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La imagen fue capturada por César Jaime.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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A otra cosa: El cine de mexicanos

Álvaro Bracamonte Sierra*

Me escaparé en esta ocasión de abordar la coyuntura económica y política pese a que ayer y antier fueron días moviditos y de que en general son los tópicos que valen la pena; ya tendremos tiempo para esos asuntos. Ahora quiero tocar un tema light, divagar un poco en un campo al cual pocas veces hacemos referencia en esta columna: el cine, o mejor, el cine hecho por mexicanos.
Películas como Gravity de Alfonso Cuarón y Birdman de González Iñárritu junto a las de Guillermo del Toro y otros talentosos cineastas nacionales sugieren la revigorización de una industria que durante los 50 experimentó años luminosos y tiempo después cayó en una espiral descendente que no veía su fin. Para los críticos de cine resulta incorrecto afirmar que las obras cinematográficas de los mexicanos laureados internacionalmente representan un renacimiento del celuloide en México; dicen que, por el contrario, son resultado de la precaria situación, persistente por tantos años, que llevó a jóvenes talentos a buscar oportunidades en otras partes como Hollywood, la meca del cine mundial.

Esta controversia adquirirá nuevos bríos si “El negro” González lñárritu obtiene un Oscar, o varios, en las muchas categorías donde está nominada Birdman. Al margen de la polémica, lo cierto es que los triunfos y decepciones de esta camada de cineastas nacidos en México nos llenan de orgullo, o frustración, según sea el caso.
Como todas las industrias, la del cine se conforma por varias piezas de una cadena que culmina en las salas de exhibición. Está la del gremio de actores, productores y directores que deben conjugar capacidad artística y habilidad financiera para concretar los proyectos fílmicos. Pero están también los distribuidores y los dueños de las salas de exhibición donde muchas veces se determina el fracaso de las películas. Si éstas disponen de pocas salas, escasos días de exhibición y limitada promoción, muy probablemente perfilará el fracaso de una producción por más fastuosa que sea. En un escenario inverso, el éxito será casi un hecho.

En México existen solo dos cadenas de exhibición: Una es Cinemex, que a finales de 2013 adquirió las casi 330 salas de Cinemark y la otra Cinépolis, que algunos ubican como casi monopolio por ser la más grande del mercado. Todavía hasta los años 80 se pensaba que el negocio de la exhibición desaparecería al ser desplazado por la comercialización de cintas en videocentros o porque el desarrollo del Internet posibilitaría bajar películas que apenas estaban en cartelera. Esta situación representaba un riesgo para la consolidación de un jugoso nicho de la industria. Pero actualmente la distribución y exhibición se afianzan, como podemos constatarlo al observar, sobre todo en fines de semana y días festivos, largas filas de niños, jóvenes y adultos esperando entusiasmados entrar a las cómodas salas de exhibición. Son los que siguen pensando que el cine se ve mejor en el cine.

La revista Valor, editada por el grupo financiero Banamex, publicó recientemente un interesante reportaje que trata sobre el fortalecimiento de la distribución de material cinematográfico. Señala, por ejemplo, que se incrementa el segmento de espectadores que asisten a las salas a ver filmes mexicanos del tipo No se aceptan devoluciones o Nosotros los Nobles, películas que el 2013 arrasaron en las taquillas.

El problema es que el 90 por ciento de las entradas es generado por el 10 por ciento de la población. He ahí un punto que merece atención: pese a la multiplicación de salas por todo el País (de hecho México destaca en el mundo en cuanto a su número), es preocupante la concentración en las ciudades de mayor población; en pequeñas y medianas localidades no hay, menos con la calidad y confort que tienen las de los complejos de Cinemex y Cinépolis que, dicho sea de paso, no le piden nada a las salas de otros países.
En Sonora es muy común que los habitantes de ciudades como Caborca u otras similares aprovechen una estancia en Hermosillo para ir al cine. No deja de llamar la atención si consideramos que el esparcimiento y el acceso a distintas amenidades son indicadores del desarrollo social de los pueblos. No hay duda que también en este terreno deberían delinearse políticas públicas dirigidas a ampliar y mejorar las opciones para la población. Los candidatos a Gobernador y especialmente el eventual ganador el 7 de junio, tendrían que incluir propuestas en sus plataformas que ofrezcan salidas en esa dirección.

TURBULENCIAS EN LOS WAR ROOMS
Los resultados de los últimos sondeos confirman percepciones previas. Esto debe tener sumamente preocupados, o emocionados si es el caso, a quienes integran los war rooms de los candidatos.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.