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En memoria de Gerardo Cornejo

Armando Haro *

Recordaremos a un maestro que nunca dejó de aprender. Que enseñaba siempre, sobre todo a gozar del camino y menos del destino, que pre-sintió lejano. Como quiera, él sabía destilar lo bueno de entre lo malo. Para ello utilizaba un corazón que, como dicen en la sierra, “no se lo acaban ni cuarenta marranos”

Era su receta la locura luminosa, la que lo alumbró para contagiar a medio mundo de su ambición de saber. Esparcía a su paso microbios, filamentos, de luz. Algunos de estos “evolucionaron” para convertirse en obra publicada, otros quedaron como semilla para la siembra y esperan el concurso.

“Gerardo se va, pero su obra cumbre, la creación de El Colegio de Sonora, seguirá librando batallas por desentrañar la realidad social que nos circunda y que a su vez es parte de realidades más amplias, que parecen lejanas pero que actúan irremediablemente en nuestra realidad inmediata. ¡Viva Gerardo!, ¡Viva Gerardo Cornejo!”
Leopoldo Santos, 28 de julio, 2014

Se fue “quesque antes de tiempo” para preparar nuevas tierras otra vez. Donde quiera que vaya, nuestro corazón va con él.

Un gran amigo se ha ido, se nos ha adelantado, y nos deja buen encargo y excelente semilla. Me adhiero a las palabras de Leopoldo, y espero que seamos capaces de valorar lo que ganamos como sonorenses con los afanes de Gerardo, y lo que aparentemente hemos perdido con su partida, que no es tal, porque dejó mucho ejemplo y herencia.

Espero que podamos no nomás acompañar espiritualmente a nuestro fundador en su transición hacia quién sabe donde, sino también “enaltecer su legado”, lo que está relacionado con mantener siempre un grado —o muchos más— de locura luminosa, como solía recalcarnos. Hasta acá su presencia nos acompañe en ese empeño tan suyo. Donde quiera que vaya, que aquí siga. ¡Viva Gerardo. Viva Gerardo Cornejo!