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FOTO DE LA SEMANA: “Madera”

La imagen fue capturada por Fabiola Ruiz.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Pasivos ambientales

Álvaro Bracamonte*

La contaminación del río Sonora es la punta del iceberg de la degradación ambiental que sufre el territorio sonorense. Una foto satelital exhibe brutalmente esa problemática: Mientras la superficie del estado de Arizona luce verde y luminosa, la de Sonora aparece en tonalidades opacas y desoladas. ¿A qué se debe la diferencia tan brusca y preocupante? La respuesta no está en el aire sino en la manera irresponsable en que convivimos con la naturaleza. La mina de Cananea tiene tiempo contaminando, sólo que ahora a los negligentes propietarios se les fue la mano y afectaron a más de 22 mil habitantes de esa región del estado. Según cuentan los conocedores, ya se habían registrado episodios parecidos. De hecho, es sabido que los químicos usados son altamente tóxicos y se sospecha que poco a poco se trasminan al agua que beben los cananenses.

La explotación a tajo abierto altera el paisaje ya que se remueve la cobertura vegetal en grandes extensiones de tierra, lo cual acelera la erosión y provoca contaminación como sucede ahora en los ríos infectados con desechos. En efecto, enormes trascabos y camiones de volteo horadan las entrañas de la tierra dejando al final sólo polvo y piedras y nada, absolutamente nada, de fauna terrestre y vegetación. Los capitales mineros sacian su afán de lucro sin detenerse en los daños ecológicos.

Les importan un comino los recursos naturales; lo que los mueve es la ganancia y si ésta llega rápido, mucho que mejor. El boom extractivo de Sonora está dejando severos pasivos ambientales y pareciera que no hay forma de poner un alto a ese desenfreno. Otro ejemplo negativo es la mina de oro y plata La Herradura, ubicada en las inmediaciones de Caborca.

La cada vez más escasa agua disponible en esa zona desértica es literalmente saqueada por la compañía minera dado que para beneficiar el metal extraído se requieren cuantiosos volúmenes del líquido. Esto, además de mermar los de por sí exiguos mantos freáticos asignados a la agricultura, los contamina con la consecuencia de que el cianuro usado se filtra al subsuelo envenenando el agua para riego agrícola y la de consumo humano. Si las autoridades estadounidenses se percataran de esta anomalía bloquearían la exportación de espárragos y uva de mesa que se sabe constituyen la columna vertebral de la economía regional.

Pese a las repetidas denuncias que han hecho los productores caborquenses, la mina sigue operando y, por tanto, contaminando. Es lo mismo que ocurre en el río Sonora con la ahora tristemente célebre Buenavista del Cobre. Pero la minería no es la única actividad contaminadora. La ganadería y las explotaciones forestales también cargan una fama que no las dejaría atrás respecto de la actividad minera. En cuanto a la primera, las frecuentes sequías acentúan la práctica del sobrepastoreo que daña irreversiblemente los pastizales; la tala indiscriminada de mezquites y palo fierro para leña y carbón está poniendo en peligro de extinción a estas plantas que, dicho sea de paso, se cuentan entre las más longevas del desierto sonorense; la erosión es un serio problema nacional y Sonora es uno de los estados más afectados.

La pesca muestra también señales inequívocas de estar lastimando los recursos naturales; la sobreproducción registrada en varias pesquerías ha disminuido peligrosamente la existencia de diversas especies, a tal punto que algunas están clasificadas en peligro de desaparición, como son la caguama, la totoaba y últimamente la vaquita marina. En otras especies, el desmesurado incremento de barcos y pangas ha derrumbado la rentabilidad en la actividad y mermado notoriamente el recurso; en la pesca del camarón, por ejemplo, cada temporada se reduce el volumen de captura poniendo en entredicho la sustentabilidad ambiental y económica.

Por otra parte, las obras de infraestructura que el gobierno ha construido no son propiamente homenajes a la ecología. En el encementado del vado del río Sonora en Hermosillo y en la promoción que recibe la industria turística por parte de las autoridades, es notorio el desaire a la naturaleza; lo es también la construcción de múltiples puentes y distribuidores viales que pueblan las ciudades, el acueducto Independencia o la presa Bicentenario; la mayoría son ejemplos del triunfo de la agenda desarrollista sobre la ecologista.

En esta lógica, la acumulación de rezagos ambientales crece sin que se aprecien signos de pronta rectificación, a menos que en el futuro elijamos gobiernos con compromisos claros con la conservación. Precisamente el medio ambiente saludable apenas tiene un par de décadas con estatus de política de Estado al crearse en 1994 la Semarnat; es hora de que la estrategia conservacionista se refuerce a fin de compensar a la mayor brevedad los pasivos ambientales que registra la entidad. Ojalá no sea demasiado tarde.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.