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FOTO DE LA SEMANA: “A punto de iniciar”

La imagen fue capturada por Cristina Saldaña.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El desconcierto nacional

Alvaro Bracamonte S.*

La tragedia de Ayotzinapa se ha convertido en un tsunami que tiene pasmadas a las autoridades y apesadumbrados a los ciudadanos, partidos políticos y todo aquel que mantenga una pizca de sensibilidad social. Realmente llama la atención el escalamiento sin fin que registran la inconformidad, el descontento y la agitación ciudadana; se pensaba que la estridencia surgida por los hechos en el convulsionado estado de Guerrero pasaría pronto como ha sucedido tras otros acontecimientos igualmente lamentables.

El asesinato de decenas de migrantes en un rancho de San Fernando, Tamaulipas, la matanza de adolescentes en Villas de Salvárcar en Ciudad Juárez, la masacre del Casino Royale en Monterrey, también estremecieron a la sociedad hasta sus fibras más íntimas. Pero no tuvieron tantas consecuencias como las que está provocando Ayotzinapa.

En éste todos están perdiendo: ya ha renunciado Ángel Aguirre Rivero, gobernador de esa entidad; el edil de Iguala está en la cárcel, y el PRD, partido en el que ambos militan, está sumido en una profunda crisis moral y ética. Pero no son los únicos perdedores. El Gobierno federal, particularmente el presidente Enrique Peña Nieto, observa impotente el desmoronamiento de su imagen internacional que ha descendido de manera abrupta en el ranking de los personajes más poderosos del mundo.

Más grave aún es que no atina a administrar una coyuntura delicada. Al respecto, vale decir que cualquier salida dejará una mancha perdurable en la gestión del priista mexiquense a quien hasta hace unos meses la prensa global catalogaba como el estadista que modernizó el Estado mexicano a través de un conjunto de reformas que dibujaban un horizonte promisorio; sólo los opositores le regateaban tales aciertos y vislumbraban oscuridad al final del túnel.

Ayotzinapa arrolló con la visión optimista y abrió el zoom para que apareciera el México agraviado por tanta corrupción, el México cansado de tanta injusticia e impunidad. Este es el México que está hoy movilizándose y que amenaza con trascender la protesta callejera y situarse en el umbral de la violencia física y material, como lo sugieren la vandalización de la puerta central del mismísimo Palacio Nacional o los incendios consumados en edificios oficiales de la capital guerrerense.

Es previsible y preocupante que estas acciones sigan creciendo, según se entrevé en todo tipo de noticias desde las que reportan los diarios tradicionales hasta las que se difunden y se vuelven virales a través de las redes sociales. Este ambiente de inestabilidad afecta otras esferas de la vida pública. Evidentemente la turbulencia social influirá de manera negativa en el desempeño de la economía mexicana; si de por sí los principales indicadores no evolucionaban bien, el clima de crispación dificultará la urgente y necesaria reactivación productiva.

Las inversiones que se preveía llegarían en montos importantes tras la apertura energética tendrán que esperar, pues nadie en su sano juicio se arriesgaría a invertir en un entorno de inseguridad como el actual. La industria petrolera también se verá afectada por la disminución de los precios internacionales: en tan sólo unos meses el precio del barril de la mezcla nacional cayó casi 30 dólares, lo que resta atractivo a la exploración y explotación en aguas profundas. La crisis guerrerense, convertida en tormenta nacional, ha quitado reflectores a otros asuntos que antes concentraban la atención de los medios de comunicación. En el caso de Sonora, uno de ellos es la larga querella registrada con motivo de la construcción y operación del acueducto Independencia; el otro, la emergencia ambiental y económica derivada de la contaminación causada por la mina Buenavista de Cananea.

Frente a la desazón nacional pocos se acuerdan del río Sonora y más pocos aún reparan en la guerra del agua entre los sonorenses del sur y del norte. Poco parecen importar también las críticas que los priistas le enderezan al gobernador panista, e incluso, en esta dolorosa coyuntura nacional, disminuye el interés en los partidos políticos locales que se aprestan a elegir a sus abanderados para la disputa por el gobierno de Sonora.

El país está en duelo y en una encrucijada inédita que deja los problemas regionales en calidad de ambientación sin sustancia. El centro de gravedad está en otra parte; el país está ensimismado en otros asuntos y frente a ello toda la gama de la clase política, desde la priista hasta la blanquiazul, pasando por las izquierdas, vive una crisis de credibilidad histórica. Se trata de circunstancias insólitas en la que todo puede pasar, incluso sorpresas en el proceso electoral del 2015.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.