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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Texto de participación en el XXVII Simposio de Historia, 2014

Mónica Luna Sayós*

Cuando fui invitada por Inés Martínez de Castro de El Colegio de Sonora a participar en la presentación de este libro, no caí en cuenta, al momento de aceptar, que mis conocimientos sobre el tema: el spaghetti western, se remitían a vagos recuerdos de los primeros planos del rostro de Clint Eastwood, sucio, demacrado, cansado, al silbido inconfundible resonando en la llanura yerma, en esos paisajes desérticos que hasta después conocí de primera mano, a la música de Ennio Morricone y a la referencia siempre presente de la revolución mexicana retratada a través de sombrerudos armados de rifles con el torso cruzado por cananas, hombres y mujeres polvorientos, pobres, cercados por mercenarios, hacendados insaciables, traidores, todos atraídos por un puñado de dólares.

El western no es un género de mi preferencia, confieso, por lo que el spaghetti western lo es menos (hasta hoy) es decir, lo era menos, corrijo, dado que entonces, influenciada por la crítica cinematográfica, menosprecié en general las películas italianas con esta temática que se dijo “planteaban una imagen denigrante en la visión plasmada en ellas sobre Latinoamérica y su gente”, en concreto el norte de México, y en el entendido que su aportación al cine de arte estaba lejos de ser importante. No tenía entonces referencias visuales de la revolución mexicana, ni históricas sobre las que pudiera basar mi juicio lapidario.

Para mí en aquellos años y hasta que este libro cae en mis manos, el cine que había que ver en los años 70 y cuando la censura oficial lo permitía…
—mi juventud transcurrió en una Argentina inmersa en una dictadura militar feroz que traía consigo los tiempos más oscuros y cruentos de la historia de mi país natal—, era ese cine imperdible, que estaba en boca de todos, era el de Fellini, Passolini, Bertolucci, Visconti, por citar algunos de los cineastas italianos de mi admiración, junto con el de las corrientes de vanguardia como la nouvelle vague o el nuevo cine alemán, en fin un cine de contenidos y estéticas valorados ampliamente por la crítica y por todo cinéfilo que presumiera de ser instruido.

Por tanto, el cine de balaceras interminables y crímenes sangrientos, de bandidos irredentos, que “imaginaba” eran propuestos por el western italiano, no eran de mi predilección, y no solo eso, sino que fue considerado por mi creciente fervor cinematográfico como un cine de segunda, menor y despreciable. Lo siguió siendo por mucho tiempo, puedo decir que hasta hace muy poco, cuando comencé la lectura de la compilación que hoy presentamos, fue que se abrió para mi una fuente de vasta información y de reflexiones profundas que no solo me obligan a revisar y ponderar esa gran producción del oeste revisitado y doblemente ficcionado, películas sumidas en la oscuridad, invisibles, ignoradas y ausentes en reseñas y en sesudos análisis y estudios sobre la historia del cine mundial. Hoy siento urgencia en apreciar este cine a la luz de la nueva visión aportada por esta lectura.

Además del famoso y controversial Sergio Leone, director, entre otros exitosos films, de El bueno, el malo y el feo, los directores, los guionistas y sus películas, que se analizan profusamente en esta obra, tienen ahora para mí un valor nuevo que me permite entender los mecanismos de los creadores del postneorrealismo en Italia, que emprendieron nuevos caminos después del fuerte y demoledor testimonio del cine de Rossellini, de De Sica y Visconti, nacido en una Italia tratando de recomponerse después de la guerra.

El movimiento neorrealista dinamizó el cine italiano y le dio grandes éxitos de público a escala mundial, dejando el terreno libre para los futuros espaguetis, encontrando ya un público familiarizado con el sentir y la cultura del pueblo italiano. El pesimismo neorrealista y su estilo cercano al documental impregnó —ahora entiendo— a los Zapatas (como se llama a los western italianos más politizados, y Tortilla westerns europeos) llevándolos hacia caminos distintos que los emprendidos por el western clásico, es decir el western de norteamérica.

El spaghetti western es una reinterpretación del western clásico, con una visión digamos, postmoderna. “Si el western clásico nació de un mito, el spaghetti western nace del mito del mito”, leemos en la colaboración de Christofer Frayling citando a Alberto Moravia.

Hay que admitir que una gran dificultad en la comprensión puntual de lo que se reflexiona y propone en esta obra es el acceso a las películas citadas a lo largo de los textos que la integran. De los más de cientos de espaguetis western producidos entre los años 60 y 70 del siglo XX, menos de 120 películas tuvieron corrida comercial en nuestros países de forma tardía. Si a ello sumamos el desprestigio que se les adosó, su valoración es difícil aún hoy en día.

Hemos asociado (injustamente, ahora lo sé) al espagueti western a propuestas banales, divertimentos meramente comerciales, anacrónicos, sin sustento, sin embargo, el diálogo que algunos de sus guionistas y directores plantearon con el público fue, en su momento, una propuesta a debatir temas de interés con sus contemporáneos, acercándolos a los asuntos en boga entre los pensadores de izquierda italiana y su admiración por los movimientos libertarios del emergente tercer mundo, donde existía la posibilidad de una revolución real, contraria a la revolución fallida en Italia. “Sobre Italia, dice Sergio Leone en una entrevista con Frayling, nosotros también escuchamos muchas promesas y tuvimos muchos sueños (refiriéndose a la desilusión de su generación con la revolución italiana) y lo único que nos queda es el abatimiento. Y agrega: “Quien dice revolución también dice confusión…”

Los condenados de la tierra, del filósofo Frantz Fanon, las lecturas de las obras del también filósofo Herbert Marcuse, entre otras, cambiaron las miradas sobre la revolución en Europa, remitiéndolas a lo que estaba ocurriendo en otros países, en especial latinoamericanos, asiáticos y africanos, los países del subdesarrollo.
Es importante notar que algunos de los jóvenes guionistas y directores de la segunda etapa del espagueti western habían vivido la resistencia a la ocupación nazi en Italia durante la guerra. Su visión no estaba despegada de la lucha y la acción, visión que canalizaron hábilmente en su cine.

Ante esta politización del espagueti western los críticos reaccionaron negando dicha postura revolucionaria ya que, por un lado, afirmaba la revolución y, por otro, estaba ahí sólo por diversión.

En su texto, Christoffer Frayling dice que “de los cientos (más de 600 dice Raffaele Moro) de western italianos hechos entre los años 60 y 70, solo 12 fueron explícitamente políticos y estuvieron directamente ambientados en la revolución mexicana”.

¿Quién sabe? Rezza dei Conti, Corre, hombre, corre, Tepepa, y otros zapata/tortilla western son algunas de las películas que espero poder ver íntegras para por fin darles el lugar que no les di en su momento: el de los productos cinematográficos valiosos y complejos, representativos de una época de gran vitalidad revolucionaria, que iluminan el conocimiento si se sabe interpretarlas.

El libro que comentamos hoy aporta una visión indispensable para los amantes del cine y en especial para aquellos expertos en el tema de la revolución mexicana y las diversas expresiones literarias y artísticas en general que la retratan y reinterpretan. Nos permite entender las apropiaciones y valorar sus alcances en nuestros días.
Revolución mexicana en el cine, un acercamiento a partir de la mirada italoeuropea, coordinado por Bernd Hausberger y Raffaele Moro, es un libro en el que, como sus autores anuncian en la introducción, se busca superar el prejuicio de “la denigración de la imagen mexicana” mediante el análisis que brindan los nueve textos que lo integran sobre la creación del imaginario mexicano en el cine nacional y extranjero, que se debe en mucho a su revolución, y que antes que ser valorado en términos de lo positivo o negativo debe serlo en términos de la importancia en la escala internacional de los imaginarios nacionales.

Capítulo 1

E Adesso ío?
Marco Giusti

Cap. 2
Antecedentes del estereotipo revolucionario y su presencia en los inicios del cine de ficción mexicano
Cap 3.
La nostalgia por el oeste, reconsideraciones del cine italoeuropeo al cine norteamericano sobre la revolución mexicana.
Adela Pineda Fanco

Cap 4
CINE POPULAR, POLÍTICA Y EL GÉNERO WESTERN: EL CASO DE LAS REVOLUCIÓN MEXICANA
Christopher Frayling

Cap 5. La aventura de la revolución y el “largo 68” italiano
Raffaele Moro.

Cap 6. ¿A matar o a luchar, compañeros? Visiones ibéricas del zapata western.
Rafael de España

Cap. 7 La revolución mexicana solo sirve de pretexto. Trascendencias divergentes de una mitología cinematográfica.
Bernd Hausberger

Cap. 8. Una tenaz disputa por el botín cinematográfico. Las películas del oeste en el mercado fílmico mexicano de las décadas de 1960 y 1970.
Eduardo de la Vega Alfaro.

Cap.9 La prohibición de la alteridad. Una interpretación de las censuras de los western revolucionarios en México.
Montserrat Algarabel