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FOTO DE LA SEMANA: “Tarde de verano”

La imagen fue capturada por Gabriela Jiménez.

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Sobre el mundial de fútbol

Edmundo Loera Burnes*

El 12 de junio dio inicio el Mundial de Brasil 2014 con el juego Croacia vs Brasil, y las críticas en torno a la transparencia del torneo no se hicieron esperar como resultado de una falla arbitral en la que se favoreció al país anfitrión. Las críticas al arbitraje continuaron al día siguiente en hechos que lamentablemente perjudicaron a nuestro país al anularse dos goles por aparente fuera de juego.

Como sucede en muchos deportes, miles de espectadores del Mundial no son seguidores asiduos del fútbol, lo son solamente en eventos de gran magnitud como los juegos olímpicos, finales del proceso de calificación al Mundial o en las finales del torneo local. Es decir, realmente dedican parte de su tiempo cuando se encuentra involucrado el equipo de su preferencia, lo que genera como resultado un público que desconoce la reglas que rigen este deporte y, por ende, el nivel de juego de su selección en el contexto mundial.

Conscientes de esta situación, algunos comentaristas de medios de comunicación lanzan consignas contra los equipos rivales sin importarles el impacto que pueden generar en el ánimo de los seguidores del equipo adversario; ejemplo de ello es el comentario que se escucha en un spot televisivo, que con el afán de alentar al equipo que representa a su país a ganar el campeonato dice “ya nos parecemos a México” (en alusión a que nuestra selección, fuera de los mundiales realizados en México, nunca ha podido alcanzar el famoso quinto partido), o el comentario de un periodista uruguayo que previo al partido Uruguay vs Costa Rica, se refirió al nombre de este último país como “Costa Pobre”. Estas situaciones para la mayoría de las personas que cotidianamente miran el fútbol no es algo que pueda considerarse como ofensivo y lo toman con sentido del humor; sin embargo, para quienes únicamente ven fútbol en este tipo de eventos y no están familiarizados con los métodos que utilizan los medios masivos de comunicación para acrecentar el interés del aficionado en seguir el evento a través de la televisión, estos actos llegan a ser ofensivos. No es extraño que después del partido Uruguay contra Costa Rica miles de aficionados “ticos” salieran a las calles a festejar el triunfo de su selección con pancartas en las que ratificaban que son de Costa Rica.

Esto puede ser un ejemplo de cómo los mundiales de fútbol se han convertido en oportunidades de incrementar las ganancias económicas de organizadores, patrocinadores y de las cadenas televisivas, mientras que el espíritu deportivo ha sido relegado a un segundo plano. Basta recordar que en los primeros eventos las sedes se seleccionaron con el fin de incrementar la atención del mundo en este deporte. Actualmente, un país que aspira a apadrinar un mundial de fútbol requiere contar con los recursos para construir nuevos estadios y/o remodelar los ya existentes. Según datos de la prensa, en este Mundial se invirtieron más de cinco mil millones de dólares en estas obras únicamente para satisfacer los requerimientos que ordena el organismo rector, en este caso, la FIFA.

Pero, aparte se requirió la construcción de carreteras, de hoteles, infraestructura para los medios de comunicación, etcétera. Esta situación ha provocado que el costo de organizar un Mundial se cotice en varios miles de millones de dólares, por lo que las posibles sedes para los próximos mundiales se reduce a unos cuantos países. Algunos de ellos, y como ya sucedió con Japón y Corea 2002, se están coordinando para realizarlos conjuntamente, mientras que otros países simplemente no tienen oportunidad alguna. Finalmente, tanto la construcción de estadios como la inversión en infraestructura se realizan generalmente con fondos públicos, por lo que el gasto recae en toda la población, mientras que los beneficios son acaparados por unos cuantos.
*Estudiante de doctorado de El Colegio de Sonora. eloera@posgrado.colson.edu.mx