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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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El Centenario de las Batallas de Celaya. 1915-2015.

En el marco de la conmemoración del Centenario de la Batalla de Celaya, evento realizado por la Sociedad Sonorense de Historia (SSH), el doctor Ignacio Almada Bay, profesor investigador del Centro de Estudios de Región y Frontera de El Colegio de Sonora, ofreció la conferencia: “Reflexiones alrededor del centenario de las batallas del Bajío, 1915”.

A continuación se transcribe parte de lo expuesto por el investigador de El Colegio de Sonora durante su intervención el pasado 23 de abril a las 19:30 horas en el auditorio Armando Hopkins de la SSH.

Los jefes militares que se enfrentaron en las batallas de Celaya fueron Francisco Villa y Álvaro Obregón. La primera batalla de Celaya ocurrió el 6 y 7 abril de 1915 y la segunda batalla el 13,14 y 15 de abril del mismo año.

Se sabe que el convento de San Francisco ubicado en Celaya, Guanajuato fue utilizado como cuartel durante este conflicto armado.

Durante estos acontecimientos es conocido que la menor extensión territorial controlada por los constitucionalistas en el país ocurrió entre diciembre de 1914 y enero de 1915 y el 13 de diciembre de 1914, el Primer Jefe designa al general Obregón jefe de las operaciones para batir a Villa.

Hubo varios teatros de operaciones: el principal en el centro, frente a Puebla; otros secundarios en Jalisco, Sinaloa, Agua Prieta y Naco, Sonora, en Tamaulipas, Nuevo León y San Luis Potosí, El Ébano en San Luis Potosí, en Yucatán y en el Istmo de Tehuantepec.

Los constitucionalistas fueron fuerzas del cuerpo del Ejército del Noroeste (NO) al cuidado de las vías férreas entre Veracruz y Puebla; éste fue desintegrado luego de las derrotas que le propinó la División del Norte.

La ventaja de las fuerzas del cuerpo del Ejército del NO era su familiaridad con los desplazamientos por la costa del Pacífico, el altiplano central y porciones de la costa del Golfo de México.

El Ejército Libertador del Sur emprendió campaña en Puebla, Veracruz y Oaxaca y los contingentes de la División del Norte estaban en campaña en el occidente, el noroeste y el noreste con el objetivo de mover con rapidez sus columnas por el control sobre las líneas ferroviarias del centro y norte del país, las minas de carbón de Coahuila y la comunicación abierta con los EEUU para aprovisionarse.

La Batalla de Puebla del 5 de enero de 1915: defendida la plaza por 15 mil zapatistas, fue atacada por una columna de tres armas al mando de Obregón, desplegando una maniobra que empezó por aislarla al cortar las vías férreas circundantes.

Por su parte, Villa toma Guadalajara, derrotando al general Diéguez, y Felipe Ángeles, Saltillo. Obregón ocupa la ciudad de México el 22 de enero por órdenes del Primer Jefe Venustiano Carranza.
Ahí las fuerzas constitucionalistas son acosadas por los zapatistas, enfrentan la hostilidad de las clases altas y medias capitalinas, y ocurren graves problemas de aprovisionamiento y de salud pública entre las clases populares.

Obregón convence a Carranza de salir al Bajío a combatir a la División del Norte que se halla fragmentada en varios teatros de operaciones y distante de su base de aprovisionamiento, en más de 1,500 kilómetros. El general Obregón y las fuerzas a su mando inician la evacuación de la capital en la madrugada del 11 de marzo.

El general Obregón arribó a Tula, Hidalgo, en la tarde del mismo día 11 de marzo y dispuso que la brigada de caballería del general Fortunato Maycotte se constituyera en la vanguardia de la columna, al proseguir sobre Querétaro y Celaya.

La movilización de los trenes, con artillería e impedimenta, concentrados en Pachuca, coincidió con un periodo de lluvias continuas, “que puso en condiciones casi intransitables” las vías férreas de la región. Además los trenes se descarrilaban con frecuencia porque las máquinas de gran potencia no podían caminar por la vía de riel delgado y las máquinas chicas remolcaban unos cuantos carros, haciendo tardada la movilización (Obregón 1960, 293).

Los obreros salidos de la capital para empuñar las armas en favor del Constitucionalismo fueron concentrados en Orizaba para ser organizados y entrenados.

El día 29 de marzo, Obregón comunicó el nombramiento del general Benjamín G. Hill como jefe de las infanterías de la columna y segundo en jefe del Ejército de Operaciones, “para substituirlo en el mando supremo en sus ausencias o falta absoluta.” (Obregón 1960, 297).

El grueso del ejército de operaciones constitucionalista ocupó la ciudad de Querétaro el día 1 de abril de 1915.

El 4 de abril, el general Francisco Villa arribó a Irapuato, Guanajuato, donde estableció su cuartel general, procedente de Torreón con las fuerzas con las que presentará batalla: alrededor de 20 mil hombres con 22 piezas de artillería y 42 generales (Barragán, 269).

El mismo 4 de abril, el general Obregón y el grueso del ejército de operaciones constitucionalista, formado por 11 mil hombres —de los que 6 mil son de caballería—, con 86 ametralladoras y 13 piezas de artillería, ocuparon la ciudad de Celaya.

Celaya es estratégica porque en sus orillas se cruzan dos grandes vías ferrocarrileras: una la une con Irapuato y Querétaro y otra con Acámbaro, Dolores Hidalgo y San Luis Potosí. En Acámbaro confluyen las vías férreas que vienen de Toluca y de Morelia.

En la primera fase, el 6 de abril de 1915, Villa inició su avance a la primera hora del día, partiendo de Salamanca, en tres columnas en marcha: una por el norte, otra por el centro y la tercera por el sur. Las dos columnas exteriores son de caballería. Por el centro, marchan las brigadas de infantería, seguidas por la artillería.

“Ninguna batalla de las libradas por el general Obregón tuvo su fase inicial más infortunada que la primera de Celaya”, resume el general Grajales, experto en el estudio de la trayectoria militar de Obregón, debido a que es sorprendido porque, al igual que Carranza, creyó que el combate se libraría en Irapuato y había dispersado su caballería hacia sus flancos, a varias jornadas.

Otra sorpresa es la destrucción de su vanguardia ubicada a una distancia fuera de lo normal, que lo obligó a comprometer efectivos importantes para salvarla, involucrándose él mismo en la operación “en detrimento de los preparativos para empeñar la batalla formal” (Grajales, LXXXIV). El movimiento tuvo que ser precipitado e irregular con el fin de salvar tres mil hombres (Barragán, 271).

En la primera fase de la Batalla de Celaya, los villistas-convencionistas, luego de derrotar la columna de Maycotte, avanzaron sobre Celaya, empezando el combate formal a las 5:30 pm (Barragán, 271).

Al anochecer, Obregón estimó en 500 las bajas  sufridas en sus filas, entre ellas las del coronel Alfredo Murillo (Barragán, 272).

Hacia las 20 horas “la situación parecía desesperada, a tal punto, que varios oficiales superiores del Cuartel General sugirieron al general Obregón la conveniencia de retirarse con todo el ejército hacia Querétaro.” (Grajales 1960, LXXXV).
Hacia las 11 pm, Obregón calculó las bajas en dos mil y calificó los asaltos del enemigo como “rudísimos.” (Barragán, 272).

Los villistas dieron desde las 5 de la mañana del 6 de abril hasta la una de la tarde del día siguiente, más de 40 cargas de caballería, “habiendo sido rechazadas todas ellas” (Barragán, 275-276).
En la segunda fase de la primera batalla, en la ofensiva del general Obregón (7 de abril de 1915), el dispositivo previsto por el general Villa para el ataque del día 7 llevaba el germen de la derrota según Grajales.

En la distribución de las fuerzas no se advierte ninguna idea de maniobra, ningún propósito de obtener la superioridad en determinado sector o dirección, ni siquiera previó la formación de una reserva general. La acción será uniforme y simultánea sobre todo el frente. La artillería se reparte por igual entre las unidades de ataque, a dos baterías por cada una. (Grajales, LXXXVII).

A las 4 horas del día 7 abren fuego las baterías villistas. La infantería avanza. La caballería carga repetidamente. Al notar debilidad en el sector norte, Villa ordena un nuevo asalto. Algunos villistas llegan hasta las trincheras constitucionalistas. Pero la masa de jinetes e infantes que formaban la ola de asalto fue detenida por el terreno anegado y por el fuego de la defensa.

En la segunda fase de la primera batalla en la ofensiva del general Obregón el 7 de abril de 1915, a la una de la tarde ordenó “culminar la batalla defensiva” y tomar la ofensiva: “desencadenando Obregón su maniobra predilecta de doble envolvimiento” (Grajales, LXXXXVIII) por la caballería, que desplegó sus columnas por los flancos, en la medida que “[…] nuestras infanterías rechazaban al enemigo por el frente, comenzando a batirse en retirada y dejando el campo sembrado de cadáveres, […], retirada que se volvió fuga precipitada. […]. Fueron perseguidos los villistas 20 kilómetros, recogiéndoseles armas, caballos y prisioneros.

Las pérdidas del enemigo entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos pasaron de 3 mil, según estimación del general Obregón.

Las bajas constitucionalistas son alrededor de quinientas, entre las que lamentamos la pérdida de los valientes coroneles Alfredo Murillo y Tomás Estada, que murieron en la línea de fuego y que eran, respectivamente, Jefes de los batallones 17 y 18 de Sonora —reportó Obregón—, más las muertes de dos mayores, 27 oficiales y 526 de tropa.

Entre los heridos se hallaban el coronel Eugenio Martínez, jefe del 1er. Batallón de Sonora y los mayores Roque Chávez del 10º Batallón, Dolores Guarizapa del 15º y Abelardo L. Rodríguez, del 4º Batallón de Sonora, “éste cayó gravemente herido en la línea de fuego y peleando bravamente”, anotó Obregón. Más 20 oficiales y 340 de tropa.

En la segunda Batalla de Celaya, en la primera fase, toda la División del Norte se concentra en Salamanca, luego de que el general Villa pasa revista el 12 de abril de 1915.

Al amanecer del día 13, dos columnas de caballería villista marchan sobre Celaya y a las 4 de la tarde se da la señal convenida de la proximidad del enemigo con el disparo de una pieza de artillería.
A las 6 de la tarde, la artillería rompe su fuego sobre la villista, trenzándose en un duelo que se prolonga hasta muy entrada la noche. Los asaltos de la caballería y de la infantería villistas se suceden unos tras otros, pero son detenidos y rechazados (Grajales XCIV).

Al amanecer del día 14, los contendientes mantienen sus líneas a 400 metros de distancia. Villa buscaba un punto débil para romper las líneas de defensa, pero esto lo condujo a una dispersión cada vez mayor de sus fuerzas, diluyéndose en un extenso frente que contorneaba los 360 grados del círculo de fuego de defensa de la plaza.

Obregón, al pendiente de la batalla, define un plan de maniobra para pasar de la defensiva a una contraofensiva general: “envolver al enemigo por el norte y por el sur con dos fuertes columnas de caballería hasta tomarlo por la retaguardia en ambas direcciones. Para que el adversario no pueda substraerse, la infantería atacará frontalmente al iniciarse la maniobra; otros contingentes de infantería atacarán también, realizando conversiones sobre sus alas interiores para apoyar el avance de las columnas de caballería. Las reservas entrarán en línea sobre las posiciones que vayan quedando desguarnecidas”.

En la segunda fase de la segunda batalla de Celaya en la ofensiva del general Obregón al amanecer del 15 de abril, el Ejército de Operaciones desencadena su contraofensiva de gran estilo, considera Grajales.

El propio general en jefe va a la cabeza de las tropas que contraatacan en el centro del dispositivo con la segunda brigada de Infantería.

La sorpresa fue absoluta en lo táctico y en lo material. Las bravas y altivas fuerzas de la División del Norte, agotadas por el esfuerzo continuado a lo largo de 36 horas de cruenta lucha, mermadas sus dotaciones de cartuchos, sorprendidas por el cambio repentino de la situación, fueron embestidas por el Ejército de Operaciones constitucionalista.

Hacia las 13:30 la derecha y el centro de Obregón habían puesto en fuga al enemigo, capturando numerosos prisioneros y toda la artillería ubicada en estos frentes. (Grajales, XCVI)
Una persecución realizada hasta el anochecer, a lo largo de todo el frente de batalla, completa el descalabro de la División del Norte, que sufre 4 mil muertos y otros tantos heridos, dejando a su adversario toda su artillería, 5 mil armas ligeras, 6 mil prisioneros y mil caballos ensillados. (Grajales, XCVI).

Villa se repliega al norte con intenciones de reorganizar su ejército en Aguascalientes y Obregón permanece en Celaya para levantar el campo y dar tiempo a su escalón o contingente avanzado de caballería que alcance Salamanca e Irapuato. Y envía fuerzas para que continúen guarneciendo la línea de operaciones con Veracruz.

El 19 de abril sale de Celaya el grueso del Ejército de Operaciones rumbo a Irapuato, en este momento nos encontramos en los preliminares de la gran batalla de Trinidad que inicia formalmente el 29 de abril para terminar 38 días después el 5 de junio.