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La imagen fue capturada por Tadeo Méndez.

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A 60 años del sufragio femenino en Sonora ¿Qué avances se han alcanzado?

Mercedes Zúñiga Elizalde*

En 1954 —hace exactamente 60 años—, se concede a las sonorenses el derecho a votar y ser votadas, reconociendo su condición de ciudadanas. Esta exigencia, tan largamente demandada por las mexicanas y pospuesta por los gobernantes y legisladores posrevolucionarios, fue acordada a nivel federal apenas un año antes, en 1953, cuando el recién instalado presidente de la República, Adolfo Ruiz Cortines, cumplió la promesa de campaña hecha a las mujeres en todo el país para reformar la Constitución Política.

Hoy, en un contexto de reciente aprobación, por el Congreso local, de reformas constitucionales en materia político-electoral, vale la pena hacer un breve recuento del avance que desde entonces han alcanzado las mujeres en materia de derechos y participación política.

Las sonorenses del siglo XXI son muy diferentes de aquellas de los años cincuenta del siglo pasado. Las identidades de género de las mujeres se han modificado en estos años, ganando espacios públicos e incursionando en múltiples ámbitos de actuación. Las mujeres de hoy en día no se conciben a sí mismas de la misma forma como muchas lo hacían hace sesenta años. Sin embargo, el entorno político, social y cultural que envuelve estas transformaciones apenas ha variado. Las formas de pensamiento que prevalecen como sociedad, todavía conciben a las mujeres como individuos sometidos, obligados a desempeñar un papel central en el mundo privado, de la casa y la familia, en lugar de reconocérseles como actores de su propio devenir.

En agosto de 1954, en alusión al derecho al voto femenino recién otorgado, el gobernador en funciones Ignacio Soto, en su quinto y último informe de gobierno, expresó: “A la mujer sonorense se le reconoció la plenitud de sus derechos políticos, capacitándola para que, al igual que el hombre, pueda desarrollar ampliamente sus actividades ciudadanas y contribuir […] a forjar un Sonora mejor”. Empero, en estas últimas seis décadas pocas oportunidades han tenido las mujeres para ejercer su ciudadanía en su calidad de sujetos de elección o de posicionarse en los altos cargos de gobierno o en los puestos de toma de decisiones, tanto en la esfera política como en la laboral.

El argumento esgrimido para excluirlas continúa siendo la “falta de preparación”, el mismo que sirvió hace cien años para negarles el derecho al sufragio, cuando Hermila Galindo lo exigió al Constituyente en los tiempos de Venustiano Carranza.

Ahora, mayo de 2014, el Congreso sonorense reformó el Artículo 150-A de la Constitución para establecer que “las mujeres tengan los mismos derechos civiles y políticos que los hombres” y puedan ser electas en cualquier elección. Extraño lenguaje el utilizado por los legisladores, pues pareciera decir que anteriormente a esta reforma hombres y mujeres no se consideraban iguales ante la ley. En efecto, en los hechos es así.

El sistema de cuotas existente restringía ese derecho. Hoy la reforma plantea una nueva fórmula: cincuenta y cincuenta y pide a los partidos “garantizar la paridad entre los géneros”. Si la cuota anterior del 30 por ciento difícilmente lo hacía, ¿cómo lo logrará la recién legislada?

Las desigualdades entre hombres y mujeres tienen su asiento en las relaciones desiguales de poder entre los sexos. La equidad de género no se alcanzará si el sistema de cuotas no se acompaña de mecanismos y políticas que la aseguren en los hechos: tampoco si la mentalidad predominante sigue percibiendo a las mujeres como objetos sexuales y no como sujetos de derechos. La democracia comienza en casa y atraviesa todos los ámbitos de actuación de hombres y mujeres. Las leyes deben garantizar que esto sea posible, si no, estaremos preguntándonos lo mismo que, en 1925, la maestra Emélida Carrillo cuestionó a los legisladores al demandar el sufragio femenino: “¿Somos las mujeres tan indignas que se nos compara con […] los criminales? ¿Qué acaso no tenemos alma, inteligencia para que se nos trate lo mismo que a los animales?”.

*Profesora-investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo en El Colegio de Sonora.