)

*Egresada de la maestría en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora.