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El primer censo de población de Sonora

José Marcos Medina Bustos*

Entre los interesados en la historia regularmente causa polémica pretender que algo sucedió por primera vez, pues es común que se presenten cosas semejantes a lo que se pretende sea lo primero. Sin embargo, me atrevo a decir que entre 1790 y 1792 se realizó el primer censo de población de Sonora porque en esos años se llevó a cabo un conteo de población que cumplió con algunos de los criterios modernos para ser considerado como tal. En primer lugar, formó parte de un conteo que el virrey segundo conde de Revillagigedo ordenó se llevara cabo en toda la Nueva España; es decir, pretendió ser general. Por otra parte, se contó a toda la gente que vivía en poblados bajo alguna autoridad española, sin distinciones por origen étnico o social. Las características que se querían saber fueron las mismas en todas las intendencias, de manera que se obtuvo información homogénea, comparable y totalmente numérica. Lo realizaron personas al servicio de la Corona española: los subdelegados (gobernantes distritales), los capitanes de presidio, los justicias locales y los sacerdotes. Finalmente, también es razón para considerarlo censo porque se realizó en un tiempo relativamente corto.

Antes se habían realizado otros conteos que no tenían el objetivo de conocer el tamaño y las características de la población sino otros fines, como identificar cuántos podían ser tributarios, para lo cual no se contabilizaba a todas las personas, sólo a los cabezas de familia o las viviendas; también se daba el caso de que los misioneros levantaran listados de sus feligreses para informar a sus superiores de los progresos o atrasos en la evangelización. Tales conteos nunca tuvieron la amplitud que tuvo el realizado por el gobernador intendente de Arizpe, Henrique de Grimarest, en los años mencionados.

Para obtener la información, el virrey Revillagigedo envió a los intendentes formatos impresos que contenían los datos que debían llenarse, los cuales eran una adaptación de formatos que se habían utilizado en España en un conteo de población llevado a cabo en 1787, conocido como “censo de Floridablanca”, por un ministro del rey Carlos III. La información que se debía proporcionar incluía cuántas ciudades, villas, pueblos y misiones había; cuántas personas se ubicaban en grupos de edad, divididos por sexo y estado civil; también se debía contabilizar a los europeos, españoles (o sea criollos), indios, mulatos y “otras castas”, donde cabían personas denominadas mestizos, lobos, coyotes, entre otras categorías raciales.

Para obtener la información anterior también se enviaron formatos para que ser llenados por los subdelegados en los pueblos de su distrito, quienes debían apuntar a cada persona. Estos formatos se enviaban a Arizpe, capital de la intendencia, donde el gobernador intendente y su secretario enfrentaban la dura tarea de hacer los cómputos. Lo anterior no siempre fue posible porque los subdelegados no hacían bien su labor y se les ordenaba que la hicieran de nuevo. Fue una labor realmente difícil para la época.

De alguna manera, se trataba de una forma “moderna” de contar a la población pues, aun cuando se distinguía a los grupos étnicos, a los tributarios, a personas que gozaban de fuero,  a los nobles, entre otros, todos  entraban en la misma contabilidad simplemente como habitantes de la intendencia. Con ello se marcaba una diferencia frente a conteos anteriores, que eran por familia y separaban a los indios de misión de quienes no lo eran.

Una vez hechos los cómputos, el total de “almas” de la provincia de Sonora ascendió a 38 334, de los cuales 60 por ciento eran indígenas; el distrito más poblado era el de Ostimuri, donde se ubicaban los pueblos yaquis; había matrimonios muy jóvenes, correspondientes al grupo de edad de 7 a 16 años, a tono con la influencia que todavía tenían los misioneros y sacerdotes sobre los indígenas para que éstos se casaran lo más pronto posible.

Hoy como ayer los datos de un censo son interesantes porque buscan reflejar a una sociedad determinada, si tú, estimado lector, estás interesado en conocer los datos del censo de 1792, escríbeme a mi dirección electrónica y te enviaré una imagen del documento original.

Profesor-investigador del Centro de Estudios Históricos de Región y Frontera (CEHRF) en El Colegio de Sonora. mmedina@colson.edu.mx