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FOTO DE LA SEMANA: “Vitral”

La imagen fue capturada por Antonio Morales.

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Leyes secundarias y futbol

Álvaro Bracamonte Sierra*

Cuánta razón tienen quienes han cuestionado la decisión de agendar en los días del mundial la discusión de las leyes secundarias en materia energética. En efecto, unos cuantos senadores discuten casi en completo anonimato las leyes reglamentarias de la reforma energética aprobada el año pasado. Se trata de una normatividad trascendental para la vida pública y económica del país; se trata nada más y nada menos de la distribución de la renta petrolera que, para no ir muy lejos, ha sido por mucho tiempo la fuente de ingresos más importante del erario nacional.

Con esta disposición se redefine el futuro nacional pues, como es de sobra conocido, la industria petrolera y en general la energética constituye la columna vertebral de la economía; el replanteamiento de la política energética se desarrolla en medio del Mundial de Futbol justo cuando una buena parte de los mexicanos parece adormecido con las derrotas y los triunfos de sus escuadras favoritas, sobre todo del tricolor. Quienes estratégicamente programaron las fechas del debate energético juzgaron que era el momento ideal y así ha sucedido pues ¿cuántos mexicanos están realmente atentos a los pormenores legislativos en torno a esas leyes secundarias?

Me atrevo a pensar que muy pocos, y estos pocos lo están a ratos, ya que se hallan también inmersos en la ola del balompié. Parecerá desproporcionado afirmar que estamos ante una especie de anestesiamiento nacional, pues podría considerarse que de los múltiples partidos proyectados son sólo ocho o nueve los que verdaderamente llaman la atención de la fanaticada.

Muchos aseguran que la coincidencia de un mundial o una Olimpiada y un proceso electoral o un debate trascendente como el de las leyes energéticas, no afecta el desarrollo de los mismos. Para reforzar tal postura refieren que el Mundial 2006 no influyó en el desenlace de la elección presidencial; que incluso eran comunes las plazas llenas de los mítines convocados por AMLO, quien ahora es precisamente uno de los críticos más duros a que la programación del debate petrolero se haya dejado para estos días.

Visto así, pueden tener razón los que objetan que las justas deportivas no alteran el desahogo responsable de los asuntos públicos relevantes. Sin embargo, a todas luces aparece como una estrategia dirigida a reducir las manifestaciones de oposición que eventualmente pudieran surgir derivadas del debate en torno a las leyes secundarias.

Sin duda, al Gobierno y a varias organizaciones partidarias les conviene que el debate se celebre en la tranquilidad que brindan los salones del recinto legislativo y al margen de la presión que representaría una ciudadanía organizada. Si a ello se agrega la ambientación de las televisoras que se encargan de repetir hasta el cansancio la transmisión de los partidos de los equipos preferidos, entonces se logra producir un efecto somnífero entre la masa de aficionados al deporte de las patadas.

El partido entre Camerún y el seleccionado nacional corrobora la tesis anterior; fue un encuentro que detuvo los latidos de todo el país. México ganó bien, aunque por la mínima diferencia; su buen desempeño ha sido suficiente para generar cierta expectativa, repitiendo aquella situación que el escritor Juan Villoro identifica como el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Tanto es así que hoy no se habla de otra cosa.

De hecho, durante el cotejo los políticos dejaron de trabajar en aras de observar las incidencias del partido. Los legisladores reprogramaron el horario de los debates a fin de atestiguar las glorias del representativo nacional. Si quienes deben ceñirse a un horario estricto experimentan el síntoma adormecedor propio del Mundial ¿qué puede esperarse de los ciudadanos que aprovechan estas pequeñas y fugaces pizcas de felicidad para evadirse de los problemas o de los asuntos públicos relevantes como la discusión de las nuevas reglas de explotación de nuestros recursos energéticos?

Dada la relevancia para el futuro de México, quienes establecieron los tiempos del debate actuaron seguramente más movidos por intereses particulares y menos por el supremo interés de avanzar hacia un México mejor ¿Por qué analizar y aprobar leyes tan importantes en una coyuntura desmovilizadora como la que naturalmente surge de la justa futbolera? ¿No hubiera sido mejor esperar a que concluyera el Mundial e iniciar inmediatamente el debate promoviendo al mismo tiempo la participación de la mayor parte de los ciudadanos? Para la salud de la República proceder así era lo recomendable.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.