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FOTO DE LA SEMANA: “Sin título”

La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Violencia y ¿amor?

Inés Martínez de Castro N.*

Lirio llegó sofocada a la oficina, entre sollozos, nos dijo que su esposo después de regalarle una rosa roja por San Valentín, le susurró: “te amo, aunque tú no me quieras, pues te vas y nos abandonas a mí y al niño todos los días dizque para ir a trabajar”, “pero sí voy a trabajar”, le contestó temerosa, con el rostro enrojecido de rabia, se le acercó amenazante y le gritó en la cara “¡pero si eres una inútil, cómo te atreves, es nada más un pretexto para andar de cusca!”. Como pudo, salió corriendo de la casa, se subió al carro y huyó.

Durante meses, Lirio nos fue contando cómo su marido, un destacado profesionista, le controlaba la forma de vestir, el dinero del gasto, sus llamadas telefónicas y le tomaba el tiempo de sus salidas. Además, cuando salían juntos la acusaba de que miraba a otros hombres y se ponía frenético si se reía o hablaba en público, entre muchos otros horrores.

Tratamos de convencerla de que no era normal lo que sucedía en su relación, que su esposo ejercía violencia de muchos tipos y eso no era “amor”, y no tenía por qué seguir aguantando esa situación. Le ofrecimos asesoría profesional y apoyo de nuestra parte si decidía dejarlo, y aunque sus sentimientos y pensamientos eran contradictorios pues sabía que muchas de las cosas no estaban bien, argumentaba que cómo iba a dejarlo y mantener a su hijo y sacarlo adelante. Pero sobre todo nos decía que ella lo quería mucho y él también la amaba “a su manera”.

La principal razón de Lirio y de muchas mujeres para no alejarse de una relación abusiva, es el presunto “amor”, porque según la ideología patriarcal cuando les llega hace a las mujeres de verdad (como si no lo fueran antes), las dignifica y da estatus, las salva como a las princesas de Disney. En nuestra sociedad, que las amen y las hagan esposas es sinónimo de éxito social, les da un valor que no tienen las solteras.

Este “amor” cuando se acompaña de violencia trae consigo contradicciones que son una trampa, como la que atrapó a Lirio, producto de mitos como “el amor todo lo puede”, “el amor lo cambiará”, que se reproducen a través de las instituciones (la familia, la escuela, la iglesia y los medios), y obligan a las mujeres a asumir el rol tradicional y si no lo cumplen, las sanciona doblemente debido a su situación de subordinación.

Así una mujer que se atreve a romper con lo que socialmente se espera de ella, será castigada por los compañeros y señalada por la comunidad. Por lo que este “amor” que para las mujeres debe ser “incondicional, abnegado, entregado, sometido y subyugado”, es como una cadena invisible que las hace permanecer unidas a sus parejas aunque sean sus victimarios, pues a ellos se les ha otorgado todo el poder sobre sobre sus cuerpos y sus vidas.

Parecería extremo lo expuesto, pero nada más hay que asomarnos a las páginas de los periódicos o a las redes sociales para encontrarnos con algunas noticias como: “le pegó a la esposa porque le sirvió la sopa fría”, “la mató porque quería divorciarse”, “le quitaron a los hijos porque andaba con otro” o bien recordar las retahílas de la publicidad comercial lanzada hace algunas semanas para la celebración del 14 de febrero, y constatar que esta mitificación del “amor” está presente en las mentes y vidas de las mujeres con todas sus consecuencias.

Este “amor” es un poderoso mecanismo cultural para perpetuar el patriarcado, la desigualdad entre hombres y mujeres, y el dominio de unos sobre otras, que se ejerce de muy diversas formas, algunas tan sutiles que son socialmente invisibles. Este mecanismo de “todo por amor”, desgraciadamente es mucho más potente que las leyes pues va cargado de emociones, y por ello es difícil de desmitificar.

*Jefa del Departamento de Difusión Cultural en El Colegio de Sonora.