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Bosnia, el Mundial y la Primera Guerra

Cristian Uriel Solís Rodríguez

Parece coincidencia que después de cien años del asesinato del archiduque austriaco Francisco Fernando en Sarajevo, Bosnia-Herzegovina se haya presentado en su primera Copa del mundo ya como nación independiente. El hecho de que el centenario de la Primera Guerra Mundial encaje con la presencia de esta joven nación en el evento futbolístico más importante, ha suscitado grandes debates, principalmente en el país balcánico.

Las opiniones en Bosnia están divididas: para una parte este suceso llena de vergüenza, ya que se les adjudica la principal causa del primer conflicto global cuyas dimensiones eran impensables desde el fin de las guerras napoleónicas. Por otro lado, para algunos nacionalistas este asesinato propició el largo camino de la joven Bosnia hacia su independencia y unificación eslava. Para algunos otros, el atentado contra el archiduque austriaco no fue la causa de la Gran Guerra ni tampoco el inicio de la independencia, pues la guerra ya era inevitable y la verdadera independencia se prolongaría hasta la desintegración de Yugoslavia y la separación del paneslavismo.

Bosnia-Herzegovina aún tiene cicatrices que cerrar, pero debe insistir en reforzar lo que le ha dado su verdadero perfil, que es la tolerancia y su nacionalismo diverso, pues desde hace siglos en su capital (Sarajevo) conviven musulmanes, católicos, ortodoxos y judíos. El papel que desempeñó la selección de Bosnia fue de lo más digno para ser su primera participación en Copas del mundo y fue muy afortunado para todos que no se encontrara con Croacia en la fase de grupos. Bosnia y su capital, tan castigada por la historia, es también un ejemplo de cómo vivir y restaurarse ante las adversidades. No tengo duda de que en los próximos años Sarajevo recupere con fuerza su digno lugar y nombre de ser “La Jerusalén de Europa”.

El Mundial nos trajo más coincidencias, pues Alemania y Francia se enfrentan en cuartos de final, estas dos fuerzas protagonistas durante la Primera Guerra Mundial ahora sostuvieron su primer encuentro futbolístico en un Mundial de manera completa, y me refiero a que en los anteriores tres encuentros mundialistas entre estos equipos, los germanos se presentaron como la Alemania Occidental, y ahora será la Alemania unificada la que salga a jugar a la cancha. De sus rivalidades y odios, hay más recuerdo que presente, pues ahora ambos apoyan a la Unión Europea y han aprendido a cooperar y crecer juntos.

Finalmente, es importante mencionar que el paneslavismo —que alguna vez detonó la Gran Guerra— aún representa una amenaza en su versión más radical y pro rusa, la cual rechaza y repugna todo aquello que es occidental. Es así como esta amenaza está desmoronando Ucrania y dividiendo nuevamente a Europa, cobrando ya centenares de vidas. Cuando Gavrilo Princip asesinó al archiduque austriaco, lo hizo en nombre de la unidad e independencia eslavas cuyo centro sería Serbia, y obviamente esto fue apoyado por Moscú. Algo similar está sucediendo actualmente, ya que los separatistas en Ucrania expresan su identidad paneslavista e intolerante frente a la Unión Europea, como lo que alguna vez fue el imperio astrohúngaro, y reciben evidentemente el apoyo bélico de Moscú. Los separatistas han logrado derribar naves y resistir al ejército ucraniano, cuyo arsenal no es cualquier cosa.

El paneslavismo sigue vivo, hace cien años fue la gota que desató la Primera Guerra Mundial y hoy es la principal fuerza ideológica que divide a Europa. Su postura radical, aunada a los intereses de Vladimir Putin, lo convierten en una amenaza ideológica que puede ir contagiando a las regiones de la Europa oriental. Hace un siglo le tocó a Bosnia-Herzegovina, esperemos que no sea el turno de Ucrania.