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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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La salud que queremos

Catalina A. Denman*

La salud y el bienestar son precondiciones para el desarrollo. Son indispensables para que el desarrollo sea sustentable. Y son también resultado de dicho desarrollo. Así lo reconocen nuestras leyes y las normas internacionales. Imbricados de tal forma salud y desarrollo, y siendo una prioridad individual y colectiva, podríamos construir una agenda desde la sociedad civil proponiendo la salud que queremos. Aquí proponemos algunos de los temas a discutir.

México ha tenido programas eficaces de prevención primaria como los programas de inmunización, que fueron claves para la erradicación de enfermedades transmisibles, como la polio. No se ha avanzado de manera similar en la prevención primaria de las enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes, los cánceres y las enfermedades cardiovasculares. En México la prevención primaria de enfermedades crónicas es prácticamente nula.

Para disminuir la mortalidad por enfermedades crónicas un 25 por ciento hay que atacar sus determinantes. ¿Cómo hacerle? Algunas de las metas mundiales dicen que mínimamente tenemos que disminuir: 10 por ciento en el consumo de alcohol; 30 por ciento en el consumo de tabaco;  30 por ciento en consumo de sal/sodio; disminuir el consumo de grasas trans; el consumo de bebidas azucaradas; 10 por ciento en la prevalencia de actividad física insuficiente. ¿Estaríamos de acuerdo en aumentar los impuestos al alcohol, al tabaco, a los alimentos procesados? Estas medidas fiscales son las más eficaces pero deben acompañarse de otras estrategias.

Veamos el ejemplo de Karelia del Norte en Finlandia, pues su población se ha convertido en referencia mundial por los grandes logros que alcanzaron desde 1972 al disminuir la mortalidad coronaria en hombres en casi  80 por ciento y el cáncer del pulmón en  70 por ciento con resultados similares en mujeres. Fueron los primeros en el mundo en lograr algo semejante. Siguieron muchas estrategias: colaborando con la industria, los servicios, las comunidades y con el apoyo del gobierno. Por ejemplo, en Finlandia a las salchichas de cerdo les redujeron la manteca de origen animal y les añadieron champiñones y se mantuvo la preferencia de los consumidores. Mediante estrategias de mercadeo y de sustitución de productos se redujo el consumo de mantequilla de 90 por ciento en 1972 a 7 por ciento hoy en día. En Finlandia la población aumentó su consumo de frutas y verduras (6 ó 7 porciones al día) y aumentó su consumo de leche baja en grasa. Todos estos resultados se asociaron a una importante disminución en la morbimortalidad por enfermedades crónicas. Pero los cambios no se hicieron  de la noche a la mañana.

Sonora comparte con lo población finlandesa de los años setenta un alto consumo de grasas de origen animal y de tabaquismo, y su concomitante efecto en las enfermedades cardiovasculares y otras crónicas. Para la mejora de la salud colectiva se requieren acciones en la producción y distribución de alimentos (lo cual incluye el etiquetado frontal comprensible). Se requiere también de agua potable para toda la población 24 horas al día (en casa, trabajo, escuelas); de oferta saludable y accesible de los alimentos; de moderación en la venta y el consumo de alcohol; de control eficaz del tabaquismo con miras especiales a su disminución entre jóvenes; de creación de espacios en todas las comunidades para la actividad física y esparcimiento (diseño urbano, oferta de deporte) y, entre otras, de control de la publicidad de comida chatarra.

El director del proyecto de Finlandia dice que una clave del éxito del proyecto es la estrecha colaboración de la comunidad; la coordinación con la atención primaria y el compromiso de personas con motivación y capacitación para el desarrollo de innovaciones en salud pública y su evaluación. Generar una agenda de desarrollo con salud y bienestar al centro tendría que incluir estas consideraciones, y faltan las acciones para la prevención secundaria y para las enfermedades transmisibles y la salud sexual y reproductiva. ¿Podríamos replicar algo similar en Sonora?

*Profesora-Investigadora del Centro de Estudios en Salud y Sociedad, El Colegio de Sonora