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FOTO DE LA SEMANA: “Municipal de Magdalena”

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

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Hasta hacer justicia

Zulema Trejo Contreras*

En el Diccionario de la lengua castellana hay doce acepciones para la palabra justicia, la cuarta y la quinta dicen que la justicia es: “Aquello que debe hacerse según derecho o razón” y “Pena o castigo público.” En otros significados se maneja que justicia es darle a cada quien lo que merece. Las autoridades mexicanas parece que olvidaron el significado de esta palabra, o quizá simplemente la convirtieron en un término vacío de significado, un vocablo que forma parte de un discurso que a paso veloz pierde la poca legitimidad que en algún momento tal vez tuvo.

El viernes pasado, en mi opinión, la palabra justicia entró en la etapa final de la larga agonía que sufre en nuestro país desde hace décadas, quizá siglos, podrían decir algunos. Cuando el procurador general de la nación primero, y después el presidente notificaron que los cuarenta y tres normalistas de Ayotzinapan están muertos, el discurso repetido infinidad de veces, las frases de “se hará justicia”, “no descansaremos hasta que se haga justicia”, “llegaremos hasta las últimas consecuencias” terminaron por darle el tiro de gracia a la credibilidad del gobierno mexicano; una credibilidad que ha estado en entredicho desde el momento mismo en que el resultado de las elecciones se dio a conocer. Una credibilidad que por todas partes se agrieta con la poca transparencia de licitaciones y adquisiciones de inmuebles, con un Ejecutivo que viaja al extranjero cuando la tensión social en México está en escalada.

¿Será que en la percepción de las autoridades la sociedad mexicana se dio por satisfecha con la admisión de una masacre que ya presentía?, ¿será que piensan que con las lágrimas de los padres y familiares de los estudiantes asesinados se lavarán sus culpas, las huellas de su ineficacia?, ¿creerán que los reclamos de justicia se acallarán con voces que hablan “de una inmensa tristeza” mientras al rostro y la tonalidad de la voz asoman, indiscretas, indiferencia e insensibilidad? Una pregunta más: ¿qué credibilidad puede tener un presidente que dijo “comparto absolutamente estos sentimientos (de dolor suponemos), he escuchado personalmente el dolor y angustia de los padres de familia”, y que prácticamente sale del país después de haber pronunciado estas palabras? En mi opinión, poca, por no decir que ninguna.

Una vez admitidos los hechos, expuestos los culpables materiales del asesinato; prisioneros –supuestamente– los autores intelectuales del crimen, ¿se dará por zanjada la cuestión? ¿Ese es el significado que las autoridades mexicanas le dan a la frase “hacer justicia”? Porque si es así, la tensión e indignación social tienen para largo. La sociedad no quiere que se haga justicia, porque la justicia no se hace, se aplica. La sociedad quiere que se castigue a quien lo merece, quiere que las autoridades, desde el presidente hasta el alcalde de Ayotzinapan y los asesinos confesos asuman su responsabilidad y hagan frente a las consecuencias de sus actos. Los jóvenes protestan y exigen, la sociedad entera reclama, exige. Los mexicanos no se han cruzado de brazos aunque sus autoridades, parece, viven en un Versalles imaginado, ante cuyas paredes se estrellan los reclamos.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora