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La imagen fue capturada por Cindy Martínez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Faltan luceros

Zulema Trejo Contreras*

Dice una bella canción mexicana: “Por los caminos del sur/ vámonos para Guerrero/ porque en él falta un lucero…”, y qué triste que a esta frase que en el contexto de la canción suena a poesía, en el de la realidad del México actual aluda a una situación tan triste como la desaparición de cuarenta y tres normalistas de Ayotniznapa. Los cuarenta y tres luceros que faltan y que hasta el momento siguen sin brillar en el cielo guerrerense, a pesar de las búsquedas cuyos resultados son el encuentro de cráteres donde, tal vez, esos luceros perdidos se hayan diluido.

Aún más triste es que no sólo en las tierras del sur mexicano se han apagado luceros, también se extinguieron en ciudad Juárez, en Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán, Monterrey, Sonora… No vale la pena hacer el listado más grande porque todos sabemos que la inseguridad reinante en el país ha llegado a ser tal, que internacionalmente no es aconsejable viajar a México, salvo que quien desee venir lo haga bajo su propio riesgo. Es indignante, triste, que nuestro país destaque por cosas tan negativas como la inseguridad, el narcotráfico, la violencia que se materializa en feminicidios y asesinatos por cuestiones de drogas, o en un robo, un niño golpeado o una mujer de quien han abusado.

Y nos asombramos por lo que sucede en otros países. Con indignación circulamos fotos y reportajes en las redes sociales donde se ve, se describe la situación reinante en Siria, Nigeria, Yemen, Corea, Palestina; ¿y México?, ¿por qué tendemos a evitar la autorreflexión más que a buscarla? No digo que esto sea una reacción generalizada, evidentemente no lo es, y para muestra bastan tres botones: la lucha por conseguir justicia para los niños que murieron aquel siempre luctuoso 5 de junio; la protesta de la juventud mexicana bajo el lema “yo soy 132” y la última gran protesta por el caso irresuelto de Ayotzinapa, protesta que al parecer ha comenzado a diluirse en las aguas del año nuevo.

La protesta por los normalistas no ha desaparecido, pero sí me da la impresión de que va diluyéndose, y hemos dejado caer el peso de ésta sobre los hombros de pocas personas, considerando las multitudes que se contaban en el último trimestre del año pasado. Al menos, ya en las redes sociales no se ve tan frecuentemente en mi percepción. Tampoco se toca en las noticias —ni siquiera como broma— el tema de la casa blanca, que tanto revuelo causó hace unos meses. Cuando aparentemente una situación  no tiene una salida que nos satisfaga, o que no queremos adoptar, lo que solemos hacer y no deberíamos es apostarle al olvido porque, finalmente, la gente se cansa de no obtener resultados, la gente se distrae con otras cosas. El olvido no es la solución, el olvido en realidad no es olvido porque lo que no se quiere recordar siempre deja registros que la historia encuentra y saca a la luz. Con esto no quiero decir que la historia juzga o juzgará. La historia no es juez ni los historiadores somos jurados, lo que quiero decir es que todo acontecimiento deja registro en la memoria de la gente que los vivió o los atestiguó, en los medios impresos y virtuales que lo informaron, en las fotografías, caricaturas y cualquier otra forma de comunicación gráfica o escrita. Así pues, aunque se le apueste al olvido como solución de lo aparentemente insoluble, el olvido, como dijo sor Juana Inés de la Cruz, en realidad no es olvido, es una negación de la memoria, pero negar un suceso no significa que éste no haya acontecido.

En Guerrero, en Ciudad Juárez en todo México faltan luceros, son luceros apagados. Luceros convertidos en meteoritos cuyos cráteres aún se buscan.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.