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FOTO DE LA SEMANA: “Vitral”

La imagen fue capturada por Antonio Morales.

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La ciudad para todos

Miguel Ángel Monteverde Ávalos*

Ciudad Obregón está lejos de dar oportunidades y condiciones equitativas a sus habitantes para desarrollarse de manera íntegra, sobre todo a su población joven. Decir que la brecha entre ricos y pobres aumentó en las ciudades latinoamericanas no agrega nada nuevo al debate, sin embargo, existe una nueva preocupación mundial para encontrar la receta que ayude a disminuir la desigualdad social urbana, como se estableció en el VII Foro Urbano Mundial celebrado en Medellín, Colombia.

Dentro de los avances en materia de derechos humanos, se encuentra el reconocimiento al derecho a la ciudad por parte de ONU-Hábitat, que se puede definir, según la Carta mundial por el derecho a la ciudad, como: “el usufructo equitativo de las ciudades dentro de los principios de equidad y sustentabilidad”; es decir, el uso de la ciudad por cada uno de sus habitantes de manera democrática, inclusiva, justa, con libertad y dignidad y, sobre todo, disfrutable.

En el Distrito Federal existe la preocupación por garantizar una ciudad de todos, como lo instituye la Carta de la Ciudad de México por el derecho a la ciudad, que expone principios para garantizar este derecho a sus ciudadanos: 1. La ciudad debe tener una gestión democrática para que todos los ciudadanos participen en la definición, seguimiento y toma de decisiones de las políticas públicas; 2. Debe existir compromiso de la iniciativa privada para que participen en programas sociales, con la finalidad de desarrollar igualdad económica; 3. Se deben fortalecer las políticas públicas para la inclusión de las personas en situación vulnerable y eliminar los obstáculos para su integración y así evitar la discriminación, y 4. Ejercicio pleno de la ciudadanía para garantizar la realización de los ciudadanos en su totalidad,  sea económica, jurídica, cultural, social y ecológica.

La ciudad somos nosotros, sus peatones. La ciudad nos ciudadaniza y nosotros humanizamos la ciudad. Entonces, vale la pena preguntarnos: ¿qué calidad tiene Obregón como ciudad? Una manera de saber en qué situación se encuentra una ciudad es mirar sus espacios públicos, porque indican el bienestar de sus habitantes. La plaza, la calle, el parque con su monumentos, son lugares donde se materializa la relación del gobierno y los habitantes. Los espacios públicos son los lugares físicos donde se convive y se comunica con el otro; en donde se crean discursos y se comparten, es decir, son expresiones colectivas y prácticas culturales incluyentes. Entonces, usted, lector, podría hacer un ejercicio mental e imaginarse cualquier espacio público de Obregón y responder esta pregunta.

En la actualidad tenemos miedo a lo público. Sabemos que la ciudad se encuentra en crisis y la única manera de protegerse es aislándose de ella. Nos autosegregamos en fortalezas con vigilancia para vivir o consumir, y así evitar el lugar público con sus delincuentes, drogadictos e indigentes. Sin embargo, la delincuencia y precariedad no son causadas por el espacio público, sino por la falta de respuesta a la desigualdad social. Esta visión individualista que sólo propicia la segregación y polarización social en la ciudad, debe ser superada con políticas de espacios públicos que incluyan la percepción de seguridad urbana y la reivindicación de los grupos sociales vulnerables.

Se nos plantea un nuevo desafío y no basta con lo que se ha venido haciendo, la actualidad exige crear puentes de cooperación entre la autoridad y los ciudadanos para garantizar la consolidación de disfrutar ciudades justas, democráticas e inclusivas. Medellín apostó por defender y fortalecer lo público, y no es casual que se haya elegido como sede del último Foro Urbano Mundial; esa ciudad que fue azotada por el narcotráfico, ahora es un ejemplo de innovación y de lucha contra la violencia y desigualdad urbana. Que sirva como farol para Ciudad Obregón.

*Estudiante de doctorado en El Colegio de Sonora. mig.monteverde@gmail.com