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La imagen fue capturada por César Jaime.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El dedazo y el desarrollo político

Nicolás Pineda*

El “dedazo”, como decisión que se toma entre un grupo reducido de dirigentes de partido, fue muy evidente en el PRI el pasado 26 de enero. Fueron bastantes semanas de espera. A pesar de que había varios aspirantes a convertirse en candidatos a la gubernatura, los priistas no se pronunciaban abiertamente por ninguno ni los aspirantes hacían proselitismo para conseguir adhesiones, sino que, al contrario, se concentraron en la capital de la República para cabildear la designación. Todos los militantes estaban a la espera de que la decisión viniera “de arriba” y se tomara por un pequeño grupo de la cúpula de dirigentes o, según se dijo, era el mismo presidente quien iba a decidir la candidatura del partido en Sonora. La decisión se esperaba desde mediados de diciembre y se tardó hasta fines de enero. Al final, la decisión que se tomó no tuvo nada que ver con las mayorías ni con las preferencias de la base militante, vamos, ni siquiera con razones estratégicas o de los asuntos pendientes de interés general, sino solo con amarres y negociaciones cupulares. Fue como para que se viera quién es el que verdaderamente manda: “para que aprendan”. Todo lo contrario de lo que se supone es un procedimiento democrático y lo que son los comportamientos y la cultura ciudadana.

Desde un punto de vista internacional y desde la política comparada, estos comportamientos se aprecian enteramente tropicales y tercermundistas, de república bananera. En este sentido México también es muy folklórico, divertido y hasta ridículo, pero en estas conductas y comportamientos también se resume nuestro subdesarrollo político.

El PRI contra los ciudadanos
Lo triste es que todo esto se ve como algo natural, como que así son las cosas y todos los partidos hacen los mismo. Mal de muchos… Se privilegia y prevalece la lógica del partido: la unidad y la disciplina. Pero no se menciona la lógica de los intereses ciudadanos. Los militantes no son tratados como personas que tienen ideas propias sobre la situación y sobre cuáles son las opciones y las acciones que hay que tomar. Al contrario, son tratados como súbditos, como “borregada” o carne de cañón que solo está para atender la “línea” y las decisiones cupulares. De este modo las designaciones no se hacen con base en los intereses ciudadanos, sino mediante arreglos e intereses de los poderosos. Los que resultan designados ya vienen comprometidos y “vacunados” contra el virus ciudadano y no pueden tocar una serie de negocios de los poderosos, ni atender las demandas ciudadanas de justicia o de lucha contra la corrupción. Después, como para taparle el ojo al macho, viene la asamblea de delegados que se supone que es la que toma la decisión por medio de representantes de las bases, pero que ya es un mero trámite de validación y confirmación. Por eso estamos como estamos. Pero ser ciudadano es otra cosa. El ciudadano piensa, razona, participa; no está para que le digan qué es lo que hay que hacer.

El ciudadano es consultado y emite sus opiniones y voto con base en sus propios razonamientos. En los sistemas democráticos, los partidos eligen a sus candidatos por medio del voto o decisión mayoritaria de sus militantes. Para eso se hacen convenciones y las elecciones internas o primarias de los partidos. En este caso, el que tiene más apoyo y votos es el que resulta ganador. Eso se supone que es la democracia, pero aquí no es así. Se siguen promoviendo los viejos ritos del gran hermano (Big brother), el tapado, el dedazo y la cargada. ¿Qué no se supone que estabamos en transición hacia la democracia? Independientemente de quién resulte designado o designada, éstos no son modos democráticos y de este modo no se promueve la cultura ciudadana.

El PAN emula al PRI
Una de las cualidades que el PAN tenía antes de llegar a la gubernatura era que elegía sus candidatos por medio de elecciones internas con base en un padrón de militantes y adherentes. El que aspiraba a un puesto podía inscribirse y ser votado para ver si resultaba electo por las bases. De este modo, este partido promovía la ciudadanía y respetaba la dignidad de sus militantes.

El problema es que estas conductas y procedimientos democráticos se están perdiendo y también tienden a volverse una simulación. Ahora las decisiones parecen ser tomadas desde arriba y no hay terreno parejo para la contienda interna. De hecho, se hostiga y margina a los que no cuentan con la bendición superior. Es así como la elección interna del PAN, al igual que la asamblea de delegados del PRI, se convierte en un mero acto de validación que sólo confirma lo que ya se decidió anteriormente en la cúpula.

Entre las consecuencias de estos comportamientos, y de las cuales luego nos quejamos, están la malversación de fondos, el enriquecimiento ilícito, la corrupción, la impunidad, las alianzas de gobiernos con criminales, la inseguridad, las extorsiones, la falta de justicia (como caso ABC), Ayotzinapa, la casa blanca y los estados fallidos.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora. nicolas.pineda.p@gmail.com. Twitter: @npinedap