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Panorama de la edición universitaria argentina: Carla Slek

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE GUADALAJARA 2014 VI FORO INTERNACIONAL DE EDICIÓN UNIVERSITARIA Y ACADÉMICA

Panorama de la edición universitaria argentina
Carla Slek
Red de Editoriales de Universidades Privadas (REUP)

Buenas tardes. Un agradecimiento especial a los organizadores de este foro por la invitación a participar, gracias Sayri por invitarnos, y por reunirnos una vez más a pensar entre todos. Estoy representando a la Red de Editoriales de las Universidades Privadas de Argentina. Desde allí, comparto con ustedes estos “apuntes”.

Un análisis respecto del panorama de la edición universitaria argentina actual exige, a nuestro juicio, entre otras cosas, centrar la reflexión en las condiciones de profesionalización de la producción editorial universitaria y académica. Nuestra red nace en el año 2010, en el marco del Consejo de Rectores de Universidades Privadas, y alberga tanto a editoriales que tienen años de trayectoria como a proyectos editoriales incipientes. Actualmente, 26 editoriales participan de la red. El 42 por ciento de las universidades privadas de Argentina tiene una representación en nuestra red mediante su editorial. Observamos un crecimiento del sector tanto en cantidad de editoriales (nuevos proyectos editoriales están en pleno desarrollo, prueba de ello es la incorporación paulatina que se da casi como una constante en nuestra red, de nuevas editoriales universitarias) como en volumen de títulos editados anualmente.

Este crecimiento demanda el desarrollo de estrategias tendientes a la profesionalización de las prácticas implicadas en todo el proceso de edición, de difusión y de comercialización de las producciones. Estamos pensando tanto en libros como en publicaciones periódicas. Así y en primer lugar, nos permitimos abrir la discusión respecto de una cuestión bastante sensible, según nuestro criterio, asumiendo la polémica que esta pueda suscitar. Y es un hecho que observamos y que se centra en la necesidad casi imperiosa de los académicos de “publicar” como garantía de su permanencia en las casas de altos estudios, esto que en Argentina se denomina “carrera docente”. Desconozco si es un fenómeno regional.

Noé Jitrik, crítico y escritor argentino, quien dirige esa obra monumental que son los 12 volúmenes de la Historia crítica de la literatura argentina, en una entrevista que le realiza una revista cultural, en relación a los modos en que se da actualmente la crítica académica en nuestro país, dice que esta [cito palabras textuales] “no aparece como relato, como nueva textualidad sino como apéndice. La crítica académica, dice Jitrik, está siguiendo las huellas de la crítica estadounidense. La mayor parte de los académicos estadounidenses publica papers para que no los echen del empleo, pero no porque quieran pensar”. Nos vemos seducidos por la contundencia de esta afirmación, y nos valemos de ella para proponer que este fenómeno se está observando en la producción intelectual, no de todos, pero sí como una práctica común y generalizada de una buena mayoría de académicos.

En más de una oportunidad, en mi tarea como editora enfrento la sensación de que al autor, no a todos, no quiero hacer generalizaciones, le da lo mismo si le edito su texto tallándoselo en una piedra, si lo hago circular como un pdf, si se lo convierto a ebook… con tal que tenga ISBN. Lo importante, eso que viene a buscar, que funciona como una suerte de código que le permite avanzar en la carrera, descansa en las 13 cifras del ISBN. Y me pregunto si no funcionamos, a veces, las editoriales, como apéndices de una legalidad que califica la carrera docente. Entonces, el desafío es doble porque supone, instalada la mirada en las condiciones de profesionalización, un proceso de producción y revisión constante de la política editorial. Un ejemplo lo constituye la historia de vida de los catálogos editoriales que deben dialogar con los procesos de producción académica de las universidades, pero sin perder por ello su independencia, ese valor agregado que ostentan en la medida en que tensan la relación que se establece entre el lector, las condiciones materiales y simbólicas de producción, difusión y comercialización de estos bienes culturales que son los libros y las revistas, y los autores.

Me permito citar aquí el caso de la colección Narradoras argentinas de la editorial de la Universidad de Villa María, Córdoba, Argentina. Y no la traigo como ejemplo solo porque estoy compartiendo esta mesa con su director. Que una colección de un catálogo de una editorial universitaria esté al cuidado de una de las escritoras con mayor transcendencia a nivel regional y mundial como María Teresa Andruetto, que se proponga publicar textos casi inaccesibles hasta el momento, con un proceso de investigación previo, que piensa desde el género casi como una política, con un proceso de edición impecable, contribuye con la tarea fundamental de las editoriales: construir lectores, asegurar la circulación de bienes culturales accesibles a todos. Un ejemplo de una buena práctica de cara a la profesionalización del sector.

¿Qué observamos, entonces? La necesidad de fijar ciertos criterios de evaluación de lo que se publica en relación con la capacidad de los textos de “generar”, “albergar” nuevas textualidades. Enfrentados a una realidad en la que los académicos producen textos en los que se repiten a sí mismos, no es suficiente, creemos, con contar con procesos de referato de las publicaciones.

En segundo lugar, y relacionado directamente con lo anterior, observamos dentro del panorama editorial de las universidades privadas de nuestro país un conocimiento bastante limitado, y hasta a veces nulo, en materia de legislación de propiedad intelectual, derechos de autor, compra y gestión de derechos. Se presenta, para nosotros, la necesidad de desarrollar programas de capacitación que garanticen un avance en este sentido. ¿Hasta dónde conocen, los editores que se están formando, las cuestiones legales implicadas en el trabajo con los textos académicos? Hace muy poquitos días los editores de la red que represento compartimos una capacitación sobre derechos de autor. Más del 90por ciento de los que allí estábamos desconocíamos aspectos relacionados, por ejemplo, con la inserción de imágenes en los libros.

Se presenta, conexo a esta cuestión y a la anterior, el imperativo de desarrollar acciones tendientes a la conformación de verdaderos equipos editoriales, con actores que se especializan en los distintos aspectos, que garanticen la eficiencia en los procesos implicados: en el proceso de selección de los originales, en el proceso de macro y micro editing y corrección de estilo, en materia de contratos, en el desafío enorme que representa la distribución y comercialización del fondo…

Digo esto porque en un gran porcentaje la mayoría de las editoriales universitarias que nuestra red representa está conformada por un equipo de trabajo de solo dos (a veces hasta de una sola) personas. Y sobre ello hay que trabajar. Sabemos que la rentabilidad no puede convertirse en la vara con la que se mide la existencia y permanencia de una editorial universitaria; pero su fondo sí debe pensarse en relación con una política que considere al mercado, a los lectores, a las circunstancias.

Por último, nos interesa una referencia al papel del Estado como garante de los procesos de profesionalización del sector. Que hoy estemos aquí en la FIL Guadalajara cuatro editoriales de universidades privadas, es consecuencia, entre otras cosas, de una política de un Estado nacional que sostiene un programa de promoción de las editoriales universitarias. Las editoriales crecemos en visibilidad, en la posibilidad de cerrar acuerdos de comercialización; pero también en el conocimiento que vamos adquiriendo del modo en que se desarrollan y sostienen proyectos editoriales exitosos.

Para cerrar, comparto con ustedes una suerte de deseo que tengo en mi función de editora. Imagino esta reunión, en la que dadas las circunstancias (Argentina país de honor, el desarrollo de este foro, las actuales políticas de estado argentinas en materia de promoción de las editoriales argentinas) la presencia de editores locales es más que importante: les pediría a los editores que eligieran de su catálogo aquellos libros que mayor interés podrían suscitar entre los colegas de la región y el mundo, entre los bibliotecarios, los distribuidores y los libreros que visitan, anualmente, esta feria. Estoy convencida que elegirían dentro del fondo aquellos títulos que representan un verdadero aporte en el campo de las ideas. Y a la vez me pregunto, en voz alta, si antes o en paralelo a ello no es necesario brindar marcos más generales que nos permitan, a los editores, reflexionar acerca de la producción actual de pensamiento en Argentina.