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FOTO DE LA SEMANA: “Las chimeneas de las hadas”

La imagen fue capturada por Inés Martínez en Capadocia, Turquía en julio de 2014.

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La regenta de México

Zulema Trejo C.*

 En junio de 1864 arribaron al puerto de Veracruz Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota de Bélgica, ambos ya reconocidos como emperadores de México por los grupos conservadores del país y las principales potencias europeas. Aunque al imperio que ellos encabezaron, conocido en la historia mexicana como Segundo Imperio, puede considerársele efímero debido a que duró apenas tres años, fue muy fecundo en otros aspectos como la amplia legislación en todos los ramos de la administración política del país promulgada por Maximiliano, la nueva división territorial de México, única hasta la fecha que se hizo atendiendo a criterios de equidad territorial, demográfica y recursos naturales. Sin embargo, el aporte más notable del Segundo Imperio mexicano fue la emperatriz Carlota.

Carlota Amalia era una princesa belga, hija del rey Leopoldo de Bélgica y de la reina Luisa quien a su vez era hija de Luis Felipe, rey de Francia. En el intrincado árbol genealógico de las familias reales europeas, tanto Maximiliano como Carlota ocupaban un lugar de privilegio, y estando ambos en la línea de sucesión al trono de sus respectivos países de origen, habían sido educados para gobernar. De esta forma, al convertirse en emperadores de México, lo más natural para ambos fue establecer que sería la emperatriz Carlota quien gobernaría el país cuando el emperador estuviera fuera de la capital. Aquí hay que tomar en cuenta que en la década de 1860 el sistema de comunicación a distancia en nuestro país era prácticamente inexistente, por lo que se presentaba la necesidad de nombrar un regente (así se le llamaba a quien quedaba en lugar del emperador) que supliera al soberano durante sus ausencias de la capital o del país.

La emperatriz Carlota fue la gobernante de México cada vez que Maximiliano viajaba, lo que sucedía con frecuencia; en estas ocasiones la regente ejercía plenamente las facultades que la legislación imperial le otorgaba al emperador, es decir, presidía las reuniones del consejo de ministros, llamaba a los ministros a reuniones particulares con ella, tomaba decisiones de gobierno, promulgaba leyes, concedía amnistías y daba audiencias públicas en representación de su esposo. Durante uno de los periodos de Carlota como regenta fue que se promulgó una de las leyes más importantes de ese periodo: la Ley para la protección de las clases menesterosas, misma que estaba destinada a brindar protección a los indígenas que vivían en las haciendas y también a los que habitaban en las ciudades.

Por otra parte la emperatriz era la persona a la cual el emperador recurría frecuentemente para mediar en situaciones difíciles con los embajadores acreditados en México, un ejemplo de ello son las reuniones que la soberana mantuvo con el nuncio apostólico (embajador del vaticano en México), para intentar convencerlo de que el Papa aceptara las leyes de Reforma. La mediación más importante realizada por Carlota fue la realizada en Europa ante los emperadores de Austria, Francia, el rey de Bélgica y el Papa, en un intento de salvar al Imperio de su inminente derrota, mediación que, como se sabe, fracasó.

Nos guste o nos disguste reconocerlo, es innegable que ya México fue gobernado por una mujer, María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia Coburgo y Orleans Borbón, mejor conocida como la emperatriz Carlota de México.

*Profesora-investigadora del Centro de Estudios Históricos de Región y Frontera de El Colegio de Sonora.