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La imagen fue capturada por Esther Padilla en la ciudad de Chicago.

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En el limbo de la adultez

Zulema Trejo Contreras*

La adolescencia marca la etapa de transición entre la niñez y la edad adulta. Pasar por la adolescencia siempre ha sido difícil e incluso conflictivo. A la adolescencia, así, en abstracto, se le culpa de un sin fin de problemas sociales como los embarazos de las jóvenes menores de 18 años (la edad adulta en términos jurídicos), drogadicción y alcoholismo, deserción en los niveles de educación media básica y media superior. Hace poco una adolescente me mostró la foto de un bebé, le pregunté de quién era y me respondió, “que de una amiga de la escuela”; la naturalidad de su respuesta me tomó por sorpresa un momento, una vez respuesta del asombro pregunté qué tan frecuentes eran los embarazos en su escuela y respondió “es muy normal, siempre hay muchas embarazadas en la escuela, ahorita hay como –hizo un cálculo mental– unas trece, creo, y algunas están en primero (de bachillerato)”. Esta respuesta y otros comentarios que me hizo me pusieron frente con una realidad que conozco, pero sólo a través de cifras y estudios especializados.

Y así, comentando con otras personas que sólo ves en épocas de vacaciones navideñas, me enteré de adolescentes expulsados de los bachilleratos por adicción a las drogas, por robo. No faltaron por supuesto las pláticas acerca de jóvenes con problemas de alcoholismo. Todo ello a causa de la adolescencia. ¿Pero realmente es esta etapa de transición entre la niñez y la adultez la culpable?, ¿o es la publicidad que incita al consumo del tabaco y el alcohol?, ¿o es el cine y la televisión los que están guiando a nuestra juventud a tener relaciones sexuales antes incluso de que estén fisiológica y emocionalmente maduros para enfrentar sus consecuencias? Si la respuesta a estas interrogantes es sí, entonces las campañas de prevención deben ser dirigidas a los adolescentes desde los medios de comunicación, que al parecer son los que están dictando sus normas de comportamiento. Sin embargo, a pesar de campañas en los medios, pláticas y cursos de orientación en la escuela, los problemas atribuidos a la adolescencia aún tienen una tendencia a la alta. ¿Por qué?

Pensemos por un momento. ¿Qué necesita un joven para comprar alcohol, tabaco y otro tipo de drogas? Dinero, ¿quién se lo da si no trabaja?, lo lógico es suponer que lo reciben de las personas más cercanas a ellos, llámense padres, hermanos mayores, amigos u otros familiares. Digamos que quienes proporcionan dinero a los jóvenes no saben en qué lo gastarán, eso es válido para quienes no tienen un adolescente en casa pero, ¿quiénes sí lo tienen?, ¿no se dan cuenta cuando su hijo o hija llega bajo los efectos del alcohol o una droga?, ¿no se enteran a qué horas llega, ni les preocupa saber dónde y con quién está?

Hagámonos otra pregunta. Los adolescentes que mueren o causan la muerte de alguien más en accidentes de tránsito, ¿lo hacen por ser adolescentes? La adolescencia no trae consigo automáticamente un auto, ni la gasolina para que funcione, ni con su llegada se activa un chip que enseñe a los y las adolescentes a conducir. Entonces, ¿los padres son los culpables de todo?  No lo creo. Creo que hay múltiples factores que siempre han afectado a los adolescentes. En la base de ellos se encuentran los cambios fisiológicos y sus consecuencias emocionales; después vienen los factores familiares y sociales que pueden facilitar, dificultar, solucionar o crearles a las y a los jóvenes más problemas de los que pueden atender. Las y los adolescentes no son “adultos pequeños”, no han madurado ni física ni psicológicamente para enfrentar responsabilidades como las de conducir un auto, vivir solos, manejar una tarjeta bancaria, etcétera. No estoy diciendo que ninguno pueda hacerlo. Como en todo, quizá haya excepciones, pero las estadísticas y la “cruda realidad” nos dicen que como sociedad estamos haciendo lo posible para que nuestros niños se “salten” la adolescencia, etapa imprescindible para pasar de la niñez a la adultez.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.