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Los partidos y la corrupción

Nicolás Pineda Pablos*

Existe un gran divorcio entre los partidos políticos y los ciudadanos. Este divorcio se aprecia en los asuntos donde los intereses de cada lado van por rumbos diferentes, como en el caso de la corrupción. Mientras que el interés de la ciudadanía es claramente que se combata y elimine la corrupción, el tráfico de influencias, el conflicto de intereses y la malversación de fondos en los puestos públicos, el interés de los partidos va más bien por el rumbo de acumular más prerrogativas, más puestos públicos, premiar economicamente y ofrecer y tener más oportunidades de corrupción. A los ciudadanos les conviene que se elimine la corrupción para que el país avance, a los partidos les conviene que haya corrupción para hacer más atractivos los puestos que ofrecen. Eso se evidencia claramente en la diversidad de escandalos que ha habido a nivel de la presidencia de la República y de las gubernaturas.

El PRI y la corrupción

El tráfico de influencias que se ha destapado en el círculo del presidente ha sido mayúsculo. Las operaciones de la “casa blanca” y de las otras que van apareciendo denotan una manera y estilo de trabajar y no un caso aislado. Revelan claramente no sólo los valores del círculo gobernante y comprometen seriamente al PRI y a toda la nueva generación de candidatos a puestos públicos en la próxima elección. Ante la magnitud del escandalo, los priistas han guardado silencio o, a lo sumo, han tratado de justificar dichas operaciones y tapar el sol con un dedo. No ha habido ningún intento por investigar o nombrar una comisión plural o independiente sobre este tráfico de influencias. Al contrario, han dado por buena cualquier declaración que los mismos involucrados hayan hecho. Siguen en el viejo esquema de que el presidente es intocable, de que está más allá del bien y el mal y de que a él no le toca el Estado de Derecho. Por esto, el PRI no atiende ni garantiza ningún avance en el combate a la corrupción, la impunidad, el estado de derecho y la rendición de cuentas. Para merecer el voto, en estas elecciones tendría que dar pruebas contundentes e irrefutables de que no es indiferente al tráfico de influencias y probar que efectivamente combate la corrupción.

En Sonora ha sido vergonzoso el proceso de prueba y escrutinio previo al que han sido sometidos los aspirantes a la gubernatura. Se les ha hecho pasar por un tamiz en el que se tienen que someter previamente a los intereses y poderes fácticos de su partido. En vez de que se aprecie un movimiento de las bases para proponer cambios e impulsar a quien consideren más idóneo, el ambiente predominante es que han estado esperando la línea para irse a la cargada con quien diga el “dedo mayor”. Éste es el tipo de ciudadanía tropical y subdesarrollada que promueve el PRI.

Hay que reconocerles que han investigado y destapado las corruptelas del PAN en el gobierno, pero sin querer aceptar las que hace su mismo partido a nivel nacional. El combate a la corrupción sólo se emprende como estrategia electoral, pero sin comprometer a los candidatos de su propio partido.

Hay una clara restauración de los viejos estilos que antaño lo hicieron perder. Su gran ventaja actual es ser alternativa a un PAN que ha defraudado y desilusionado precisamente por las mismas razones. Pero no se le ve ninguna intención de enfrentar el gran reto de la corrupción y la impunidad. Por este camino, el país seguirá cayendo en la ignominia y el Estado fallido. ¿Con ese telón de fondo van a venir ahora a ofrecernos dádivas y obras a cambio del voto? ¿O más bien añoran el fraude electoral?

El PAN y la corrupción
El gran problema del PAN es que se transformó de ser el partido anti-corrupción cuando estaba en la oposición a ser el partido de los negocios privados en el gobierno. Es un partido que traicionó a sus propios valores y a sus electores en aras de ganar más poder y hacer negocios personales. Se lo comió el pragmatismo y perdió el rumbo. Ahora depende de las maniobras y juegos de poder para salirse con la suya, confiado en que los dos principales partidos se repartirán el botín y que algo le tendrá que tocar.

Ante los escándalos de las casas presidenciales, su respuesta ha sido tibia. No han presentado una demanda seria de investigación. Más bien parece que quieren solapar y taparse con la misma cobija. Los anuncios de televisón del dirigente interino del PAN contra la corrupción contrastan claramente con la práctica concreta de ese partido en el estado. En este asunto, no ha estado a la altura de los intereses ciudadanos, sino cuidando sus propios intereses. En este juego se han vuelto aliados del PRI contra la ciudadanía.

En esta campaña seguramente sus candidatos pedirián que no veámos para atrás, que veámos hacia adelante. El problema es que por la víspera se saca el día. Si toleran la corrupción de otros, de seguro buscarán repetirla ellos mismos. Sólo están haciendo fila para seguir en el turno. Al igual que el PRI, el PAN le apuesta a ser el menos peor. Pero no se le ve ninguna intención de enfrentar el gran reto de la corrupción y la impunidad. ¿Con ese telón de fondo van a venir ahora a ofrecer dádivas y obras a cambio del voto? ¿O más bien van a tratar de hacer ellos ahora el fraude electoral?

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora. nicolas.pineda.p@gmail.com. Twitter: @npinedap