» Novedades Editoriales

  • eldespojo-554 Despojo de agua en la cuenca del río Yaqui »

    José Luis Moreno Vázquez. El Colegio de Sonora (2014).

  • noesmicuerpo-554 Éste no es mi cuerpo. Consumo femenino de productos para adelgazar en Sonora »

    Liliana Coutiño Escamilla. El Colegio de Sonora (2014)

  • educacion-554 Educación, política y proyecto de vida en los jóvenes »

    Marcos Jacobo Estrada Ruiz. El Colegio de Sonora- Universidad Autónoma del Estado de Morelos (2014)

FOTO DE LA SEMANA: “Flores rosas”

La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

ysinembargo-557

Cuento de Navidad: El pavo de los milagros

Nicolás Pineda*

Corría el año de 1999 y era diciembre. Había gran expectativa porque se trataba nada más y nada menos que del fin del milenio. Era la última Navidad del siglo XX. Por ello, a medidados de diciembre en mi familia decidimos celebrar la Navidad en toda forma. En ese entonces mis hijas eran menores, una era adolescente y la otra era una niña, y ambas estaban ilusionadas con los regalos. Pero la más animada con la Navidad era mi esposa que siempre se esmera en decorar el exterior de la casa con luces navideñas, así como con el arbolito y nacimiento.

Los preparativos del pavo
Al acercarse la fecha de preparar la cena de navidad me preguntó que si qué quería para platillo principal. Yo le dije que tamales, pero ella decidió que tenía que ser pavo. De modo que días antes del 24 compró un gran pavo crudo. Pero había un problema, teníamos una estufa eléctrica que nos habíamos traído de Estados Unidos y que gastaba mucha corriente, sobre todo cuando usabamos el horno. Por eso, resolvimos enviar el pavo a hornear a una panadería que daba ese servicio. Con unos días de anticipación me informé que había que llevar el pavo ya preparado en un recipiente de los que le dicen paveras y que debía de ir tapado. Tenía que llevarlo el día 24 antes de las 12 de mediodía para recogerlo a partir de las cinco de la tarde. Asunto arreglado.

El día 24, temprano en la mañana, nos dimos a la tarea de preparar el pavo. Mi esposa escogió una receta tradicional que llevaba un relleno con carne molida de res y de cerdo con muchos condimentos como tomillo, almendras y otras especies. Yo le ayudé a inyectar toda la carne del pavo con vino blanco y luego huntarlo con mantequilla. Hecho el relleno, que se veía sabroso y oloroso, había que colocarlo adentro del pavo. Al final se apreciaba que una vez horneado el pavo iba a lucir mucho como centro de mesa. Ella lo colocó en la pavera y lo cubrió con papel alumino y su tapadera. Yo lo llevé puntual a la panadería antes de mediodía. Estaba llegando gran cantidad de gente con sus pavos. A cada uno le daban un papelito firmado y con un número. A mí me tocó el número 56. Lo entregué y quedé de volver a las 5 de la tarde por él.

La entrega del pavo horneado
Poco después de las 5 me presenté en la panadería para recoger mi pavo horneado. Había muchos otros que también estaban esperando. Estabamos detrás de un mostrador mientras un empleado iba llamando a por su número a los que iban saliendo. Esperé pacientemente más de la hora y mi número no salía. Aquello se comenzaba a poner complicado. Reclamé y me dijeron que probablemente estaba perdido en el fondo del horno y que tenía que esperar; que mejor volviera como a las 8 cuando ya saliera la mayoría. Eran como 132 pavos los que estaban horneando. No sin algo de molestia y contrariedad, le hablé a mi esposa por teléfono para avisarle del contratiempo. Ella me encargó que fuera a la casa y le llevara unos panes que le dicen “medias noches” y otras compras de última hora. Ni modo, tendríamos que posponer la hora de la cena para más tarde.

A las 8 de la noche estuve de vuelta en la panadería. Ya había menos movimiento pero mi número aún no era llamado. Yo opté por tomar la cosa con calma y no hacer coraje. Después de esperar un rato cuando ya quedaba sólo como una docena de pavos por recoger, me pasaron hasta adentro de la panadería. Ahí, entre sacos de harina, mesas para amasar y láminas de pan sin hornear, al fondo de una gran habitación techada con tejabán estaban unos grandes hornos de leña. Por una ventanita que cubrían con una tapa de lámina, entre la vibración del calor, metían una larga vara con gancho que servía para jalar las paveras, las revisaban y si no estaba el dueño, las volvían a meter para que no se enfriaran. Y así constantemente metían y sacaban aquellos recipientes. Al revisar todos los que quedaban, me percaté de que no había remedio: mi pavo se había perdido; tal vez alguien se lo había llevado de manera equivocada.

Lo que convenimos entonces fue que iba tener que esperar al final para ver cuál era el pavo que no era reclamado y ése iba a ser el que me correspondía. Para eso, entre revisión de paveras, averiguaciones y conversaciones, ya eran las 11 de la noche. Me resigné y las últimas horas fueron relajadas. En amena plática me enteré que la panadería era muy vieja y todavía usaba hornos antiguos. Trabajaban todos los días del año y nunca se cerraba, es decir estaba abierta las 24 horas. Nos dieron las 12 de la noche y nos dimos abrazos de felicitación entre los ahí presentes. A eso de las 12:30 ya quedaban tres y hasta entonces decidieron que uno era el que me correspondía. Llegué a mi casa como a la 1 de la mañana. Consolé a mi esposa diciéndole este pavo estaba mejor preparado; era un pavo a la ciruela. Era de la Panadería Los Milagros. Definitivamente fue una Navidad muy especial.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora. nicolas.pineda.p@gmail.com. Twitter: @npinedap