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La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Voces silenciosas

Zulema Trejo Contreras*

Los acontecimientos que se han suscitado últimamente en el ámbito político mexicano dan la impresión de que las voces ciudadanas que se alzan para protestar o cuestionar pertenecen a personas afónicas, a gente que perdió el uso de la voz y por lo tanto, aunque grite, de su boca ni siquiera sale un murmullo. Las voces de los mexicanos no tienen eco en los lugares donde deberían escucharse con mayor claridad como en las salas de plenos del Congreso y el Senado, en la oficina de la presidencia, en los tribunales de justicia, porque estas instituciones de gobierno están ahí para cumplir y hacer cumplir las leyes, leyes que se han promulgado o al menos debieron promulgarse para alcanzar y mantener el bienestar de los ciudadanos.

Diputados, senadores y el presidente de la república deberían recordar que ocupan sus puestos porque fueron electos para representar a la ciudadanía que, de acuerdo al contrato social, delegó en hechos la “partecita” de la soberanía que corresponde a cada ciudadano de este país, para decirlo en términos coloquiales. Los funcionarios electos son representantes, no están en sus cargos para hacer su voluntad, para decidir con base en sus intereses y voluntad personal. Los diputados, los senadores, presidentes municipales, integrantes de los cabildos están ahí para hacer oír la voz de sus representados, no para acallarla, no para ignorarla, no para desacreditarla.

Indudablemente es frustrante e indigna sobre manera que a pesar de manifestaciones, peticiones, incluso burlas y sarcasmos que pueblan tanto las redes sociales como otros medios de comunicación, el gobierno permanezca sin atender lo que se pide a gritos. Pareciera que están empeñados en aplicar el refrán de “a palabras necias, oídos sordos”. Lamentablemente para los funcionarios gubernamentales, las palabras de miles de mexicanos son necedades, así que no solamente deberían prestarles atención sino atender lo que dicen.

Caso Ayotzinapan, silencio. La casa blanca de Las Lomas, silencio. Nombramientos cuestionables en altos puesto de gobierno, silencio. Leyes socialmente impugnadas, silencio. Críticas a los excesivos gastos de representación de nuestros gobernantes, silencio. Marchas multitudinarias, silencio. Un silencio vestido de arrogancia e irrealidad, resquebrajado apenas por murmullos exculpatorios que no convencen a nadie, que llegan a convertirse en blanco de bromas en las redes sociales tan rápido como fueron pronunciados… y es que en este mundo globalizado donde el internet funciona a la par de la realidad, nada queda oculto. Lo bueno, lo malo, lo cruel, lo benéfico; todo se sabe gracias a las redes en cuestión de minutos. Y el mundo sabe que en México la respuesta que reciben sus ciudadanos cuando exigen explicaciones oscila del silencio al murmullo.

Sin embargo, el silencio del ámbito político ante el cuestionamiento ciudadano se “compensa” con los gritos estridentes de las campañas electorales; ahí sí, en tiempos de elecciones no hay silencio, por el contrario, se desata una aturdidora sinfonía desafinada de voces que prometen, piden, intentan seducir, reclaman. Lo lamentable con las estridencias es que forman un entorno que impide escuchar las voces de aquellos a quienes se pretende llegar y así no se construye un diálogo. Un diálogo implica un círculo de comunicación donde el que habla se vuelve escucha, cuando el que escucha se torna en hablante. Ese círculo pocas veces se produce y, si se produce, casi siempre es simulado o su resultado pasa al baúl del olvido de alguno de los participantes.

El diálogo no es un proceso que se dé a través de los gritos y silencios. El diálogo ocurre cuando una persona habla, otra escucha y viceversa. Se da cuando los integrantes del círculo de la comunicación se retroalimentan mutuamente y se respetan. El diálogo es comunicación, la comunicación es diálogo. Finalmente, como dicen los saberes del refranero “Hablando se entiende la gente.”

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.