» Novedades Editoriales

  • rysnovedades-530 región y sociedad número 59 »
  • novedades3 - 522 El sufragio femenino en México. Voto en los estados (1917 – 1965) »

    El sufragio femenino en México. Voto en los estados (1917 – 1965) Coordinadoras: Mercedes Zúñiga Elizalde y Ana Lau Jaiven. Precio: $350 Editorial: El Colegio [...]

  • novedades1-522 Estudios sobre Sonora 2011. Instituciones, procesos socioespaciales, simbólica e imaginario. »

    Coordinadores: Álex Covarrubias Valdenebro, Eloy Méndez Sáinz. Precio: $300 Editorial: El Colegio de Sonora.

FOTO DE LA SEMANA: “La Choya”

La imagen fue capturada por Jimmy Maldonado.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

documentos-533

Estampas de Brasil antes de la Copa Mundial 2014

Nicolás Pineda*

En mayo de 2014 tuve la oportunidad de hacer un viaje de 12 días a Brasil, justo un mes antes de que se llevara a cabo el Campeonato Mundial de Futbol. Aquí comparto algunos de mis recuerdos y experiencias.

La llegada a São Paulo

El viaje fue largo; mi esposa y yo viajamos toda la noche durante más de nueve horas, tratando de dormir. Ahora estaban anunciando el aterrizaje en el aeropuerto de Guarulhos. Por la ventanilla del avión se alcanza a ver todo verde.

Salimos y pasamos los trámites y filtros: migración, recoger equipaje, aduana, cambio de moneda. El aeropuerto no es muy espectacular, me parece bastante normal para un país tropical que no es del primer mundo. Alcanzo a ver que hay bastantes obras de remozamiento y modernización, seguramente son preparativos para el campeonato. A la salida, como las 11 a.m. hora local, ya nos espera nuestro amigo Zecarlos. Después de los saludos y bienvenidas, abordamos su automóvil camino hacia São Paulo y hacia el apartamento en el que nos hospedaremos, en un sector conocido como Itaim Bibi. Zecarlos nos explica que el aeropuerto está ubicado en la ciudad de Guarulhos, al poniente de la ciudad de São Paulo y que el trayecto será de poco más de una hora. Nos dice que no cruzaremos el centro, sino que rodearemos por un camino alterno a fin de evitar la hora de tráfico y posibles manifestaciones contra la Copa. Comenzamos a tener nuestras primeras impresiones. Vamos por una autopista que corre al lado de un canal que me parece de aguas grises. A todo lo largo del trayecto se aprecian altos edificios de departamentos, también tiendas y grandes anuncios espectaculares. Nos llama la atención que el tema del campeonato mundial  que se llevará a cabo dentro de un mes está ausente en los anuncios. A primera vista, la ciudad, la gente, los edificios y el flujo vehicular me recuerdan mucho al D.F., me siento en un lugar parecido al Viaducto o la avenida Río Churubusco. Una diferencia que me salta a la vista es la gran cantidad de grafitti que hay en los edificios de la ciudad y que me parece mayor que la que vemos en el D.F. mexicano.

Pasamos por la avenida Paulista, una de las más importantes de la ciudad, llena de tiendas de marca y grandes construcciones de negocios y oficinas. Algunas fastuosas residencias familiares de antaño han sido transformadas en oficinas de empresas. A medida que nos acercamos a nuestro destino y que dejamos las grandes avenidas, el tráfico se comienza a complicar. Es la hora del almoço (almuerzo) y parece que todos los trabajadores de las oficinas salen a las calles para probar un bocado. En las calles del sector de Itaím Bibí observo a muchos jóvenes ejecutivos, de traje oscuro, camisa blanca y corbata, entrando o saliendo de los restaurantes tipo europeo del área. Zecarlos nos explica que es un sector financiero donde hay muchos bancos. De hecho, sus dos hijos trabajan en ese sector, Thales en Banca Santander y Tadzio en una casa de inversiones.

Entre semáforos y autobuses urbanos, se aprecian las calles interiores y muchos edificios de departamentos, como de 12 o 15 pisos. Por fin llegamos a uno de esos edificios. Para tener acceso hay que pasar dos puertas eléctricas con controles automáticos que nos conducen a un sótano de estacionamiento. Por elevador llegamos al piso ocho, ahí nos espera Zara, la esposa de Zecarlos, con un almuerzo brasileiro: arroz blanco, frijoles con carne y verduras horneadas. El día es claro y limpio. Por el gran ventanal del apartamento en el octavo piso, echo un vistazo a la ciudad de São Paulo: una gran cantidad de edificios de departamentos y ruido de tráfico; abajo se aprecia gente en movimiento. Estoy en la gran ciudad de São Paulo, una de las metrópolis más grandes del mundo y centro económico del poderoso y gran país de Brasil.

Fortaleza y sus taxistas

Ya llevo varios días en Brasil. Ahora estoy en Fortaleza, ubicada a tres horas en avión al norte de São Paulo. Ésta es la ciudad en donde se llevará a cabo el juego entre México y Brasil el 17 de junio. Es una ciudad con varios kilómetros de playas enfrente de las cuales, previa avenida costera, está también una larga hilera de elegantes edificios de departamentos, algunos de éstos son hoteles y la mayoría son condominios residenciales. Más hacia el interior de la ciudad está el comercio, y en lo más alejado de la playa se aprecian algunos barrios pobres.

Aquí visité el centro comercial, que me pareció algo sucio y desaliñado. Ahí están la catedral y el mercado central lleno de novedades brasileras. Fui a unas plazas dedicadas a héroes nacionales y vi mucho pequeño comercio de todo tipo: mercerías, farmacias, ferreterías, etcétera.

En el centro también pude visitar el Museo del Estado de Ceará y un centro cultural llamado Dragao do Mar. Ahí aprendí más sobre la historia y del interior árido del estado y de las grandes sequías que han padecido. Me sorprendió enterarme de que la principal actividad del interior es la ganadería y que está poblada de cactus del tipo cardón y de una vegetación baja llamada “catinga”. El personaje típico de esta región es conocido como “vaqueiro” y se distingue del ganadero del sur que es conocido como “gaúcho”. Supe también de personajes famosos de la región como el Padre Cícero, un santo local que no ha sido reconocido por la Iglesia, y de un taumaturgo o profeta conocido como “Antonio Conselheiro” que propició un movimiento religioso que fue finalmente reprimido con violencia. Este último personaje fue el tema de la novela La guerra del fin del mundo, publicada en 1981, de Mario Vargas Llosa.

Uno de mis descubrimientos locales fue el de la cocina brasileña, especialmente de los llamados “frutos do mar”, que es como aquí se conoce al pescado y los mariscos. En el restaurant Coco Bambú pude paladear varios tipos de pescado con sabores exóticos de mostaza, coco, mango, entre otros. Una delicia que todavía saboreo al recordar.

A medida que paso días aquí, he estado agarrando confianza con el portugués al grado de que puedo sostener conversaciones con taxistas y la gente con la que trato. En varias ocasiones tuve que usar taxis para trasladarme a diferentes puntos. En el camino trabamos conversación. Resumo aquí algunas de sus aseveraciones.

  • Los del gobierno tuvieron siete años para prepararse para el mundial y ahora están a las carreras.
  • La Arena Castelão está lista para la Copa; de hecho fue el primer estadio que estuvo listo y vino (la presidenta) Dilma a inaugurarlo.
  • Pero no se trata sólo del estadio Castelão sino principalmente lo que rodea al estadio, los accesos, los estacionamientos y los servicios que se requieren.
  • Por toda la ciudad hay obras viales y de remozamiento.
  • Hay muchas deficiencias en salud y educación, y todo el dinero se está gastando en instalaciones deportivas.
  • Brasil no está preparado para este evento internacional. El evento va a pasar en unos cuantos días y el país se va a quedar endeudado y con malos servicios.
  • No hay dinero que alcance, todo se lo roban. Todos los partidos son iguales en esto.
  • Lo que pasa es que los del gobierno son incompetentes y corruptos.

El último día que estuve en esta ciudad, aproveché el taxi que me llevaba al aeropuerto para visitar brevemente el estadio de futbol Castelão donde jugará México. Me sorprendió lo moderno que se ve, y saber que está todo refrigerado. Ahí aproveché para tomarme la foto . El taxista se divirtió mucho cuando le dije que en México decían que nuestra selección iba a “jogar como nunca e a perder como sempre”. Él en cambio me replicó que los brasileros consideraban a México un callo duro de superar.

Brasilia, la ciudad planeada

Nuestros amigos brasileiros insistieron en que visitáramos Brasilia. La oferta era atractiva ya que ahí es su lugar de residencia y contábamos con hospedaje. El motivo era asistir a la fiesta de cumpleaños de uno de los hijos.

Después de nuestra llegada, primero hicimos un recorrido por la ciudad en automóvil. Es una ciudad muy joven, fue fundada apenas en 1960 por el presidente Juscelino Kubitschek. Es una ciudad que fue totalmente planeada. Su diseño urbano fue resultado de una concurso que ganó el urbanista Lucio Costa. Me explican que tiene la forma de un avión o cruz rodeada por un lago. A la altura de la cabina del piloto se ubica la casa de los presidentes, conocida como Planalto. Luego, en el centro se encuentra la Plaza de los Tres Poderes. Por ahí están dos esculturas modernistas: una es la de la Justicia Ciega y otra la de los Candangos, una pareja humana construida en honor de los fundadores de la ciudad. El cuerpo del avión es recorrido por dos ejes viales que recorren la Explanada dos Ministerios que son todos edificios modernos similares. Además destacan la Catedral de Nossa Senhora Aparecida, con su forma de haz o ramo de espigas flanqueada por unas esculturas modernas de los cuatro evangelistas. Hay, además, varios museos, centro de convenciones, el Estadio y el Auditorio Nacional. En el mero centro se ubica la central de autobuses conocida como Rodoviaria y junto a ella un centro comercial conocido como Shopping Conjunto Central. El diseño en forma de cruz de la ciudad se completa con las dos alas que son los barrios habitacionales, uno norte y otro sur, construidos todos con el misma modalidad de edificios multifamiliares de cuatro pisos en torno a pequeñas áreas de comercio y servicios. En uno de estos barrios se ubica la Universidad de Brasilia. Con esto nos dimos una idea general de la ciudad.

Al día siguiente, decidimos salir por nuestra cuenta a hacer otro recorrido. Nuestros anfitriones nos dejaron en un centro comercial llamado Iguatemy. Es uno de los más modernos y lujosos que he conocido, con muchas tiendas elegantes de marca. Para mí su mejor atractivo fue su Librería Cultural en donde me di idea de las publicaciones brasileiras. Pero no me pareció la idea de quedarme en este centro comercial. Esto no es Brasil, es sólo una parte de este país. De modo que tomamos un taxi y nos fuimos a la Rodoviaria, en el centro de la ciudad. Ahí nos estaba esperando una manifestación de un grupo de jóvenes con grandes tambores, banderas y pancartas que coreaba consignas entre un mar de gente en movimiento. El ritmo de los tambores y otros instrumentos me recordaba la música de carnaval con su ritmo contagioso. Además, cerca de ahí un numeroso grupo de gente seguía los movimientos de un partido de futbol en una gran pantalla. Este sí es más Brasil.

Nuestra visita a Brasilia se completó con una visita a la feria (que los mexicanos llamaríamos tianguis) de la torre de Telecomunicaciones en donde pudimos observar todo tipo de artesanías brasileiras. Entre ellas había entre otras pequeñas esculturas, bordados, encajes, pinturas y artículos de cuero.

También tuve la oportunidad de tratar a los yernos de mis anfitriones. Fernando, un argentino con ocho años de residencia en Brasil, y Jefferson, un afrobrasileiro de Minas Gerais que me decía que tenía más apellidos que un aristócrata y que solo le faltaba apellidarse Braganza como los descendientes del emperador de Brasil Pedro I.

La fiesta de nuestros anfitriones fue nuestra despedida de Brasil. La casa era todo actividad. Se habían contratado a cuatro sirvientas y a un cocinero para que tuvieran todo a punto. Toda la comida se preparó en casa, no se usaron platos desechables sino loza y cubiertos finos. El menú fue sopa húngara, filete mignon y otras exquisiteces. En la barra de bebidas había vinos, cachaza (mezcal brasilero) tequila y whisky. La música era grabada y acompañada de cambio de luces y reflejos. La asistencia fue como de sesenta personas entre jóvenes y adultos. Ahí conocí a muchos parientes y amigos de la familia. Al cumpleañero le cantamos: “Parabens para vocé, parabens para vocé, muitos anos de vida y muita felicidade”. En una de las fotos de grupo que nos tomamos, ya entrados en confianza, uno de los presentes dijo como indirecta para mí: “Sonrían, Brasil le va a ganar a México seis a cero” y todos se rieron al momento de salir el flashazo. Brasil, tararara rara rá, Brasil, Brasil.