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FOTO DE LA SEMANA: “Husmeando”

La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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México frente al espejo

Nicolás Pineda*

México está siendo obligado a enfrentarse a sí mismo y a verse la cara en el espejo. Está sin maquillaje y su cara no resulta agradable. Sus peores defectos están expuestos: Ayotzinapa y Casa Blanca. O lo que es lo mismo: inseguridad, privilegios, corrupción e impunidad. Si estuviera solo, como quiera los maquillaba y trataría de seguir como si nada. Pero no, está frente al público y tiene a muchos grupos sociales movilizados pidiéndole que atienda y elimine esos defectos. Los más vociferan, quieren ver renuncias y que rueden cabezas; quieren ver flagelaciones y castigos ejemplares. Lo disparatado de algunas demandas vuelve tentadora la opción de recurrir a la represión. Pero eso no se puede porque el asunto ya trascendió al ámbito internacional y ya están encima también Estados Unidos, el Papa, la Unión Europea, la OCDE, el Premio Nobel y hasta la coalición de Venezuela, Argentina, Bolivia y Nicaragua que no se presentaron en la Cumbre de Veracruz. Como buen divo histriónico, México se tapa la cara con las manos y se pregunta en medio de una crisis de nervios: ¿Qué voy a hacer?

Todo mundo tiene la mirada puesta en el presidente Peña Nieto quien ya puso a explicar a su esposa y no sólo no funcionó sino que empeoró las cosas. Ya pidió que superemos el asunto y nadie le hace caso. De nada va a servir tampoco su reforma y programa contra la corrupción mientras no sea él mismo el castigado. Además, es una tarea imposible porque le piden que rompa todos los compromisos que tiene con su tío Montiel, con la televisora, con su empresario favorito, con los priistas que apoyaron su campaña y hasta con ex gobernadores (el Precioso y muchos otros) y con toda la clase política mexicana. No hay por dónde comenzar. Cualquier pieza que mueva, se viene abajo todo el sistema político como castillo de naipes; toda la clase política tiene cola que le pisen.

Baile de máscaras

Pero la clase política está por comenzar su glamoroso baile de máscaras, estilo Versalles, en la que todos van a tratar de justificarse a sí mismos y culpar a otros para quedar bien colocados en la siguiente elección. Su actitud es: Que el Estado de derecho se cumpla en la milpa de mi compadre. Que castiguen a mis enemigos políticos; ellos son los corruptos; yo sólo poquito, ellos me ganan. Yo robo, pero poquito.

Así cada político encumbrado se pone su máscara de benefactor social y comienza a bailar con los pasos que le enseñaron y que tiene bien ensayados: un, dos, tres, propaganda aprovechando el puesto público; alianzas inconfesables; abundancia de recursos; paso adelante, parte y reparte para que te toque la mejor parte; haz obra que algo sobra; paso atrás, que no te den, nomás que te pongan donde hay; el político pobre es un pobre político. Moche por aquí, moche por allá. Un dos tres; un dos tres.

No sabemos en qué va a terminar el baile de máscaras. Hay mucha chusma infiltrada que no sabe llevar el ritmo o que no quiere bailar. Ya no es como los bonitos bailes de antes. Afuera del salón de baile, la plebe se manifiesta contra la clase política asistente a la fiesta. El pueblo pide justicia, no falta quien pide, como María Antonieta, que les den bizcochos. Todo puede pasar: puede que haya un atentado; puede que se arme una gresca; puede que detengan a unos pocos; o puede que no pase nada.

¿Embarazada o indigestión?

La sociedad civil mexicana se siente mal, le duele todo el cuerpo y tiene muhcas manifestaciones de dolor. Todavía no se sabe si es una indigestión, una gripa, un cáncer maligno o si está embarazada.

Lo que sí tiene bien claro es que ya no aguanta a su pareja, el gobierno de México. La engaña, la menosprecia, le quita su dinero con impuestos y ejerce violencia psicológica contra ella; la tiene en la carestía mientras él se da la gran vida. Antes había creido en sus promesas de honradez, transparencia y rendición de cuentas, pero nunca las cumple y vuelve a las andadas; es puro pico de perico. Hasta parece que quiere restaurar su antiguo régimen machista y autoritario, presidencialista imperial, sin separación de poderes. Todo lo quiere centralizar; hasta al municipio le está quitando facultades. A leguas se nota que no le tiene nada de confianza. La trata como si fuera una menor de edad y cree que él todo lo sabe; es un engreído repugnante.

La sociedad civil está convencida de que el malestar actual tiene que ver con esa mala relación. Si la relación de pareja se arregla, seguro desaparecen los males. El divorcio no deja de rondar por su cabeza. ¿Qué tal si aprovecha las próximas elecciones para cambiar de pareja? Lo malo es que todos los candidatos ya vienen “vacunados” por el sistema para tener el mismo comportamiento. Primero les pasan balanza y luego los hacen candidatos. ¿Qué tal si buscamos candidatos independientes? Alguien que no esté maleado o corrompido. ¿Existirá? Y si existe ¿Querrá entrarle? Pero, ¿Y qué tal si estoy embarazada? Pudiera ser que con un niño el gobierno se reforme. Si es hombre le pondremos “Estado de derecho” y si es mujer, pues “Rendición de cuentas”.

Profesor-investigador nicolas.pineda.p@gmail.com. Twitter: @npinedap