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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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La espiral de la violencia en México

Alejandro Espinosa Granados*

La inseguridad y la violencia son fenómenos que en verdad preocupan. La violencia en México, lamentablemente, ha llegado a niveles que no dejan de sorprendernos y el estado de Sonora no es la excepción. Para muestra, la información revelada hace unas semanas en la cual se da cuenta de la incursión de Ciudad Obregón en la lista de las ciudades más violentas del mundo.

Por una parte la alta exposición a la violencia mediática a través de la televisión, de las redes sociales, de la música, entre otros canales, parece acostumbrarnos a la violencia como un estilo de vida en el cual estamos inmersos; sin embargo, mientras nuestra tranquilidad y nuestra integridad física no se vean comprometidas, la violencia nos parece un asunto lejano y que nos es ajeno.

Particularmente, quiero referirme a los alarmantes niveles de maltrato y violencia contra menores que existen en Sonora. Basta echar un vistazo a los periódicos para encontrarnos casi a diario noticias sobre el ejercicio de violencia contra menores de edad, que han llegado incluso a casos de infanticidio a manos de los padres o familiares cercanos. En primer lugar debemos caracterizar a la violencia no únicamente como las agresiones físicas, sino también poner atención a las expresiones de la violencia emocional, simbólica, el bullying, entre otras, que sufren los menores en la entidad.

Por si acaso nos continúa pareciendo un tema ajeno, vale la pena reseñar los hallazgos de diversos estudios que señalan las graves secuelas de las experiencias de violencia y maltrato en el desarrollo emocional de los niños, que pueden derivar en el desarrollo de comportamientos violentos en sus etapas de juventud y adultez. Entre estos comportamientos violentos se incluye también la mayor propensión que tienen los menores víctimas de abuso físico y emocional de iniciar carreras delictivas y criminales. El delincuente violento quizás arrastre historias de violencia desde su niñez, lo cual de ninguna manera lo justifica, pero hace pensar en esta espiral de la violencia que sufrimos en México.

El maltrato infantil, el bullying escolar y otras manifestaciones de la violencia contra los menores, no pueden ser tratados como hechos aislados. Mientras las estrategias de combate a la inseguridad se concentran en la persecución de los criminales consumados, las nuevas generaciones continúan creciendo en entornos violentos. Se trata de entornos en los cuales la violencia no sólo se tolera, sino que se alienta como un comportamiento que afianza valores como la valentía, la fuerza o la virilidad.

Los reproches al gobierno suelen ser la actitud más común entre la sociedad en lo que se refiere a la atención a este tipo de problemas. Sin embargo, y considerando su complejidad, vale la pena atender el problema de la violencia y la inseguridad desde sus propias raíces. Tratemos de involucrar a los menores en ambientes sanos de convivencia y fomentar en ellos una cultura de la paz. A nosotros como adultos nos corresponde reconocer los derechos de los menores y evitar cualquier manifestación de violencia en su contra. Ayudemos a sembrar en ellos un nuevo futuro sin violencia.
*Asistente de investigación en El Colegio de Sonora.