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FOTO DE LA SEMANA: “Vitral”

La imagen fue capturada por Janeth Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Las nuevas heroínas de la juventud

Zulema Trejo Contreras*

¿Cuándo inició el nuevo boom de la literatura juvenil?, ¿con la saga de Crepúsculo, o la de Harry Potter? En realidad la pregunta es más por curiosidad que por verdadera necesidad de establecer una fecha exacta para este fenómeno. Lo que aquí me interesa tratar tiene qué ver con un aspecto muy concreto de este boom literario: las heroínas-protagonistas de estas sagas, y con ello, no me estoy refiriendo a las actrices que han encarnado en el cine o la televisión a las protagonistas de estas historias donde hombres lobo, vampiros e incluso zombies han perdido su carácter original de monstruos para convertirse en seres fantásticos, incomprendidos y susceptibles de ser rescatados de la oscuridad que los acecha, por una mujer dispuesta a enfrentar y vencer esa sombra oscura que los amenaza.

La descripción hecha en las últimas líneas del párrafo anterior es justamente lo que me motivó a escribir esta reflexión, ya que pareciera que estas mujeres son verdaderas heroínas, ejemplos edificantes para las adolescentes que prácticamente “devoran” las historias que protagonizan. Sin embargo, estas nuevas heroínas ni son tan heroicas como aparentan, ni tampoco constituyen el mejor ejemplo para adolescentes que están formándose. No se me malinterprete.

Rara vez, por no decir nunca, una heroína literaria es el mejor ejemplo a seguir para quien lea su historia, la cuestión a la que me refiero en específico es a la imagen de mujer que se dibuja en estas historias, la cual, salvo notables excepciones, es una imagen muy distante de la realidad y, en cierto sentido, constituye una negación de los derechos conquistados por la mujer moderna.

En muchas de estas novelas la valentía de la mujer es pasiva, consiste en resistir pasivamente y esperar. Valentía es pasividad, negar las propias emociones y sentimientos para constituirse en el refugio perfecto del hombre que lucha contra sus demonios. La mayor parte de estas protagonistas no acompañan a su compañero en su lucha, se limitan a estar siempre ahí, a su lado, por si ellos llegan a necesitar de su apoyo, el cual rara vez se traduce en algo más allá de diálogos que pueden resumirse en “tú puedes hacerlo y yo estoy aquí para apoyarte.”

La heroína de las sagas no sólo mantienen una valentía “pasiva”, sino finalmente sucumben y se integran al mundo de su pareja. Ciertamente, un vampiro no puede dejar de serlo según la literatura, pero ¿es estrictamente necesario que su compañera humana se transforme? Al parecer sí, y esa transformación puede ser leída como una metáfora de la sumisión porque la mujer, finalmente, renuncia a ser lo que es para convertirse en lo que alguien más desea que sea.

El caso de Bella, heroína de Crepúsculo es un caso tal vez emblemático, ella renuncia a su humanidad para estar con Edward en primera instancia, y a ello se aúna después su deseo de ser madre. Lo mismo pasa con las heroínas de la saga Los hombres de los Cárpatos y la de Oscuros. Casos aparte lo constituyen las protagonistas de las historias narradas por J. L. Smith, que muestra mujeres independientes, cuya conversión a vampiros depende de sus propias decisiones como mujeres y no de la necesidad de sus compañeros. Otro caso importante y que vale la pena destacar es de nuestra paisana Andrea Hirales, autora de Mis ángeles vampiros, una adolescente que nos muestra a una protagonista adolescente humana, con dudas, rechazos, afinidades y cuya valentía va más allá de la pasividad.

*Profesora-investigadora del Centro de Estudios Históricos de Región y Frontera en El Colegio de Sonora.