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FOTO DE LA SEMANA: “Sin título”

La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Por la calle

Zulema Trejo Contreras*

En Colombia hicieron un experimento social muy interesante cuyos resultados se presentaron en un video que tuvo bastante difusión en las redes sociales. El experimento consistió en localizar a las madres de un grupo de hombres que acosaban a mujeres en las calles con “piropos.” A las señoras se les informó de la conducta de sus hijos, se les pidió que participaran en el experimento que consistió en maquillarlas, vestirlas con ropa tipo ejecutiva y pasar por los lugares donde sus hijos solían apostarse a agredir verbalmente a las mujeres que solían pasar por ahí. El video que circuló en las redes sociales muestra como estas mujeres, al no ser reconocidas por sus hijos, recibieron exactamente el mismo trato que daban a las otras y cuando se detuvieron para que los hijos las vieran mejor, al reconocerlas las reacciones variaron desde la negación absurda “yo no dije nada”, a las justificaciones inauditas “sólo estoy diciendo que estás linda” y las agresivas “¡Tú tienes la culpa por vestirte así!, ¿qué haces en la calle a estas horas?” Obviamente ninguno de los hombres que fueron sorprendidos “con las manos en la masa” admitieron que estuvieran haciendo algo malo, para todos ellos su conducta era normal e incluso algunos plantearon que en lugar de violencia era un reconocimiento a la belleza de la mujer.

…y es que en general nosotros no estamos acostumbrados a reconocer la violencia sino es física. Los golpes concretizados en moretones, heridas o rasguños y en el peor de los casos en la muerte parecen ser las únicas cosas que se identifican como violencia. Sin embargo, como he escrito en otros sitios, el comportamiento violento tiene muchas caras algunas de las cuales son tan poco visibles que, o no las vemos o las confundimos con conductas que pasan por aceptables para la mayoría. Una de estas caras de la violencia es justamente el acoso verbal. Las mujeres tenemos muy claro de qué se trata porque lo vivimos día a día desde la adolescencia. Es lamentable decirlo pero uno de los indicadores sociales de que una niña pasó de la infancia a la adolescencia es el hecho de verse sometida al “piropeo” callejero; en otras palabras, comienza a ser víctima de la violencia antes de que se dé cuenta de que lo es.

Aclaro que cuando hablo de acoso callejero no me limito solamente a los piropos, sino también a las señas obscenas, a las persecuciones (todas seguramente hemos vivido la no grata experiencia de ser seguidas por un hombre o varios durante tramos más o menos largos), incluso las miradas porque como dice el dicho “una mirada dice más que mil palabras”. ¿Qué se hace para prevenir o evitar este acoso?, desafortunadamente muy poco por no decir que nada… y aunque en los últimos dos o tres años se han dedicado muchos esfuerzos a prevenir y erradicar el bullying en las escuelas, en el ámbito laboral pero ¿qué hay de la calle?, ¿quién se encarga de proteger a las mujeres del acoso callejero?

¿Las mujeres somos las únicas que sufrimos de acoso callejero? No. Los hombres también lo sufren, básicamente aquellos que se salen del estereotipo. Nuestras calles no son seguras y no me refiero que estén libres de asaltos, secuestros, etc., no son seguras en el amplio sentido del término. La violencia física, verbal, simbólica permea en nuestra ciudad y a los últimos dos aspectos casi nadie le presta atención, con la notable excepción de un grupo de mujeres que conscientes de la violencia que sufren ellas y otras nos hemos dado a la tarea de, por lo menos, hacer visible este tipo de violencia.
En las redes sociales existe una página “La marcha de las putas” en alusión al desafortunado comentario de un policía de Toronto que dijo que a las mujeres las violaban porque se vestían como putas, en la cual se publican documentos, y se orienta a las mujeres que desean saber más de esta temática y en su caso participar de las actividades del grupo, cuya actividad más grande es la marcha de las putas que se organiza anualmente desde hace tres años.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.