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FOTO DE LA SEMANA: “Flores rosas”

La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro.

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La perspectiva

Álvaro Bracamonte Sierra*

 

El 2 de enero la Bolsa Mexicana de Valores cayó más de mil puntos, el tipo de cambio promedió 15 pesos por dólar, el barril de la mezcla mexicana de petróleo se vendió a menos de 45 y el salario mínimo se fijó en algo más de 70 pesos diarios. Vistos sin marco comparativo, los datos anteriores no dicen nada o dicen muy poco. Pero un sencillo análisis es suficiente para observar que las cosas no pintan bien en el arranque de año. Por ejemplo, si el desplome del viernes se suma al retroceso previo, el mercado accionario acumularía una contracción mayor a los 10 puntos porcentuales. Se esperaba que el año nuevo regresara la confianza al inversionista bursátil pero, a juzgar por la víspera, la incertidumbre perdurará lo que evidencia el desánimo prevaleciente.

El mercado cambiario también exhibe un comportamiento errático. La cotización reciente sugiere un nerviosismo incontrolable y preocupante considerando que el precio del dólar es una variable complementaria a las presiones inflacionarias, capaz de generar certeza sobre la estabilidad macroeconómica en general. El descontrol registrado en estos días no representa buenas noticias pues afecta la necesaria certidumbre que requiere el empresario.

La caída del mercado petrolero es brutal: la comercialización a 45 pesos con que cerró la semana el barril nacional significa una pérdida superior al 40% respecto al precio de referencia utilizado en la Ley de Ingresos y se ubica en más del 50 por ciento por debajo del registrado hace unos meses. De seguir esta tendencia las consecuencias sobre los ingresos serán irreversibles pues las coberturas contra ese tipo de riesgos resultarán insuficientes. A simple vista no se atisba una recuperación, sobre todo considerando que los países petroleros, particularmente Arabia Saudita, se negaron a reducir la producción que podría poner fin a la inestabilidad.

Los 70 pesos de salario mínimo implican que sólo aumentó 4.5 respecto del vigente en el 2014; esa nimia cantidad muestra el rechazo tácito a la propuesta de elevar los salarios de manera sustantiva como se había discutido durante el año recién concluido y significa también un retroceso del consenso generado en torno a la urgencia de redignificar las percepciones de los trabajadores como punto de partida para mitigar la desigualdad que aqueja a la sociedad mexicana y que hoy por hoy es el epicentro de casi todos nuestras dificultades sociales como la inseguridad, la corrupción, el desempleo, etcétera.

Los primeros días del año nuevo trajeron las malas noticias referidas. Como sugieren las cabañuelas, si lo que sucede al inicio del año indica cómo nos irá en el resto, debemos esperar, de corroborarse la profecía, muchos aprietos en este 2015. Oteando en el futuro, no hay manera de esperar un panorama distinto que no sea el de más apuros económicos expresados en mayor deterioro de los salarios, aumento de la volatilidad en los mercados bursátil, cambiario y petrolero. Esta conjunción complicará el cumplimiento de las metas fiscales del Gobierno y afectará los planes de inversión de corto y mediano plazos.

Las perspectivas del 2015

Evidentemente es mejor un ambiente económico favorable en coyunturas políticas que uno de inestabilidad creciente. Que la marcha de la economía tiene efectos sobre el comportamiento electoral, no hay duda; que la precaria situación de la economía nacional tendrá consecuencias sobre la correlación política surgida de la jornada electoral del primer domingo de junio, tampoco hay duda. Pero sería también absurdo adelantar que toda explicación se circunscribirá a la desfalleciente economía; el resultado del 2 de junio estará igualmente asociado a la mala racha que experimentan casi todas, por no decir todas, las organizaciones partidarias.

El PRI pensaba en el carro completo, pero la errática evolución macro-económica y el desgaste prematuro del equipo de Atlacomulco afectarán sus esperados triunfos. El PAN tampoco goza de cabal salud aunque, a juzgar por el cuadro que tenía a principios del año pasado, la perspectiva es menos sombría y no porque haya superado sus conflictos sino porque los otros partidos entraron en una crisis mayor. Si logra salir con vida El PRD,  por sí solo ello constituiría una gran noticia. En ese contexto, el escenario está listo para nuevos protagonistas capaces de responder y conectarse con una ciudadanía deseosa de nuevos actores políticos ¿Podría repetirse el caso español en México? Hasta el 2 de junio lo sabremos.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.