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FOTO DE LA SEMANA: “Vitral”

La imagen fue capturada por Janeth Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Amansando y domesticando el poder

Nicolás Pineda*

Dedicado a mis hijas

Constantemente somos testigos de los abusos del poder: negocios personales con puestos públicos, obras y nombramientos decididos arbitrariamente, fundaciones para promoverse, tráfico de influencias, abuso del dinero público, pensiones vitalicias e impunidad. El poder es una pasión humana que viene acompañada, casi siempre, de egoísmo, mentira, avaricia, ambición. El que lo detenta, se siente realizado y da sentido a su vida. Pero visto desde la sociedad, el poder puede ser muy nocivo y hacer mucho daño a los demás; puede acabar y destruir sociedades enteras, las vidas de las personas, y ser una gran causa de infelicidad; pero también, si se le controla, puede ser benéfico para la colectividad. Es como un potro salvaje que hay que domesticar y amansar para que sea de provecho y nos lleve por donde nosotros queramos.

Poniéndole riendas al poder
Como parte del proceso de democratización, en Sonora y en México, necesitamos amansar y domesticar a nuestros gobernantes y a la clase política para que podamos alcanzar un buen nivel de vida y bienestar.

Cuenta la historia que, en el siglo XV, el rey Enrique VIII de Inglaterra se topó una vez con alguien que le dijo que no estaba de acuerdo con él. El rey, entonces, le advirtió: “Tú que te opones, y yo que te corto la cabeza”. De hecho, este rey no sólo le cortó la cabeza a sus opositores, sino incluso a su canciller y hasta a varias de sus esposas. Todo era cuestión de que él diera la orden para que encarcelaran y decapitaran a alguien. Nada qué ver con la mansita y educada reina Isabel de Inglaterra de la actualidad. La reina Isabel actual sólo asiste a ceremonias y se conduce con propiedad; tiene sus privilegios, pero ya no puede encarcelar a nadie ni eliminar a sus enemigos. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo le hicieron para convertir el bronco Enrique VIII en la actual Isabel de Inglaterra?

Para poder amansar al rey, en 1688 Inglaterra vivió una revolución llamada Gloriosa, en ésta el Parlamento se declaró supremo y superior al rey y dictó una Carta de Derechos donde se establece que no se puede meter a la cárcel ni matar a nadie sin un debido proceso, ni se pueden cobrar impuestos ni declarar la guerra arbitrariamente. Fue un proceso social en el que se le pusieron las riendas al poder.

En México, hace mucho que copiamos la división de poderes y contamos con instituciones que supuestamente deben de controlar al poder, pero no funcionan. Entre los pocos avances que hemos logrado está el de que los gobernantes no se estacionen ni se perpetúen en el poder. Ya se consagró por lo menos el principio de que hay que cambiar periódicamente al presidente y a los gobernadores. Ya no tenemos dictadores vitalicios, pero los tenemos sexenales. Más recientemente también se logró que los gobernantes y el partido en el poder toleren a la oposición y permitan que los ciudadanos elijan el candidato que más les convenza, aunque todavía proliferan la manipulación y la compra de votos. Y más o menos en eso estamos actualmente. Todavía nos falta mucho para que los gobernantes rindan cuentas y para que no usen el poder para beneficio personal y de sus amigos. Pero la lucha contra esos comportamientos es la tarea ciudadana actual. La lucha de hoy es por la transparencia, la honestidad (no corrupción) y la rendición de cuentas. Que no nos distraigan los aspirantes y candidatos con regalitos, si lo que necesitamos es que pongan orden en el ejercicio del poder y no abusen del dinero público.

Cómo amansar al poder
Pues, para empezar, necesitamos valientes que los monten a pelo hasta que les bajen los humos. Afortunadamente en México estos valientes son cada vez más abundantes; ahí están Cuarón y Denise Dresser a nivel nacional. Hay que cansar a la clase política con la crítica para irles poniendo los aparejos de la ley y de los controles ciudadanos. Hay que tener muy claro que no es suficiente una Constitución o leyes que digan qué deben, o no, hacer. Es necesario ponerles alguien que los controle y además que este jinete tenga incentivos para hacerlo y estar protegido para que no sea cooptado o nulificado. Esa es ni más ni menos la tarea actual de la democratización en México.

En nuestro medio, los políticos ya no cortan cabezas, pero sí hacen mucho daño y saquean la economía y los fondos públicos. Pero, sobre todo, les roban oportunidades a otros y, con sus actos, contribuyen a la pobreza y a que muchos problemas no se solucionen.

La mayoría de la gente tiene miedo de enfrentarse al gobierno o a los políticos porque piensa que los van a afectar o dañar en algo. Los empresarios piensan que les van a enviar auditoría; los burócratas, que les van a quitar el puesto, y los ciudadanos en general piensan que los van a molestar en su vida privada. La cuestión es que si el número de los demandantes aumenta y se forma una masa crítica, ya no hay manera de que el gobierno, los partidos o la clase política los puedan parar. La batalla no está perdida, ahí la llevamos. De esto dependen el país y la sociedad que heredaremos a nuestros hijos.

Profesor-investigador de El Colegio de Sonora. nicolas.pineda.p@gmail.com