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FOTO DE LA SEMANA: “Lago Titicaca”

La imagen fue capturada por Cindy Martínez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Las fuentes del bienestar

Álvaro Bracamonte Sierra*

Quien haya cruzado recientemente la frontera norte del País habrá podido experimentar una extraña sensación que oscila entre la sorpresa, la incredulidad y la satisfacción producidas al llenar el tanque de gasolina con prácticamente la mitad del presupuesto habitualmente asignado; por ejemplo, ahora se pagan unos 25 ó 27 dólares por cargar lo que antes costaba 50. Esta rebaja que compensa la depreciación del peso le produce al cliente mexicano una especie de alivio y bienestar.

Para los residentes del otro lado, que ganan en dólares, el beneficio es considerable pues, como se sabe, el medio de transporte más utilizado por el estadounidense es el automóvil, que en su mayoría sigue siendo del clásico motor de gasolina. Dado el número de carros por habitante en ese país (el más alto del mundo: casi uno per cápita), la felicidad derivada de la gasolina barata favorece a la mayoría de nuestros vecinos que se sienten complacidos y optimistas.

Este ambiente se está reflejando en los niveles de popularidad del presidente Obama. El afroamericano registraba en octubre un índice de aceptación menor al 40 por ciento. En la víspera de su informe sobre el “Estado de la Unión” (20 de enero), se incrementó alrededor de 15 por ciento, circunstancia que aprovechó para hilvanar un discurso desafiante ante un Congreso dominado enteramente por los republicanos. Cabe preguntarse cómo es que el hasta hace unos meses decepcionante mandatario recupera aquel carisma que lo llevó a conquistar sorpresivamente la Casa Blanca. Las razones pueden ser muchas, pero indiscutiblemente un papel central lo está jugando el bajo precio de la gasolina por el efecto positivo que genera en el ciudadano.

Así las cosas en Estados Unidos. En México no se vislumbra en el horizonte un escenario parecido que pudiera permitir a Peña Nieto recuperar algo de la popularidad que lo llevó a la presidencia. Esto, a pesar de los esfuerzos por montar un contexto similar al de nuestros vecinos del Norte. Hace unos días, en ocasión de la inauguración del acueducto El Realito en el estado de San Luis Potosí, el mexiquense insinuó que hay beneficios palpables de las reformas aprobadas el año pasado. Dijo que las tarifas eléctricas descendieron, que los cobros en llamadas de larga distancia fueron eliminados y que ello ha significado una sensible disminución de la inflación cuyo índice en la primera quincena del año fue negativo y en términos anuales es el más bajo en los últimos 25 años.

Tiene sentido la afirmación de EPN, ya que en materia inflacionaria se experimenta un periodo de apreciable estabilidad. Sin embargo, esto no parece animar mucho a la población que a simple vista sigue atosigada porque “el gasto” no alcanza para nada. Es probable que ese malestar radique más en sus magros ingresos que en el hecho de que haya productos y servicios más o menos caros, es decir, subiendo o bajando el precio. De qué sirve que éste en algunos servicios disminuya si de cualquier forma el salario no es suficiente para adquirirlos.

De la experiencia estadounidense es posible deducir una lección interesante: para que el común de la gente perciba que se camina en el sentido correcto es indispensable que el precio de bienes y servicios de uso generalizado, como la gasolina, se reduzca sensiblemente; o bien que los ingresos se eleven en una proporción notoria.

El combustible desafortunadamente no bajará en el corto plazo dado que es parte de una política de Estado que no variará. Por otro lado, en el 2014 se analizó una iniciativa para que los salarios mínimos se incrementaran sustantivamente, pero por diversos factores ésta quedó en “la congeladora”. De haberse concretado, quizá en este momento la sensación de bienestar fuera notoria y los beneficios de la menor inflación, en particular de la reducción de las tarifas referidas, se estuvieran reflejando en una recuperación de la confianza en el Gobierno federal que hoy está lejos de vivir su mejor momento.

LA INTERNA, MÁS DIFÍCIL QUE LA CONSTITUCIONAL

Alguna vez pregunté a dos candidatos a la Alcaldía de Hermosillo qué tan duro veían el proceso interno. Ambos coincidieron en que éste es más cruel que la elección constitucional. Ahora los precandidatos del PRI al Gobierno estatal sin duda podrían decir lo mismo.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.