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FOTO DE LA SEMANA: “Sin título”

La imagen fue capturada por María Cristina Saldaña.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Periodismo y ciudadanía

Víctor Hugo Reyna*

El periodismo es y siempre ha sido ciudadano. De hecho, se podría decir que es una de las prácticas ciudadanas por excelencia, pues consiste en “reportar y comentar sobre eventos de actualidad, haciendo uso de la observación y la investigación, con la intención de formar un público capacitado para el autogobierno” (George 2013, 493).

A pesar de ello, como consecuencia indeseada de su modernización y profesionalización, el periodismo ha perdido paulatinamente su carácter ciudadano para devenir en una actividad profesional bajo sospecha. Esto es porque el grueso de sus practicantes trabaja en empresas con fines de lucro, presuntamente encabezadas por magnates tipo Charles Foster Kane.

Por esta razón, desde la década de 1990, diversos grupos han pugnado por reciudadanizar al periodismo. Unos, como el movimiento del periodismo público, lo han hecho intentando redirigir las prácticas de los profesionales del periodismo. Otros, como el movimiento del periodismo ciudadano, lo han hecho cuestionando el monopolio del periodismo profesional.

No obstante sus buenas intenciones, ninguna iniciativa ha concretado el cambio proyectado. Por una parte, porque reencauzar la cultura profesional del periodismo sólo corresponde al gremio de periodistas y no a actores externos a él. Por otra parte, porque las prácticas no profesionales del periodismo tienen un alcance y una duración en todo sentido limitada.

Más allá de su éxito o fracaso, estas iniciativas dejan abiertas un par de preguntas: ¿Cuál es la función del periodismo en un sistema democrático y cuál es la mejor manera de alcanzarla? y ¿A qué actores les corresponde procurar tal función y bajo qué tipo de técnicas de investigación, fuentes de investigación y modos de redacción?

El periodismo profesional asume, desde mediados del siglo XIX, la función de informar a la ciudadanía a través de la noticia, estructurada a manera de pirámide invertida y siguiendo la norma de la objetividad. En cierto sentido, es elitista porque se asume definidor de agenda y porque concibe a la ciudadanía como si fuera un espectador pasivo de lo público.

El cambio de paradigma propuesto por el movimiento del periodismo público se orienta a estimular el debate público y la participación ciudadana antes que a informar. No significa un retorno al periodismo de opinión del siglo XVIII, sino un intento por revitalizar a la ciudadanía mediante la visibilización de sus inquietudes y preocupaciones.

En términos prácticos, tanto el periodismo público como el periodismo ciudadano proponen renunciar, en primer lugar, a depender de las fuentes de información oficial y, en segundo lugar, al estilo telegráfico del periodismo profesional. Esto, para hacer a los relatos periodísticos menos acartonados y lejanos.

En la última época de bonanza de la industria periodística, ninguna de estas medidas tenía sentido. Después de todo, el viejo modelo de producción industrial y su manufacturación de noticias seguían funcionando y produciendo riqueza. No importaba si la ciudadanía estaba enganchada a lo público o no, si como consumidores seguían comprando periódicos.

Sin embargo, tras la última recesión económica mundial, de la cual la industria periodística aún no se recupera del todo, sí pueden ser reconsiderados. Esto, porque ante la abundancia de información de actualidad que circula en internet, la noticia pierde su valor de cambio y desestructura todo el modelo de producción del periodismo profesional.

Algunos casos de éxito, como ProPublica, en Estados Unidos, o RíoDoce, en México, ya están tomando —con sus matices— algunos pasos al respecto. Si bien no se han constituido en los nuevos referentes en circulación e ingresos, sí muestran que el futuro del periodismo está más allá de la noticia, en la recuperación de su carácter ciudadano.

*Estudiante del doctorado en El Colegio de Sonora.