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FOTO DE LA SEMANA: “Álamos”

La imagen fue capturada por David Silva.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Pido (por favorcito) que Coca-Cola resuelva mi problema de sobrepeso

Elsa Cornejo Vucovich*

 

Confieso que me desespera la gente que critica los esfuerzos estructurales por limitar el acceso a la comida chatarra, por ejemplo, eliminando la publicidad dirigida a niños y niñas, imponiendo un impuesto a las bebidas azucaradas, o prohibiendo la venta de comida chatarra en las escuelas. A pesar de quienes dicen que consumir o no estos productos depende exclusivamente de la voluntad individual, sabemos que las empresas invierten millones de pesos en estrategias sumamente efectivas de mercadotecnia diseñada para incrementar el consumo de productos chatarra en distintos grupos de población.

Estas empresas están perfectamente complacidas de que pensemos que tenemos sobrepeso y mala salud porque somos indisciplinados. Eso las exime de tener que admitir que primero están sus ganancias, y (mucho) después la salud de la población. También permite que utilicen sus infinitos recursos e influencia para convencernos de que se pueden auto-regular, y que, por ejemplo, la Cofepris permita que sean estas empresas las que establezcan los niveles aceptables de azúcar en los alimentos, que tiene como consecuencia que la cantidad “recomendable” sea ridículamente estratosférica.

Se ha demostrado que las medidas coercitivas funcionan, pero ciertamente no funcionan en un vacío. Resolver el problema de la obesidad y la pobreza alimentaria requiere un esfuerzo amplio, consistente, comprometido y a largo plazo por parte de individuos, familias, instituciones y comunidades para promover la salud en el sentido más amplio, incluyendo la salud mental. Es indispensable promover opciones económicas y saludables de alimentación, espacios de recreación que fomenten la actividad física, y programas que promuevan la salud integral. A nivel individual, requiere propiciar cambios de comportamiento por medio de la educación, pero también implica vivir en un ambiente saludable donde sea posible y deseable alimentarse bien y hacer ejercicio, y donde la seguridad pública y la infraestructura urbana permitan tener opciones más atractivas que pasar la tarde enfrente de la computadora o de la televisión.

Pero que quede claro: la función de la Coca-Cola no es proteger mi salud. Las empresas multinacionales no tomarán la iniciativa de mejorar la calidad nutricional de sus alimentos si su objetivo principal es generar ganancias, no generar salud. Quizás pueda ser distinto con las empresas locales. Quizás una empresa familiar esté más dispuesta a sacrificar las ganancias por beneficiar la salud de la comunidad. Quizás las empresas más pequeñas, que no están sujetas a las políticas rapaces de las grandes corporaciones, pueden encontrar maneras innovadoras de generar ganancias de una manera más ética, sin la necesidad de mentir o manipular al consumidor para venderle un producto que le perjudica. Sí hay empresas que operan de esta manera, pero sus productos no son tan ubicuos. Quizás como consumidores podemos ir identificando empresas locales que produzcan alimentos saludables y de calidad, y podemos comprometernos a consumir más de estos productos que, además de beneficiar la salud, benefician la economía local.

Hay un problema fundamental con esperar que las empresas productoras de comida chatarra se auto-regulen, o que sean ellas quienes determinen cuáles productos son saludables. Como consumidores, no podemos dejar que nos engañen y manipulen, ni mucho menos esperar que cambien sus prácticas por la nobleza de su corazón. Quizás en el corto plazo no podamos cambiar todos los factores que afectan los índices de sobrepeso y obesidad, pero sí podemos empezar por informarnos (la página web El Poder del Consumidor es un buen recurso), y ya no pedir sino demandar mejores productos por medio del único lenguaje que escucharán las empresas: el sonido de nuestros pesos y centavos.

*Asistente de investigación de El Colegio de Sonora. ecornejo@colson.edu.mx