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La imagen fue capturada por José Luis Moreno.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Riesgo, poder y movilidad imaginada en la sociedad fragmentada (1 de 2)

Isaac Palazuelos Rojo*

Palabras clave: movilidad, riesgo, internet
1. El panorama del riesgo

El desastre es inminente, innegable, por todos lados es notorio el surgimiento de luchas sociales, conflictos armados, protestas, asesinatos, desapariciones, desastres ecológicos, accidentes causados por fallas técnicas, organizacionales e institucionales. Las ideas de progreso y técnica paradójicamente nos han conducido a un abismo apocalíptico y fatalista, a un estado de riesgo latente (Lipovetsky 2008, Bauman 2008, 2007, Beck 2007, 2002). El triunfo del neoliberalismo y el mercado internacional han aminorado el papel de los Estados nación (Beck 1998), aunque al mismo tiempo los países y los nacionalismos se fortalecen principalmente a través de la resistencia que se da desde las identidades infranacionales, la cultura y lo subjetivo (Lipovetsky 2008, 73, Touraine 2013), esta reducción del Estado muestra un deterioro en el protagonismo de las naciones frente a los mercados internacionales, como resultado una brutal desigualdad pone en riesgo desde las economías de mercado hasta las economías domésticas. El capital y el mercado globales, así como la sobreexplotación de recursos naturales, la sobreexplotación de capital humano y económico, parecen haberse impuesto sobre la vida social sin que exista ninguna fuerza capaz de contrarrestarlo, esta forma de hipercapitalismo tiene un poder arrasador pero a la vez es de una naturaleza frágil y caótica (Lipovetsky 2008).

Nos encontramos en un momento histórico en el que el exceso de modernidad se ha bifurcado entre el bien y el mal, donde el bien genera estados latentes de riesgo. Si hablamos por ejemplo del desarrollo tecnológico en la medicina o de la producción de bienes y servicios como la aeronáutica, las tecnologías de información y comunicación e incluso políticas públicas o programas sociales con resultados favorables para el bienestar y el desarrollo, otros problemas se germinan al mismo tiempo: daños al medio ambiente, colapso de los sistemas económicos, riesgos tecnológicos, conflictos surgidos por políticas desiguales. Todos estos peligros latentes son producto de decisiones tomadas desde instituciones y organizaciones; son producto de una crisis institucional, de esta manera, el riesgo se erige como una característica de la sociedad actual (Beck 2007, 206 y 2002, 51). Sin embargo, en gran medida debido a los encantos producidos por las TIC, hay también quienes frente a este panorama de incertidumbre depositan la esperanza en el acelerado desarrollo tecnológico que experimenta la humanidad. “La relación con el progreso se ha vuelto ambivalente, oscila entre la mitificación y el desencanto, el terror y la esperanza (Lipovetsky 2008, 51)”.

En el documental Planeta Océano, Yann Arthus-Bertrand y Michael Pitiot se plantean una serie de problemas y amenazas que enfrentan las organizaciones y la sociedad global respecto a la relación que tienen con el medio ambiente: la sobreexplotación pesquera, el calentamiento global provocado por las excesivas emisiones de carbono, agotamiento de recursos naturales, contaminación, el limite biológico y el desequilibrio ambiental producidos por la sobre explotación de recursos, la desertificación del océano. Esto supone una serie de riesgos y miedos: quedarnos sin recursos, el desconocimiento de las consecuencias de tales problemas y la carencia de proyecciones futuras, desconocer hacia dónde se dirige la humanidad, la falta de un proyecto que oriente el sentido de nuestra existencia colectiva, en suma, la excesiva fragmentación social incrustada en un panorama global de relaciones de interdependencia que son a la vez relaciones de poder.

Según señala Ulrich Beck al hablar de las consecuencias de la modernidad, los riesgos a los que se enfrenta actualmente la sociedad no son amenazas externas al hombre que requieren de conocimiento y tecnología, sino más bien son los efectos secundarios de las tecnologías y el conocimiento científico, tanto la tecnología como las organizaciones transforman los peligros en riesgos, puesto que éstos se definen por la toma de decisiones que aceptan los daños como el lado oscuro del progreso. Por tanto, las organizaciones dejan de ser vistas como un instrumento en el manejo de los riesgos y sus decisiones son percibidas como fuentes de riesgo. La historia institucional de la industria es también la historia de varios regímenes que hacen tratos con riesgos e inseguridades industriales (Beck 2007).

Según señala el documental Planeta Océano, la naturaleza no tolera los excesos apelando a mecanismos de autorregulación demográfica principalmente a través de la cadena alimenticia y la emergencia de virus que controlan las explosiones desmedidas de vida, sin embargo, podemos decir que los corporativos han sabido también actuar como “entidades autorreproductoras, creando las propias condiciones para su prosperidad (Covarrubias 2012, 22)”. Si consideramos que la cultura es también una expresión de la naturaleza ¿podríamos entonces decir que el colapso ambiental generado por la industria es un mecanismo de la naturaleza para regular los excesos de civilización? Si la tierra es un sistema auto organizador debemos apostar entonces por un capitalismo sustentable. Es en esta toma de conciencia donde se encuentra una de las oportunidades que tienen las organizaciones frente a la problemática del deterioro ambiental, pues de esta manera la sociedad puede volverse capaz de autorregularse y evitar los riesgos generados por la sobreexplotación de recursos.

De esta manera, una primera propuesta de acción para enfrentar las problemáticas desde las organizaciones podría ser: evitar que las consecuencias de la actividad industrial sobre el medio ambiente se vuelvan mecanismos de regulación y control de la naturaleza sobre la cultura, como explosión desmedida de vida, apostando por un capitalismo sustentable en el que la actividad humana de manera consciente evite los excesos que ponen en riesgo el equilibrio ambiental. La persistencia de actividades que conllevan a la sobreexplotación de recursos naturales es un índice de la escasa relación de las organizaciones con el entorno natural; sin embargo, la falta de precauciones sobre la extinción de los recursos generará cada vez más flujos negativos en el medio ambiente y esto provocara el debilitamiento de las organizaciones. Por lo anterior, una segunda propuesta de acción es reestablecer esta relación.  Bajo el supuesto de que todo tiene una relación de interdependencia se hace necesario comprender y conocer a profundidad nuestro entorno para, con base en este conocimiento, evitar desestabilizarlo. Alterar las condiciones que permiten la explotación de recursos puede generar riesgos exponenciales para las organizaciones como la extinción misma de los recursos; sin estos, el trabajo y el capital no son capaces de sostener por si solos la vida social organizada.

La economía global es incontrolable, pues el mundo del dinero se ha independizado de los elementos que estructuran a las organizaciones (trabajo, capital y recursos). Las organizaciones están en riesgo porque no hay relación entre estos tres elementos: el mundo global es financiero, los recursos son especulativos, el mercado derivado es un mundo de fantasía, no se crea empleo, las decisiones de la bolsa se toman en nanosegundos, las relaciones cambian, etcétera. El mito de la nueva ecología social en armonía con el medio ambiente puede ser un signo capaz de unir estos fragmentos dispersos, por tanto, la tercera propuesta de acción es una educación que se encargue de inculcar estos valores, aunada a la propuesta de Ostrom (1997), quien señala que la mejor herramienta para estimular la cooperación y la acción colectiva es apostar por la construcción de una educación cívica que fomente el desarrollo de la confianza, la reputación y la reciprocidad.

Si el problema es la fragmentación de elementos interdependientes, entonces el trabajo, el capital y los recursos no son lo único fragmentado y disperso. Hay gran cantidad de entidades tomando decisiones y esto genera falta de consensos, descentralización y dispersión. Una cuarta propuesta de acción apunta hacia un nuevo tipo de centralización global y democrática capaz de controlar a las organizaciones que han rebasado los límites de regulación impuestos por los Estados nación. Dado que las actividades de estas organizaciones suponen riesgos sociales y ambientales de impacto global, la dimensión privada de sus acciones adquiere un carácter público porque el problema de la falta de recursos naturales es el mismo para todos.

El problema es que las relaciones de los grandes actores sociales se encuentran en la disputa por determinar la responsabilidad de los riesgos, así como consensuar y definir lo que puede ser considerado como un riesgo. Para ello recurren al discurso intelectual y a las instancias jurídicas (Beck y Holzer 2007). Mientras las problemáticas causadas por la modernidad avanzan rápidamente, las organizaciones y las instituciones se muestran incapaces de dar solución a los problemas. La noción de anarquías organizadas (o bote de basura) muestra que las organizaciones carecen de tiempo para formular soluciones eficientes, en gran medida porque tienen que resolver situaciones emergentes. Por tanto, no existe una lógica racional en la planeación de soluciones alternativas o políticas públicas en el caso de las instituciones de Estado. No se hace lo que se debe sino lo que se puede. El constante flujo de integrantes en las organizaciones, la ambigüedad de objetivos y la disposición indeterminada de tecnologías dificultan cada vez más la eficiencia de las organizaciones internacionales, que a su vez están ligadas a decisiones que son determinantes para la vida social y para la relación del hombre con el medio ambiente (Cohen, March y Olsen 2011).

Esta circunstancia en la que se circunscribe la sociedad actual del riesgo se vuelve insuperable debido a la fragmentación de poderes fácticos y de toma de decisiones. Las decisiones que toman las organizaciones no pueden considerarse de forma aislada, pues tienen una relación de interdependencia con una multiplicidad de decisiones tomadas por distintas organizaciones en diferentes partes del mundo. Nos encontramos, pues, frente a un dilema social (Ostrom 1997): ¿Cómo generar capital social, acción colectiva y trabajo colaborativo en un mundo social en el que se ha fragmentado el sentido y se han disuelto los proyectos y las grandes narrativas? Para elaborar esta pregunta partimos del supuesto de que, si existe un aumento generalizado en la capacidad de cooperación, los resultados pueden ser óptimos. Se parte también del supuesto de que el principal obstáculo de la acción colectiva emerge desde los dilemas sociales. Evitar esta desarmonización de las voluntades individuales conduce a la optimización de las decisiones y acciones que tomen en conjunto las organizaciones (Ostrom 1997).

 

Primera parte de dos…

*Estudiante de maestría en El Colegio de Sonora. ipalazuelos@colson.edu.mx