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La imagen fue capturada por Janeth Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El capital en Sonora en el siglo XXI

Álvaro Bracamonte Sierra*

Desde hace buen tiempo un conjunto de temas concentran la atención local, al menos la de quien esto escribe. Destaca, entre otros, el comportamiento de los grupos políticos que se forman, desaparecen y luego vuelven a reagruparse a medida que avanza el calendario electoral. Pero el asunto que mayor curiosidad genera es el relacionado con la naturaleza del sector empresarial sonorense y particularmente de quienes en su tiempo contribuyeron a cimentar lo que es hoy la economía regional.

Al respecto se pueden proponer algunas hipótesis para intentar explicar qué ha pasado con los antiguos empresarios nativos. En primer lugar, es difícil hoy ubicar las operaciones que llevan a cabo quienes por mucho tiempo comandaron el desarrollo agropecuario, industrial y comercial de la entidad. Se percibe, en cambio, que el capital foráneo es preponderante en varias de las actividades más dinámicas de la economía de Sonora.

El comercio al menudeo, por ejemplo, está dominado por grandes cadenas de supermercados nacionales y extranjeros. Liverpool, Sears, Walmart, Soriana, Ley, son todas de origen externo; es notoria la desaparición de los iconos sonorenses como Mazón, VH y una cantidad importante de establecimientos que atendían al consumidor subregional.

En la minería destacan las inversiones canadienses y las de grandes corporativos mexicanos como Frisco, Peñoles, Grupo México, etcétera. Ni qué decir en la industria manufacturera, donde el inversionista local prácticamente no existe, a menos que se cuente el que esporádicamente participa en alguna fase de la cadena de valor automotriz y ahora en la aeroespacial.

En las actividades agropecuarias, otrora timbre de orgullo local, empieza a dibujarse la presencia de empresas no sonorenses; éstas compran o rentan tierras o bien recurren a los omnipresentes corredores o brokers globales, quienes definen qué y cómo producir enlazando al productor con los intereses de los distribuidores internacionales.

Aunque existe escasa información que pruebe estos planteamientos, intuitivamente es fácil advertirlos. En donde las conjeturas son menos obvias es en lo sucedido con los hombres de empresa que en tiempos no muy lejanos lideraban la expansión económica de Sonora. Es posible aventurar que pese a que están relativamente al margen de la nueva economía sonorense, siguen manteniendo una posición privilegiada en la pirámide social; siguen siendo poderosos pues mantienen cuantiosos ahorros, múltiples propiedades e inversiones en activos financieros.

En otras palabras, no dirigen empresas ni son líderes empresariales en ninguna actividad productiva y, sin embargo, probablemente son más ricos y más prósperos que sus padres y abuelos mismos quienes sí tuvieron que sudar la camiseta para hacer de estas agrestes tierras un territorio floreciente.

Si la hipótesis es correcta, entonces se estaría repitiendo a escala local un fenómeno que se registra actualmente en el contexto internacional. Efectivamente, los estudiosos del desarrollo del capitalismo han descubierto el afianzamiento progresivo de un proceso perverso que amenaza la viabilidad del sistema: la profundización de la desigualdad; esto es, una pequeña proporción de personas que se apropia de gran parte de la riqueza generada en un país. Esta peligrosa tendencia, analizada también por Joseph Stiglitz, ha sido abundantemente investigada por un profesor francés hoy convertido en una especie de rock star para los economistas.

Se trata de Thomas Piketty en cuyo libro El capital en el siglo XXI documenta que la desigualdad no es una consecuencia natural —como muchos ideólogos neoliberales afirman— de la frugalidad y del espíritu competitivo e innovador de los empresarios. Nada qué ver. Para Piketty la desigualdad no está vinculada con las virtudes asociadas al capitalismo sino fundamentalmente con sus miserias.

El ahora afamado académico parisino señala que los ricos son hoy más ricos porque sus fortunas heredadas se han multiplicado a partir de las pingües y formidables rentas que producen. Esto lo lleva a sugerir que para acabar con la inaceptable y depredadora desigualdad es indispensable y urgente imponer mayores impuestos a los acaudalados que multiplican sus fortunas sin mayor esfuerzo y en un entorno de pobreza generalizada.

La pregunta indiscreta a responder sería si este escenario aplica para Sonora. Valdría la pena indagarlo a profundidad.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.