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FOTO DE LA SEMANA: “Valente”

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Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Malestar ciudadano y voto nulo

Alvaro Bracamonte Sierra*

La economía no crece o crece por debajo de las expectativas prometidas por el Gobierno federal, los recortes presupuestales agobian ya a amplios segmentos de la población como son los productores agrícolas y las grupos vulnerables; los empresarios siguen inconformes con los nuevos impuestos incluidos en la reforma fiscal considerándolos el centro de las dificultades económicas del momento; el tipo de cambio está por los cielos y afecta a los millones de mexicanos que compran en almacenes del otro lado; la gasolina está carísima y al compararla con el costo que tiene en Estados Unidos acentúa la molestia que anida entre las clase medias; la inseguridad sigue siendo una asignatura pendiente y sigue segando vidas ligadas, o no, al crimen organizado; la impotencia de las autoridades es inocultable y la sociedad vive atemorizada y decepcionada de la mediocridad gubernamental para enfrentar eficazmente la ola de violencia; la captura y muerte de importantes capos no disminuye la inseguridad sino parece que la empeora al fragmentarse las células gansteriles que operan en amplias zonas del País.

Los responsables de la seguridad no se preocupan o por lo menos no se preocupan lo suficiente ante el poco avance en esa materia. Saben que en México el no ofrecer buenos resultados no afecta la permanencia en el puesto; en todo caso, renuncian por razones físicas (“estoy cansado”), pero no por incapacidad. Esta desvergüenza que priva entre los servidores públicos adquiere dimensión especial por la escandalosa corrupción en la cual, pese a la flagrancia en que han sido pillados los actores centrales, no hay sanción ni siquiera de tipo moral. A la inmoralidad se agrega la arrogancia: no hay otra manera de caracterizar la decisión de imponer a una fiscal cuyo currículum poco tiene que ver con la procuración de justicia, la misma sensación produjo la promoción como magistrado de Eduardo Medina Mora, bien conocido por el desaseo con que se condujo a su paso por la PGR, Cisen, SSP y otras dependencias del Gobierno federal.

Esta zaga de absurdos ha terminado por encender el ya exaltado ánimo ciudadano, sobre todo de los más politizados que, si tuvieran manera de hacer valer su inconformidad, castigarían a los partidos responsables de haber hecho del País una casa inhabitable. Pero, he ahí el detalle ¿por quién votar? o ¿en quién depositar la confianza para, una vez en el poder, reconstruir el tambaleante edificio que es ahora nuestra Patria?

Al voltear hacia arriba, para abajo o a los lados no hay nadie que valga la pena. Todos los partidos están convertidos en organizaciones imperfectas cuyas virtudes fueron despilfarradas en el fango de la ambición. Al PRI se le conoce su atávica cultura de la secrecía y el rechazo a la transparencia en el ejercicio de la cosa pública; estos genes palpitan en cada filopriista. Lo peor es que tales maneras cautivaron al resto de los partidos y fructificaron en ellas. El PAN, otrora incansable crítico de las desidias tricolores, ha arriado esas banderas en aras del pragmatismo electoral. Los perredistas dilapidaron el capital ideológico que los ponía al frente de las mejores causas, el PRD se convirtió en protagonista de las páginas más oscuras de la historia reciente del País: ahí están el papel que tuvo en el tristemente célebre caso Iguala, o en la descomposición social y política que se vive en Michoacán, Oaxaca y, claro, en Guerrero; ahí está también el desastre que ha sido la Línea 12 del Metro en la Ciudad de México donde fueron gastados miles de millones de pesos en una obra que no funciona. De los otros partidos mejor ni agregar nada a la conocida falta de sintonía que, con escasas excepciones, mantienen con la sociedad; el caso más patético es el del Partido Verde.

Tanto malestar y tan precarias alternativas políticas están incubando un movimiento que promueve la anulación del voto, organizaciones civiles de gran prestigio y académicos de reconocida trayectoria como José Antonio Crespo promueven la anulación del voto con el propósito de llamar la atención de la corrupta clase política y mandarle un mensaje de ya basta. La iniciativa recuerda la novela del laureado escritor lusitano José Saramago, “Ensayo sobre la lucidez”, en la que plantea un escenario donde más del 80 porciento de los electores vota en blanco convenciendo a las autoridades de que es hora de irse, de abandonar la ciudad.

El problema en México es que una respuesta similar es impensable ya que las autoridades no renunciarían, al contrario, estarían satisfechas aunque su victoria se hubiera conseguido con un puñado de sufragios. Volveremos al tema en la próxima colaboración.

Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.