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FOTO DE LA SEMANA: “Turista”

La imagen fue capturada por Esther Padilla en la ciudad de Chicago.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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¿Qué determina que un país sea rico o pobre?

Álvaro Bracamonte Sierra*

La pregunta del título puede complementarse con algunas otras: ¿Cómo se explica que, en condiciones similares, en algunos países haya hambrunas y en otros no? ¿Qué papel juega en ello la política? Estas y muchas interrogantes similares se plantean Daron Acemoglu y James Robinson en un texto que ha sido considerado como “un libro fascinante que propicia entusiasmo y reflexión”. ¿Por qué fracasan los países? denominaron los autores a la obra que aborda esta temática con el rigor académico que distingue a ambos profesores de prestigiadas universidades norteamericanas.

Los autores rechazan terminantemente que la mayor o menor prosperidad se deba a cuestiones culturales o relacionadas con la ubicación geográfica o el clima. Utilizando ejemplos de distintas regiones, diferentes regímenes políticos y de países incluso ya desaparecidos, desarrollan una narrativa en sentido contrario; documentan que, en todo caso, la riqueza proviene de un hecho más tangible y al alcance de nuestras manos: la política económica que definen los dirigentes políticos elegidos por los ciudadanos.

Acemoglu y Robinson sostienen que son las decisiones, malas o buenas, de los dirigentes de cada país las que delimitan la bonanza de sus territorios. Viene a cuento esta reflexión a propósito de la coyuntura electoral que el país y el estado de Sonora vivirán en los meses venideros. Hace unos días arrancó el ciclo que culminará el próximo 7 de junio con la elección de ocho gobernadores, entre ellos el de Sonora, y la totalidad de la Cámara de Diputados federales; en nuestro estado, como sabemos, se votarán además 72 alcaldes y 33 legisladores locales.

Si la prosperidad depende de las decisiones que tomen los políticos que nosotros elegimos, entonces el sufragio del primer domingo de junio adquiere una trascendencia mayúscula.

Si consideramos la desigualdad que priva en la mayor parte de la Nación, el rezago competitivo que prevalece en casi toda la planta productiva, la inseguridad desbordante que ensangrienta cada rincón de la patria, la corrupción imparable, quiere decir que nos hemos equivocado terriblemente al votar por nuestros dirigentes. No es posible seguir equivocándose; las oportunidades de fallar se nos están agotando por lo que es hora de votar bien, conscientes de que con votos podemos cambiar el rumbo nacional y trocar este estado de abandono que padece México por un futuro promisorio.
La cultura democrática del mexicano y del sonorense promedio es relativamente escasa. Con frecuencia se emite el voto sin considerar las trayectorias ni las propuestas de los candidatos y en ocasiones sin valorar suficientemente que con su decisión se está definiendo el quehacer de los funcionarios públicos.

Muchos votan inducidos por un partido o un candidato; venden su voto a quien pague 500 o mil pesos. Desafortunadamente, es en la miseria que pueden incubarse esas anomalías. En tales circunstancias, los candidatos ganadores no tienen ningún compromiso por decidir a favor de los marginados o no sienten ninguna obligación de elaborar leyes y reglas que terminen con la corrupción e incentiven la competitividad.

Precisamente estas irregularidades que han sido lo habitual en la historia nacional son las que explican la fragilidad institucional y la precariedad económica del País. Decidir correctamente implica estar bien informados, pero también se requiere disminuir el problema de la pobreza pues ésta impide el real ejercicio de la democracia.

Sobre el País y sobre Sonora se asoman disyuntivas transcendentales que exigirán decisiones juiciosas e inteligentes. Sabemos que la economía nacional surca una zona de profunda inestabilidad; para superarla se necesita aplicar medidas sensatas que repercutan en el crecimiento en el mediano pero sobre todo en el largo plazo. Se necesita también pavimentar el camino para un México con equidad social, lo que obliga a que se tomen decisiones enérgicas que inevitablemente afectarán intereses económicos conocidos. Pero deben tomarse, porque si no, el deterioro se acentuará y el cambio se fraguará de otra manera, que de seguro no será por una vía democrática ni comprometida con la mayoría de los mexicanos. Es preciso poner toda la atención en el actual proceso electoral pues su desenlace dibujará el México del futuro.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.