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Televisa: reproducción del status quo

Óscar Alejandro Sánchez Parra*

Televisa promueve con sus reality shows y telenovelas una actitud fatalista asociada con lo melodramático y lo solemne, con el respeto a las normas y reglas establecidas, a lo que debe ser y aceptarse como algo natural, donde no hay que hacer cambios ni rebelarse, sino mantenerse en la pasividad frente al poder establecido y aceptar los designios “divinos” presentes en el discurso de gran parte de su programación: “Dios así lo quiso”, “por algo son las cosas”, “era su destino”, “se sufre pero se aprende”, etc.

En la página de internet de Televisa, sobre el “canal de las estrellas”, se puede leer lo relacionado con la función social que desempeña este espacio televisivo: “es el canal familiar de Televisa, promueve los valores, las tradiciones y el respeto”. Claro que promueve y reproduce los valores, las tradiciones y el respeto, pero identificado con ciertos roles y jerarquías, incluidas las relaciones de poder y dominación del hombre sobre la mujer, inscritas en una sociedad de corte machista que hay que mantener tal y como está. Esto lo podemos ver con el tipo de programas en los que participan la mayoría de las mujeres que trabajan para esta empresa.

Generalmente, a las mujeres se les emplea en reality shows melodramáticos, programas de chismes de corte amarillista y refritos de telenovelas de ínfima calidad. Con temas que poco o nada tienen que ver con las discusiones más importantes que se debaten en la esfera de lo público. Es decir, se les permite participar en los espacios televisivos de corte más superficial, vulgar y de contenido más pobre.

También Televisa manipula y controla a través del tipo de productos que ofrece al televidente. Esto tiene que ver con la industria cultural. La Escuela de Frankfurt la define como la industria de la diversión, del consumo cultural de las masas, que es una prolongación y evasión del proceso de trabajo, donde la razón del mercado se vuelve criterio cultural.

Salvo excepciones, la industria cultural maneja productos con contenidos estándar y de poca calidad. No se trata de motivar a que la gente piense, reflexione y critique sobre lo que consume y lo conecte con la realidad de su vida cotidiana. Sino que se divierta, se entretenga y se fugue de esa misma realidad. Para Antonio Gramsci, esta evasión de la realidad se da a través de la novela de folletín (que sería el equivalente a las telenovelas actuales): se aspira a la aventura “bella” que depende de la propia iniciativa, contra la realidad “fea” que depende de condiciones no deseadas e impuestas por otros.

Entonces la industria cultural es la repetición de lo mismo. Es la reproducción mecánica de la cultura y ofrece a las masas una forma de evadirse a través de productos culturales estándar que contribuyen a la reproducción del status quo. De nuevo el caso de Televisa es muy ilustrativo con productos estándar como María la del barrio, Rosa salvaje, María Mercedes, etc.

Para J. B. Thompson, la recepción de los productos mediáticos son una rutina, una actividad práctica que los individuos realizan como una parte integral de su vida cotidiana. El problema es que los productos mediáticos que tienen mayor presencia e impacto en la televisión mexicana, son las telenovelas, los reality show y los programas de chismes. Este tipo de programación es la que domina sobre el grueso de la población, que la interioriza, la hace suya y se le vuelve rutina, sobre todo de manera inconsciente, lo que Pierre Bourdieu llama el habitus. De esta manera, es muy complicado que puedan moverse las preferencias de la gente hacia contenidos de mayor calidad en la programación que consumen. Parafraseando a la Escuela de Frankfurt: la masa reclama la ideología que la esclaviza.

*Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora. Correo electrónico: osanchez@posgrado.colson.edu.mx