» Novedades Editoriales

  • eldespojo-554 Despojo de agua en la cuenca del río Yaqui »

    José Luis Moreno Vázquez. El Colegio de Sonora (2014).

  • noesmicuerpo-554 Éste no es mi cuerpo. Consumo femenino de productos para adelgazar en Sonora »

    Liliana Coutiño Escamilla. El Colegio de Sonora (2014)

  • educacion-554 Educación, política y proyecto de vida en los jóvenes »

    Marcos Jacobo Estrada Ruiz. El Colegio de Sonora- Universidad Autónoma del Estado de Morelos (2014)

FOTO DE LA SEMANA: “Turista”

La imagen fue capturada por Esther Padilla en la ciudad de Chicago.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

observatorios-558

El dilema que se aproxima: votar o no votar

José Eduardo Calvario Parra*

En el actual contexto mexicano, el descrédito de las autoridades instituidas o alimentadas desde el poder político aumenta como la espuma de una cerveza. Llámese cualquier nivel de gobierno, congresos legislativos, tribunales judiciales, partidos políticos, etcétera, la gran mayoría no gozan de la confianza ciudadana. Pronto iniciarán las campañas para elecciones locales y federales para gubernaturas, alcaldías, senadurías y diputaciones. Algunas voces llaman a abstenerse o de plano anular el voto.

Es entendible, pues sucesos recientes ponen en jaque al orden legítimamente instituido desde el punto vista político y jurídico de nuestro país. La matanza de varias personas presuntamente delincuentes por parte del Ejército mexicano en el Estado de México, municipio de Tlatlaya y, sobre todo, la desaparición y asesinato de estudiantes de la normal de Ayotzinapa, en Guerrero, son ejemplos demoledores.

Para variar, la denuncia en medios de comunicación sobre los presuntos actos de corrupción llevados a cabo por parte del Gobierno federal, en especial el llamado caso de “la casa blanca” abonan a configurar un escenario propicio para varias posibilidades. Algunas de ellas, la de anular el voto, y peor aún, la abstención, me parecen equivocadas.

Sergio Aguayo y José Antonio Crespo, académicos de reconocido prestigio, el primero de El Colegio de México y el segundo del CIDE, llaman a votar, pero a la vez anulando el voto en señal de protesta por las actuales circunstancias del país. El castigo a la “clase política” se espera que sea ejemplar para que sacuda sus conciencias y actúen en favor de México y no para su beneficio personal. La idea del voto nulo persigue mandar el mensaje del hastío ciudadano por la ineficacia y corrupción de todo el sistema político mexicano.

La cuestión no es nada sencilla estimados/as. Una forma de expresar la inconformidad ciudadana es la de marcar indebidamente la boleta electoral ya sea con un mensaje tácito de protesta o simplemente con la intención de que sea anulado, pero sus efectos, y los fines que se persiguen, no me parecen del todo claros, sobre todo el que los medios sean los más eficaces. Seguramente anular el voto tendría cierta influencia en el panorama general del país, incluso en un escenario extraordinario en el que el porcentaje rebasara las expectativas (quizás un 20% de la lista nominal del INE). Anular el voto implicaría abonar al éxito electoral justamente de aquello que se persigue menguar: su poder.

Ocurriría lo que el sociólogo norteamericano Robert Merton llamó consecuencias no deseadas de la acción. Es decir, uno de los efectos no previstos o no deseados de la anulación del voto, a mi ver, es que reforzará o premiará a la elite dominante del país. Especialmente, a los partidos con mayor “voto duro”, es decir, el conjunto de ciudadanos que por distintas razones siempre votan, pase lo que pase en el país, ya sea por el PRI o el PAN. Si convenimos, junto con Sergio Aguayo, que hay tres tipos de votantes en el país (los que lo hacen vendiendo su voto, los que están coaccionados o influenciados por el crimen organizado y los que tienen una conciencia democrática), el voto duro del PRI está en los primeros dos tipos. Si gana la idea de abstenerse y anular el voto, el Partido Revolucionario Institucional finalmente saldría ganando, pues por medio de la coacción y, en general, gracias a la cultura política priista, obtendrían la mayoría de una hipotética disminuida votación.

Lo ideal es aumentar el escrutinio ciudadano, auscultar a los/as candidatos/as, discutir y contrastar las propuestas, presionar la transparencia de los recursos usados para las campañas y, sobre todo, ensanchar la franja democrática por medio de mayor cantidad de capital social. Las organizaciones civiles sin fines de lucro, las asociaciones profesionales y académicas podrían contribuir a ello.

Uno de los frentes democráticos, o por lo menos se esperaría que así fuera, lo representan los centros de estudio e investigación del país. Quizás la tarea no la estamos cumpliendo; los procesos antidemocráticos en muchas universidades y tecnológicos del país así lo constatan. Ahí está el reto.

Además, son pocos/as académicos/as, intelectuales, científicos/as “duros/as” y sociales que inciden en el rumbo del país. Los foros de discusión son excelentes espacios para generar discusión y propuestas que promuevan una concepción más democrática y sensible a los problemas del país; multiplicarlos es una de las tareas frente a las próximas campañas. Por lo pronto, esperemos que los/as ciudadanos/as no se traguen las campañas engañabobos y emitan una concienzuda votación. La moneda está en el aire.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.