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FOTO DE LA SEMANA: “Las chimeneas de las hadas”

La imagen fue capturada por Inés Martínez en Capadocia, Turquía en julio de 2014.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Desastre ecológico y también económico

Álvaro Bracamonte Sierra*

Me cuentan familiares cercanos que en el poblado de Guadalupe, ubicado a 6 kilómetros de Ures, los habitantes están desesperados: las autoridades les indicaron que no tomaran el agua suministrada por el tinaco de la localidad, mismo que se abastece del pozo situado en las cercanías del río Sonora. Para los lugareños la vida cotidiana se ha vuelto desesperante, y las acciones emprendidas para aligerar la emergencia parecen insuficientes.

El agua del río riega también las parcelas aledañas, de ahí que la afectación se extienda a los productores, muchos de ellos próximos a cortar la caña con que se elabora el delicioso piloncillo que da fama a Guadalupe de Ures. Como se sabe, el origen de la pesadumbre de ese pueblo y de muchos más del río es la contaminación proveniente del derrame de ácido sulfúrico almacenado en uno de los represos de la mina de Cananea, hoy llamada Buenavista del Cobre.

Lo que no se sabe es si fue un lamentable accidente o es el resultado de la negligencia en el manejo de ese peligroso compuesto químico. Los viejos mineros organizados alrededor de la desaparecida Sección 65 afirman que se trata de un crimen industrial, ya que los operadores del depósito no cuentan con la experiencia para tratar con esos tóxicos. Consignan que lamentablemente era cuestión de tiempo para que situaciones como esa se registraran.

La explicación de la compañía se limita a señalar que las precipitaciones extraordinarias dificultaron la correcta conducción de los residuos. Si fuera ésta la causa real del desastre ecológico y económico que se vive en esa región, entonces la empresa incurre en grave falta, ya que a juzgar por lo peligroso de los residuos químicos, debieron tomar todo tipo de precauciones requeridas para evitar una calamidad del tamaño de la que padecen los poblados afectados.

¿Pero qué se podía esperar de los propietarios de la antigua y emblemática mina de Cananea? Son los mismos de Pasta de Conchos, donde murieron más de 60 trabajadores tras un derrumbe totalmente evitable. Son los mismos que con más malas que buenas razones decidieron aniquilar el sindicato minero para sustituirlo por un gremio a modo.

Estos patrones tienen vetados a los ex sindicalistas y sólo contratan obreros sin experiencia pero que aceptan salarios y prestaciones raquíticas, lo que incuba en ellos la apatía en la operación de residuos peligrosos. Hay estudios que señalan que el ácido sulfúrico es el menos nocivo entre los tóxicos generados; los realmente delicados son otros metales pesados que poco a poco devastan ambientalmente esa bella región de Sonora.

Recordemos que hace unos meses una investigación académica denunció la presencia de metales en el agua potable que ingieren los cananenses. Aunque el problema quedó aparentemente superado, dejó testimonio de que algo se está haciendo mal, lo que debería obligar a las autoridades a intervenir antes de que sea demasiado tarde.

La actual Buenavista del Cobre pertenece al Grupo México de la familia Larrea. Esta familia es una de las más poderosas de México. La revista Forbes invariablemente la coloca entre las 500 más ricas del mundo; sus negocios no se reducen a la industria minera sino que se extienden a otros giros que les reportan jugosas ganancias. Qué bueno para ellos que sea así, pero qué malo cuando lo consiguen a costa de la precariedad laboral y de arriesgar en forma por demás irresponsable el medio ambiente.

La mina que antiguamente perteneció a la familia Greene fue nacionalizada a principios de los años sesenta del siglo pasado. Se modernizó una década después sólo para privatizarla más tarde; la venta se efectuó en medio de sospechas de corrupción: los Larrea pagaron mucho menos de lo que valía. No está claro que sea más competitiva en manos de la IP, argumento esgrimido para justificar haberla transferido a lo privado.

Lo que sí es obvio es la actitud depredadora que muestran hacia los trabajadores: éstos, sobre todo los sindicalizados, son tratados como enemigos. Grupo México se ha dedicado en Cananea a despojar conquistas laborales; la precariedad es tan aterradora que, se dice, ganan más los ex sindicalistas en lucha (con los apoyos recibidos por asociaciones mineras internacionales) que los propios empleados actualmente contratados. La mina, en las actuales circunstancias, como ha sido suficientemente documentado, es un peligro para Cananea; lo es para Sonora, sobre todo para los pueblos del río Sonora, y lo es indudablemente para México. Es urgente que las autoridades actúen y obliguen a los responsables a resarcir los daños. Por ahí se podría empezar.

*Doctor en Economía.Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.