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La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El derrame y sus regadas

Leopoldo Santos Ramírez*

Con el desplegado a toda plana el 1 de septiembre en varios diarios de alcance nacional, dirigido al presidente Enrique Peña Nieto, el Grupo México intenta esconder su imagen autoritaria y justificar las pobres y erráticas acciones que ha emprendido para “remediar” el ecocidio con el que hundió a los pueblos y municipios del río Sonora.

Se trata de disfrazarse con la piel del cordero, pero no engaña a nadie, a pesar de que ilusamente al desastre lo llama “accidente” y casi implora al presidente “que no se le dé un trato discriminatorio a la empresa frente a otros eventos similares”. Hasta ahora Grupo México ha manejado la situación mediática tratando de sembrar la idea entre la opinión pública de que la desgracia obedeció a un hecho fortuito. Primero quiso argumentar que no pudo prever el desastre por lo atípico de las lluvias y luego, después de que las autoridades le demostraron que ni el 6 de agosto ni días antes hubo lluvias en la zona, ha querido argumentar que todo se debió a la ruptura de una válvula mal instalada. Sin embargo, en la medida que se van conociendo los hechos reales la situación del consorcio se vuelve indefendible. Hay cuando menos dos errores que cometió la minera México, que explican la tragedia.

El primero se refiere a que la pileta construida cercana al río Bacanuchi no estaba terminada y aún así comenzó a operar, lo cual propiciaba la eventualidad de un derrame. Pero algo más grave consiste en que la ley establece que para operar una pileta siempre debe de contarse con otra de emergencia  —los trabajadores mineros y los operadores técnicos simplemente les llaman represos—. Este segundo represo funge como un contenedor de los derrames, de tal suerte que no salgan de la zona de los jales, pero en este caso no se había construido. Tanto el primer represo como el segundo se deben construir conforme a las especificaciones de la norma oficial mexicana NOM-159-SEMARNAT-2011, que establece los requisitos de protección ambiental de los sistemas de lixiviación de cobre.

Uno de esos requisitos consiste en que el depósito se impermeabilice, de tal manera que no fluyan hacia abajo los ácidos oxidantes y los metales. Pero aún está en duda si el consorcio de Jorge Feliciano Larrea contaba con permiso de las autoridades ambientales para construir el represo del Bacanuchi, a pesar de que ellos mismos tuvieron intervención en la redacción de la norma oficial.

De esta manera, parece que nos encontramos ante la configuración de un delito ambiental en el que hay premeditación y alevosía, cuando menos. Sin embargo, con ser muy visible, la tragedia de la región de los pueblos del río no es la única, como quiere hacerlo ver el programa emprendido por el gobernador sonorense “Salvemos al río”, concentrando todas las acciones en los pueblos, pues como todo sonorense sabe, el río Sonora atraviesa la ciudad de Hermosillo en su recorrido hacia la costa para desembocar en el mar. Así que la mayor parte de los metales y ácidos arrastrados por la corriente vinieron a depositarse en la presa El Molinito, que surte de agua a una parte de la zona norte de la ciudad.

Aunque las lluvias han sido pródigas en esta temporada —actualmente la presa tiene un estimado de 18 millones de metros cúbicos de agua—, aparentemente no nos servirán porque sin duda están contaminados, y el problema mayor es que se estén filtrando hacia los mantos subterráneos y a los pozos cercanos con los que se surte el norte de la ciudad. Sobre este punto hay hermetismo de parte de las autoridades y, de haberse hecho, no se están mostrando los resultados de los estudios sobre la presa.

El derrame fulminó la economía y el tejido social de la zona del río. Es previsible que en los próximos meses, una vez que acabe el programa de empleo temporal del Gobierno del Estado de Sonora, el desempleo repuntará con más fuerza. La migración de los pobladores del río se sentirá no solamente sobre Hermosillo sino que la gente buscará la manera de emigrar hacia Estados Unidos. En las semanas que corrieron en el mes de agosto, se debatió sobre la posibilidad de la cancelación o no de la concesión al grupo México, mucho se arguyó sobre la necesidad del empleo, pero, en realidad, la minera México ha sido una de las grandes desempleadoras en la entidad.

Primero, al echar a la calle a 1 800 trabajadores de la Sección 65 del Sindicato Nacional Minero en Cananea, y ahora desempleando a más de 20 mil habitantes de los pueblos del río Sonora. De haber cancelación de la licencia o concesión, por supuesto que primero habría que asegurar a los trabajadores sus derechos y su salario. Pero igualmente importante sería el mensaje que se enviaría a la próxima compañía que viniera por el cobre en Cananea, de que no habrá impunidad para los descuidos criminales. Pero también sería un mensaje para las 45 minas (aproximadamente) que operan actualmente en el estado  y en las que tampoco hay supervisión efectiva por parte de las autoridades del medio ambiente.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.