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FOTO DE LA SEMANA: “Antes de partir”

Sol y Luna en los patios del Colson.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

tiempos-566

Tu felicidad no es mi felicidad

Zulema Trejo Contreras*

Cuando una persona es feliz hay múltiples señales que lo indican. Desde el brillo en la mirada, la sonrisa imposible de contener, el tono de la voz, la postura corporal; eso en cuanto a la persona misma. Externamente a la persona hay otros comportamientos que indican ese estado de alegría y generalmente se agrupan en un conjunto de actividades que denominamos celebrar. Cuando estamos felices celebramos, tenemos derecho hacerlo, nadie puede coartarnos esa libertad, pero como dicen por ahí: “tú libertad termina donde comienza la mía”. Lo anterior viene a colación debido a un hecho que se ha vuelto común a todas las ciudades, esto es, la contaminación a causa del ruido, una contaminación que en gran medida provocamos nosotros mismos a veces de manera individual, en ocasiones a través de la publicidad de múltiples tipos.

De lo que voy a tratar en esta colaboración es de la contaminación por ruido que producimos nosotros mismos. En la medida que una ciudad crece el espacio destinado a las viviendas va escaseando, las casas de la actualidad poco o nada se parecen a las casas de antaño con grandes patios, muros gruesos y espacios de separación amplios. Ahora las casas en fraccionamientos, sean del tipo que sea, generalmente responden al diseño de casas adosadas, es decir, comparten paredes que a diferencia de otras épocas, son tan delgadas que lo que pasa en una casa es perfectamente audible desde otra. Descartando el hecho de la pérdida en mayor o menor medida de privacidad, que implícitamente aceptamos al firmar los contratos de compra o arrendamiento, lo realmente molesto e injusto son cuestiones como el hecho de tomar la calle para hacer fiestas que duran toda la noche, sin previo acuerdo de los vecinos. Si uno acepta que eso suceda, tendrá que afrontar las consecuencias: quizá no pueda dormir, tal vez su banqueta amanezca llena de basura que tendrá que recoger, etcétera. Pero el asunto se vuelve injusto cuando ese acuerdo no se produce e igual se tiene que lidiar con las consecuencias. Las fiestas que ocupan la calle por fortuna no son muy frecuentes, al menos en algunas partes.

Lo que sí es frecuente por lo menos cada fin de semana son las reuniones de amigos en las banquetas haciendo honor a la tradición, no sé si exclusivamente sonorense, de recargarse en los carros con las puertas abiertas, la música en volumen tan alto que las ventanas de las casas vibran y con el típico bote de cerveza en la mano. Sí, si las personas están en la banqueta de sus casas tienen derecho a hacer en sus propiedades lo que deseen hacer. El problema es que en terrenos cada vez más pequeños, la banqueta de una casa generalmente es insuficiente para albergar los carros de los invitados, y se invaden otros espacios en los que las conversaciones en voz alta, a gritos cuando el efecto del alcohol se va haciendo evidente, y la música se pasan a las casas donde no hay festejo alguno. Supongo que es este tipo de acontecimientos los que originan las quejas que regularmente aparecen en las redes sociales en el tono de “no pude dormir porque mis vecinos…”, “anoche mis vecinos hicieron fiesta…”, “no podía hacer nada por lo fuerte de la música que tenían los vecinos”. En una sociedad civilizada en la cual unos somos conscientes  de los derechos de los otros pudiera pensarse que una queja al vecino bastaría para que bajara el volumen de la fiesta, pero las quejas resultan generalmente contraproducentes porque el vecino se siente agredido, siente que su derecho a divertirse está siendo coartado… ¿y el derecho de sus vecinos a descansar? Los bandos de policía y buen gobierno de los municipios están encargados de hacer prevalecer un equilibrio entre los que se divierten y los que descansan. Desafortunadamente ese bando se desconoce, por consiguiente no se cumple ni la policía suele hacer mucho caso la mayoría de las veces cuando alguien se queja por el volumen de la fiesta o la reunión celebrada, en términos prácticos, en la puerta de su casa.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.