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FOTO DE LA SEMANA: “Chicago parte 1″

La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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IX Semana de Historia Económica: entrevista al Dr. Jesús Reyes Méndez

El doctor Jesús Reyes Méndez es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California, investigador del Sistema Nacional de Investigadores y director de la revista Meyibó de laUABC y director alterno de Investigaciones Históricas. Estuvo presente como invitado en la IX Semana de Historia Económica de la Universidad de Sonora y concedió la entrevista a personal del Departamento de Difusión de El Colegio de Sonora que aquí publicamos.

¿Qué nos puede comentar sobre su participación en este evento?

Me invitaron a participar e la Novena Semana de Historia Económica que organizan la Universidad de Sonora, El Colegio de Sonora, la Asociación Mexicana de Historia, la Asociación de Historia del Norte de México. En esta ocasión la Semana aborda las políticas agrarias, la agricultura en el noroeste de México y en la región en la que me desenvuelvo. Presenté una ponencia referente a la agricultura.

Hay ahí  en el Valle de Guadalupe una cantidad generosa de vinos y de empresas que se dedican en general a la vitivinicultura, es decir, a sembrar la uva, cosecharla y también a procesarla. Tenemos allí una parte de Tecate que se conoce como la zona del vino mexicano o la tierra del vino mexicano. Lo que presenté es un avance de investigación de un proyecto de la UABC que se titula “Vinos y empresas, el desarrollo de la vitivinicultura en Baja California entre 1940 y 1960”, la razón de este periodo es porque hay pocos datos y pocos estudios que muestren qué ocurrió con la vitivinicultura en la región durante estas dos décadas. Hay muy poca información hacia atrás y hacia adelante, y  los estudios contemporáneos indican que México se ha colocado como unos de los países emergentes que producen, consumen y exportan vino de manera importante.

¿Cuál es la importancia de esta actividad en la región?

El sector vinícola se une al turismo en la región de Baja California. Lo que hemos tratado de hacer ahí es privilegiar la gastronomía y la enografía en los viajes de playa y mar; también en los de aventura —porque tenemos montañas—, y aprovechar el turismo internacional, como es el de California, que nos queda a la mano, y el turismo nacional, de tal suerte que nos permita ofrecer al visitante un abanico de posibilidades para estar muy a gusto.

El estudio pertenece al área de historia, trabajamos en el proyecto tres académicos: la doctora Diana Méndez Medina, el doctor José Alfredo, un servidor, tres becarios de la licenciatura y un tesista de posgrado. Buscamos documentación, planteamos hipótesis, comparamos opciones para poder hablar un poco de vitivinicultura, de las empresas, del cultivo de la vid y de cómo se va integrando al desarrollo de Baja California.

Tenemos como insumos nuestro trabajo en los archivos documentales, las entrevistas (cuando se da posibilidad de hacerlo con los autores inmediatos), la biografía de gente que ha trabajado estos temas. Es un trabajo que tiene qué ver sobre todo con la historia económica, que puedes ubicar en la larga contemporaneidad de la balanza comercial.

Por ejemplo, cuánto se importa, cuánto exportamos, cuánto vendemos en toneladas, en dólares, y frente a esto, ver primero qué lugar ocupa Baja California en producción de vino nacional, y después México en el porcentaje de las naciones productoras de vino. Es sabido que Francia es el principal productor de vino en el mundo, junto con Italia y España. Luego se suman regiones como Australia, Sudáfrica y, claro, por supuesto, Argentina, Chile y México que también muestran avances significativos.

Esto empieza desde la etapa misional, cuando llegan jesuitas y franciscanos que siembran cepas que vienen de Europa, toman la uva que hay aquí, la cimarrona, de nuestras regiones, y poco a poco van transformando el consumo de la uva al vino. En esto son significativas las ceremonias religiosas. Si recuerdas, en el rito católico, durante la eucaristía, se consagran el pan y el vino. Esto posibilitó que los misioneros, los religiosos, permitieran la cosecha y la manufactura de vino: primero para las ceremonias religiosas (y por supuesto para la migración europea) y después para el consumo cotidiano. Esta práctica sigue después hacia regiones como San Diego, en el Valle de Napa, en California y, por supuesto, hacia Ensenada, donde hay una franja de terreno que se caracteriza por un clima mediterráneo con inviernos fríos y veranos muy calurosos, lo que permite la siembra de la uva.

¿Cómo podría este estudio adaptarse o ayudar a la producción de vinos o a la vitivinicultura de la época actual?

Bueno, México en este momento, como te mencionaba, es uno de los exportadores y productores de vino a nivel mundial cuyos productos llegan, a través de compañías importantes en el país, a las mesas europeas, cubren la demanda estadounidense y llegan también al mercado local.

Si nos referimos  al consumo de litro per cápita, Francia, por ejemplo, rebasa los cien litros; Estados Unidos los treinta litros, y México apenas rebasa un litro per cápita anual, pero la demanda ha crecido de manera considerable gracias a la moda de la dieta mediterránea que sugiere que tomar dos copas de vino al día es benéfico para reducir el colesterol y los males del corazón. Incluso, leía una nota esta semana sobre que tomar vino reduce en 30 por ciento la posibilidad de cáncer de mama en las mujeres.

¿Ese estudio para cuándo se concluye?

Es un proyecto apoyado por mi universidad primeramente por dos años. Hace justo dos semestres que empezamos a comprobar algunas hipótesis y a desechar otras; hemos avanzado en cuanto al tema de las empresas y empresarios que se animaron a invertir en el arco bajacaliforniano y a transformar la uva en producción de vino aprovechando las ventajas comparativas de la región y la política de fomento agrícola de los gobiernos entre 1933 y 1954. De 1970 en adelante, digamos que ha sido una combinación exitosa entre empresas, empresarios, política agrícola, pozos, producción de vidrio en botellas para corcho, fabricación de etiquetas, publicidad. Esto va integrado, como mencionaba al inicio, con la aportación de Baja California en turismo, gastronomía, servicios. Recibimos, por ejemplo en Ensenada, el paso de muchos barcos grandes, trasatlánticos que hacen una parada ahí y cuyo turismo visita la región y consume los productos locales. Sobre todo en los últimos años, el valle de Guadalupe se ha caracterizado por la cantidad de vino artesanal que produce, no sólo el de las grandes casas comerciales. Estamos en primer lugar en producción y venta de vino. Y aun cuando también se cultiva uva en Aguascalientes,  Querétaro o Caborca y Hermosillo en Sonora, Baja california es la región más importante en México.

Mencionaba lo del vino artesanal: ¿el proceso para crearlo y venderlo es diferente en precio, es más caro o más barato?

En cuanto a la producción, la cantidad de hectáreas cultivadas, la cosecha, después la transformación… es diferente el costo, pero también requiere mayor cuidado. No es lo mismo estar preocupados por doscientas hectáreas para que no lleguen plagas, que tener un espacio más pequeño y utilizar fertilizantes naturales, orgánicos. Que la cosecha de uva sea de mayor calidad y brinde a las familias la posibilidad de tener vino de calidad sin necesidad de comercializarlo de manera masiva, porque eso supone también un pago de impuestos importantes como el IEPS (impuesto especial en producción y servicio), como el IVA, que afectan directamente a la venta de vino y sobre todo a estas casas artesanales. El vino artesanal ofrece al turista la posibilidad de participar, por ejemplo, en la maceración de la uva, la gente puede ir al viñedo y participar macerando, aplastando las uvas, y se le explica el proceso de cómo va pasando la uva para que sea vino blanco, vino rosado, vino tinto, a los toneles, la temperatura, el embotellamiento, digamos que esa es la gran diferencia frente al proceso industrial que tienen las vinícolas comerciales y más grandes en la región.

¿Entonces, sí es más caro?

Sí, porque no es lo mismo producir mil botellas de vino que producir cien o cincuenta, entonces sí, el costo es más alto, pero la calidad del producto es mejor.

¿A qué mercado va dirigido el vino artesanal?

Digamos que hay diferentes tipos de uva y diferentes tipos de calidad, entonces, resulta muy cara la botella de buen vino. Por ejemplo, para una familia conformada por papá, mamá y algunos amigos en una reunión, una botella está en doscientos ochenta, trescientos pesos. También está el hecho de que el vino artesanal va dirigido al mercado estadounidense californiano, a los visitantes locales que llegan a Baja California y quieren conocer desde el desierto, Mexicali, la Rumorosa, hasta la playa y tienen la posibilidad de visitar los viñedos. El vino de producción que va al mercado masivo, es para el público en general, se pueden encontrar botellas de precio más accesible para cualquier consumidor y compite en un momento determinado con una producción de Chile, España o Argentina.

¿Hay apertura o espacio para este tipo de productos no artesanales?

No, desafortunadamente cuando uno quiere entrar en las cadenas comerciales muy grandes, por ejemplo la estadounidense que tiene concentrado el mercado, no sólo te piden una gran cantidad de botellas de vino sino también que castigues el precio, y eso para una familia, para un negocio pequeño no conviene, resulta muy caro, tú puedes encontrar vinos artesanales en los hoteles boutique, en tiendas especializadas de vino, en las ferias, por ejemplo. En las fiestas de la vendimia que tenemos entre junio, julio y agosto de cada año, ahí vas a encontrar vinos de las diferentes casa comerciales y familiares que participan en la producción. Ahora hay una asociación civil pro vino que también se encarga de colocar este vino artesanal en los centros comerciales más pequeños de la región. Por ejemplo, en el noroeste están muy ubicadas las de origen sinaloense, sonorense, donde se ofrece a un costo adecuado. El gran consumidor está ante la posibilidad de tener una botella de buen vino artesanal y consumirlo.

¿Entonces, sí hay un crecimiento en la producción de vino artesanal?

Sí la hay, al igual que la cerveza artesanal que se vende y compite con las grandes cerveceras. Al ofrecer gran calidad del producto comienza a reducirse para realizar otros procesos. Digamos que ahí no está peleado con otros productos y con otros procesos, pero podemos disfrutar de una botella de vino de otras características.

¿El vino local está en el mercado internacional?

Digamos que las tres o cuatro vitivinicultoras locales sí están encaminadas a ofrecer productos al mercado internacional, a competir, por ejemplo, con las casas más importantes. En la región han ganado medallas de oro, medallas de plata en las ferias comerciales internacionales de vino, mientras en la producción para el gran mercado nacional también se coloca en casi todos los centros comerciales. Las puedes encontrar en las tiendas de conveniencia junto a botellas de vino más comerciales.

¿Se podría dar un giro en el mercado de vino artesanal y que se conviertan en competencia de las marca más conocidas?

Digamos que depende de las preferencias del consumidor y también del gusto y del precio, porque tú puedes conseguir un vino artesanal decoroso a un costo de doscientos veinte pesos, pero hay botellas de vino de España o de Argentina que están por debajo de ese precio. Es claro que el consumidor general se inclina hacia la más económica, mientras que un conocedor podrá escoger de precios más elevados. El objetivo es tener un buen producto. Como cualquier otro bien que te ofrece el mercado, vas a tener sustitutos perfectos o casi perfectos. Las preferencias del consumidor juegan un papel importante para elegir “a, b o c”, pero también importa el precio, en este caso, el vino artesanal es de costos más elevados, el precio es mucho más elevado.