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FOTO DE LA SEMANA: “Husmeando”

La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Mujica y Piketty en la FIL

Álvaro Bracamonte Sierra*

En la colaboración anterior mencionamos que en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (2014) se programaron tres eventos trascendentes. Dimos cuenta de uno de ellos al hacer referencia al premio recibido por el italiano Claudio Magris; hoy comentaré sobre otro de los galardones: El Corazón de Oro recibido por el presidente saliente de Uruguay, José Mujica, que le otorgó la Federación de Estudiantes de Guadalajara, y para una siguiente entrega dejaremos la presentación de la versión en castellano del libro de la década en materia económica El Capital en el siglo XXI, del francés Thomas Piketty. Sobre Mujica ¿qué se puede decir que no se haya dicho? El uruguayo encantó al público durante sus presentaciones en la perla tapatía, igual como ha ocurrido en los diferentes homenajes y reconocimientos que ha recibido con motivo de la conclusión de su gestión presidencial.

Es un personaje cuya popularidad creció inmensamente en el curso de su mandato debido a la honestidad y transparencia que caracterizaron su paso por el Palacio de Gobierno. Desde un inicio llamó la atención que rechazara mudar de residencia y sobre todo que rehusara renunciar al uso de su viejo vochito en el que a diario siguió trasladándose de su casa a la oficina y viceversa.

Estas decisiones no resultaron desplantes populistas como al principio se pensaba, sino la expresión de una genuina convicción de que el político debe vivir como viven las mayorías. Su ideario de progresista sensato y juicioso le ha granjeado un inmenso respeto entre la comunidad internacional. Sus posturas frente al aborto, la legalización de la mariguana, el ejercicio presupuestal responsable y dirigido mayoritariamente a una agenda social comprometida con los que menos tienen, exhiben el talante de un proyecto avanzado, pocas veces visto.

Pero sin duda es su honradez y rectitud lo que más llama la atención en un mundo donde una gran cantidad de gobernantes actúa en sentido contrario a la conducta del Ejecutivo uruguayo. La autoridad moral y ética de Mujica crece conforme se sabe la saga corruptora que azota a la clase política, especialmente la latinoamericana. Ahí están los casos como el de Petrobras en Brasil, que puso en duda la reelección de Dilma Rouseff, o los escándalos del vicepresidente argentino, que tienen en vilo la Presidencia de Cristina Kirchner, o las dudas sobre la probidad de Nicolás Maduro en Venezuela, y ni qué decir en México sobre el penoso tráfico de influencias en que ha sido pillada la familia presidencial y altos funcionarios de la administración central.

Porque parece que esta podredumbre es consustancial a nuestros gobiernos es que la figura tranquila y confiable de José Mujica adquiere talla de héroe en una sociedad cansada de tanta rapacería. Este reconocimiento constituye una especie de bálsamo de agua fresca, pues permite recuperar el ánimo que con frecuencia se nos escurre ante la desmesurada impunidad del poder político. Enhorabuena por Mujica y que su ejemplo gane los espacios ocupados ahora por los corruptos; enhorabuena a los estudiantes de la Universidad de Guadalajara y los organizadores de la FIL pues nunca como ahora el personaje galardonado lo merecía.

LA TORMENTA PERFECTA

El desplome del precio internacional del petróleo, la acelerada y rápida depreciación del peso, el desmoronamiento del índice de la Bolsa Mexicana de Valores, las dudas crecientes en torno a la inversión extranjera en la industria petrolera, la posibilidad de que los ingresos tributarios se derrumben y de que con ello se ensanche el déficit fiscal, conforman las piezas medulares de lo que muchos denominan como la tormenta perfecta en materia económica.

El horizonte se atisba complicado para las autoridades responsables de la agenda financiera del peñanietismo. Si se ajusta el gasto para equilibrar la merma tributaria, como aconseja el “abc” de la política económica, se mandaría una señal inequívoca de que la desaceleración se profundizará. Pero si mantienen el gasto, el mensaje es negativo, pues inevitablemente haría recordar el manejo imprudente de la política fiscal de gobiernos anteriores que ante la caída de los ingresos se endeudaban más y así precipitaban las devastadoras crisis de la historia reciente de la economía nacional. Estamos sin duda frente a la tormenta perfecta que preocupa más porque se presentó sin que nos diéramos cuenta.

*Doctor en Economía. Profesor e investigador de El Colegio de Sonora.