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FOTO DE LA SEMANA: “Sin título”

La imagen fue capturada por María Cristina Saldaña.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Con motivo del día del maestro

Por Dr. Miguel Manríquez Durán.
Nacido durante la Segunda Guerra Mundial en Polonia, Lian llegó a México en su infancia gracias al Presidente Lázaro Cárdenas, quien envió un navío para recoger niños huérfanos de la guerra y traerlos a un internado propicio en Topolobampo, de donde Lian escapó a los 12 años para ser acogido en Guadalajara por una familia de origen hebreo, de quienes incorporó el apellido Siorda como su segundo apelativo. Después vendrían años de arduos estudios que llevaron a Lian a desarrollarse en el campo de las matemáticas y la lógica, siendo durante algún tiempo alumno de Sir Karl Popper en la London Scholl of Economics, y posteriormente profesor de la UNAM adscrito al Centro de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM).

Los estudios profesionales de Lian Karp (1937-1991) fueron la física, las matemáticas, la teoría de sistemas y la aplicación de modelos matemáticos a los más diversos campos de conocimiento. Su formación académica fue amplia, heterogénea y, por lo mismo, compleja y apasionante: filosofía, arte, ciencias sociales, lógica y, por supuesto la ciencia política, es decir, se ocupo del sistema de la realidad. Su actividad profesional sigue sorprendiendo a muchos: creador de programas de investigacipon, educación y planeación; incansable impulsor de la academia; brillante y acucioso investigador; generoso animador y promotor de la excelencia y, sobre todo, paciente maestro riguroso y vital.

Su obra escrita se disemina en 30 libros y un centenar de artículos de honda trascendencia, sus invaluables notas de trabajo (“cuadernitos”, decía él), sus polémicas ponencias, cuadernos de trabajo, sus reportes de investigación y, también, sus lúcidas conversaciones. Su portentosa audacia intelectual generó una obra que aún espera el análisis profundo de sus métodos y la revaloración crítica de sus aportaciones teóricas. Más allá de su extensa trayectoria profesional, Lian Karp era, fundamentalmente, un maestro en el más puro sentido aristotélico. Exigía disciplina en el trabajo, rigor científico, voluntad y, sobre todo, perseverancia en la búsqueda de conocimiento y reflexión crítica. Enseñó que el conocimiento, tanto científico como humanista, está en permanente revisión, que la crítica es uno de los más fragorosos caminos del quehacer académico y cotidianamente nos alentó a ejercer el derecho a la duda y al error.

Enseñaba a asumir el compromiso académico como forma de vida, como práctica intelectual y como constante ejercicio autocrítico. Así, con prudencia y sin formulismos, transformó muchas trayectorias profesionales, muchas vidas y regaló ideas con la generosidad que solo los hombres buenos tienen. Siempre solidario y afectuoso apoyó, en todo momento, cualquier iniciativa intelectual por más titubeante que esta fuera. Su productiva vida alcanzó a este colegio ya que también construyó esta institución en muchos de sus aspectos fundacionales por lo que estamos en deuda permanente. La lección vital que nos dio fue que ningún conocimiento vale la pena si no surge del mundo de la vida, es decir, de lo elementalmente humano, de la vida cotidiana y del compromiso ético de cada uno de nosotros. Nuestro recuerdo y agradecimiento al Lian de todos los días, al hombre que aprendió a ser y estar en el mundo.

Lo recuerdo en los versos de un antiguo poema que lo retrata fielmente: “lo que soy es lo que hago, para eso he venido” .