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FOTO DE LA SEMANA: “Burla de la fotografía conceptual”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Riesgo, relaciones de poder y movilidad imaginada en la sociedad fragmentada (2 de 2)

Isaac Palazuelos Rojo*

2. Relaciones de poder, capital social, movilidad y redes

Según señala Al Gore (2013), uno de los principales conductores del cambio global es la emergencia de una economía global interconectada que opera como una entidad holística; Lipovetsky (2010, 73) señala, por su parte, que lo que configura al mundo es una fragmentación geopolítica. Lo difícil en este panorama es articular el trabajo colaborativo en una sociedad que se rige por una economía global de mercado en donde la competencia, las relaciones desiguales, de poder y de dominación, son sus principales dinámicas. ¿Cómo cambiar el concepto de dominación por el de cooperación?

Ya no hay liderazgo en el mundo, el cambio de poder más importante es el que cedieron los gobiernos a los mercados. La toma de decisiones va del mundo público al mundo privado y éstas se toman desde distintas partes del mundo. No hay instituciones que controlen las organizaciones. Todo es competencia por la legitimidad que permita mayor capacidad de decisión, mayor capacidad de hacer las cosas de cierta manera. Es una competencia por el ejercicio del poder. La única manera de triunfar es con la disposición a ejercer el poder y de comprender cuáles son sus principios (Pfeffer 2010, DiMaggio y Powell). Siguiendo a Foucault (2000), el poder se encuentra en cualquier parte, son las relaciones móviles que por su naturaleza desigual producen el poder. La capacidad que tiene el poder de autorreproducirse es precisamente el efecto que producen estas movilidades en su conjunto. El orden mundial está enraizado fuertemente en las distintas formas de movilidad que permiten, cada vez más, relaciones desiguales con lazos débiles. La falta de predictibilidad sobre la movilidad de los capitales y los mercados financieros supone grandes riesgos y provoca sensación de impotencia en la ciudadanía. Esto permite, al mismo tiempo, nuevas formas de conectividad que están transformando a las naciones hasta en los ámbitos más domésticos, la movilidad es estructurante (Hannan, Sheller y Urry 2006, 2 y Lipovetsky 2010, 38).

La movilidad produce desterritorialización al facilitar el traslado de personas, de información y recursos. Al mismo tiempo produce nuevas formas de territorialización y entramados sociales anclados a un espacio, a una infraestructura, que en su inmovilidad cumple la función de facilitar las movilidades. Estos entramados tienen una estructura jerárquica de poder. Las matrices de inmovilidad, como los distintos niveles, formas y capacidad de movilidad, son el reflejo de relaciones desiguales de poder (Hannan, Sheller y Urry 2006). Nos encontramos frente a un panorama de interconexión e interdependencia global. Para facilitar esta conectividad se requiere de una constante movilidad que engendra relaciones desiguales y relaciones de poder. Las tendencias que se imponen desde el modelo del capitalismo global, se reproducen en los países emergentes a través de un isomorfismo que filtra tales dinámicas a los proyectos nacionales y hacia las características locales. Esta forma híbrida de variedades de capitalismo se expresa en la construcción de ciudades fragmentadas, tal es el caso de la motorización tardía en países emergentes de América Latina que alienta, a su vez, las formas de movilidad junto a relaciones de poder y lucha por el espacio (Covarrubias 2012). La globalización o la “cultura mundo” lejos de producir una homogenización generalizada de la cultura está produciendo múltiples formas renovadas y diferentes de capitalismo, la mundialización ha intercambiado el antagonismo entre las civilizaciones por el conflicto internacional, pero a su vez esta es la oportunidad para nuevas formas de cooperación y asociación (Lipovetsky 2008, 74).

El más grande reto que enfrenta la sociedad global como conjunto organizativo es la articulación entre las identidades culturales infranacionales y el mercado internacional; la armonización de la ecología social con el medio ambiente, el cuidado de los recursos y el respeto a la multiculturalidad. Si el multiculturalismo produce naturalmente relaciones de desigualdad ¿cómo fomentar la colaboración, la reciprocidad y la confianza?, ¿cómo hacernos de un capital social global?, ¿sera la ingeniería social capaz de desarrollar un conocimiento profundo sobre los recursos naturales y capitales sociales?, ¿será capaz de desarrollar las ecuaciones de optimización, las mejores combinaciones posibles hasta encontrar el punto más óptimo de organización y eficiencia?

Las distintas formas de movilidad y conectividades entre personas tienen de fondo un gran trabajo colaborativo; facilitan grandes nodos de interacción, redes y confianza; además funcionan en distintos marcos normativos; es decir, existe un gran capital social involucrado en la movilidad y en los sistemas que la hacen posible. Millán y Gordon (2004) señalan que el capital social es también una estructura de relación productiva que facilita alcanzar metas a las que no sería posible llegar de otra forma. Su fundamento interactivo permite la reciprocidad, mientras que su base en la confianza y en las redes supone una mayor capacidad de organización. De la constante interacción se desprende la interdependencia que desencadena ciclos de cooperación y coordinación.

Para que exista el capital social es necesaria también cierta conjunción de información precedente de cada una de las partes que se integran entre sí, su comunicación y, si es posible, su interacción cara a cara. Esto hace posible el establecimiento de consensos respecto a las normas, distribución de autoridad y derechos (Millán y Gordon 2004, Ostrom 1998). El capital social es una multiplicidad de entidades que coinciden en un punto. Las acciones se facilitan mutuamente por la característica de ser un valor de uso y no de cambio. El capital social puede ser una alternativa de organización internacional, pues es un bien público inalienable que favorece la cooperación. Al darle un sentido a la participación, tiene también un carácter cívico, se teje entre las oportunidades y la capacidad de tomar decisiones, se estructura en forma de redes que proporcionan marcos referenciales de la acción, las relaciones de confianza y la detección oportuna de lazos sociales (Millán y Gordon 2004).

La red es una forma de movilidad conjunta, un tejido de vínculos y relaciones, es la filigrana de la movilidad. Va más allá de las relaciones institucionales, su configuración favorece la colaboración en un sistema abierto que facilita la multiplicación de sus propias posibilidades. Su base comunicativa es horizontal, no le interesa la hegemonía sino la capacidad de transformar y de crear, la capacidad de actuar y tomar decisiones, hacer más grande la gama de posibilidades a través de los vínculos (Galindo 2006, 61, 62 y 69). ¿Es internet una red con la capacidad de generar capital social a una escala de interconexión global?
3. movilidades imaginadas y comunidades virtuales de segundo orden

Internet permite nuevas formas y estilos de comunicación en movimiento, nuevas maneras de organización de personas, de encuentros y eventos; facilita una suma de nuevas formas de movilidad virtual y movilidad imaginada. Internet está reorganizando también las relaciones entre el espacio doméstico y el espacio público. Desde la década de los setenta los sistemas de movilidad dependen en gran medida del uso de software y de textos móviles, del hipertexto (Hannan, Sheller y Urry 2006, 4 y Galindo 2006). Hace de lo privado algo público, fomenta la opinión, el debate y la participación ciudadana.

La incorporación de computadoras a los sistemas de comunicación ha ampliado la capacidad de movilidad al facilitar la organización y la movilidad de imágenes y comunicaciones que permiten la interacción uno a uno y la movilidad simultánea. Se puede estar en varias partes al mismo tiempo; dado que los sistemas que permiten esta movilidad de imágenes y textos tienen también una naturaleza móvil, traen consigo la gestación del sentido de ubicuidad (Hannan, Sheller y Urry 2006 11). Es una nueva forma de vivir el espacio, una nueva forma de interactuar con el otro, es un abanico nuevo de posibilidades.

La naturalización del uso de internet en las interacciones cotidianas hace evidente su uso por parte de agentes políticos y movimientos sociales. Se convierte en una herramienta en la que se virtualizan los signos de la política, la ciudadanía y los conflictos sociales (Castells 2001, 159). Sánchez (1997) señala que la internet es un “sexto poder”, pues se ha vuelto el medio más óptimo para el intercambio de información entre la ciudadanía, es decir, se convirtió en un medio de comunicación civil. Esto provocó la emergencia de nuevas formas neodemocráticas de subversión, practicadas por la cibercultura. El origen de la cultura internauta se remonta a la época de rebeldía hippie; la cultura tecnomeritocrática de este medio tiene lazos íntimos con las ideas rebeldes de los años sesenta. La forma en que las compañías de software se instauraron en la dinámica de la economía global, a través de un producto que transformó a gran escala la vida de las personas en todo el planeta, le otorga a la cibercultura, además de una naturaleza rebelde, una capacidad creadora y transformadora (Sánchez 1997, 54, y Castells 2001).

De la coincidencia temporal entre la emergencia del uso de internet a escala masiva y la aparición del EZLN entre 1994 y 95, este movimiento social en México se distingue por ser el primero en construirse al lado de un espacio virtual de gran impacto en la comunidad nacional e internacional (Galindo 2006, 36 y 37). La dinámica, la acción, la organización y la participación ciudadana ya no serían igual. El acceso a la información será distinto, la difusión de la información se vuelve horizontal y la interacción entre ciudadanos se vuelve más accesible pero compleja a la vez (Galindo 2006, 36, 37, 38 y 39).

Para Maia (2002), la internet es capaz de reducir los costos de participación política al facilitar la conexión colectiva. Internet funciona como un ámbito o “arena conversacional” sin obstáculos burocráticos. Permite, además, que cualquier sujeto se convierta en emisor de información, lo cual rompe con la tradicional forma de comunicación unidireccional. Señala igualmente que es un error pensar en internet como una herramienta que revitaliza las practicas e instituciones democráticas pues, al tiempo que puede proveer un medio de comunicación democrática descentralizada, es capaz de generar también nuevas formas de centralismos. Para fomentar la democracia no basta con tener bases de comunicación tecnológicas sino motivación, interés y disponibilidad por parte de los ciudadanos respecto al debate público, por ello, las personas que forman parte de movimientos sociales y ONG son más aptos que los ciudadanos comunes para participar como actores en cuestiones públicas (Maia 2002, 47, 48).

Lévy (2007) indica que el nacimiento mismo del ciberespacio es producto de un movimiento social liderado principalmente por la juventud urbana, con niveles altos de educación, que se interconecta como una inteligencia colectiva a través de comunidades virtuales, con aspiraciones más o menos coherentes. Para este autor la cibercultura y el ciberespacio es un movimiento social con base en un tipo de comunicación horizontal, no mediada, comunitaria y rizomática; es una nueva forma de organización sinérgica de recursos (Lévy 2007, 95, 105). Este fractal de entidades comunicativas forma una multiplicidad de redes que pueden ser nacionales, internacionales o de escala global, las herramientas de red se han vuelto fundamentales para la interacción, se vive un nuevo mundo fractal de movilidades comunicativas, el mundo ve emerger un nuevo tipo de capital; el capital red.

El sentido de comunidad arraigado en el concepto de redes permea en la construcción de comunidades imaginadas, el ciberespacio se construye entre una serie de vínculos que se establecen a través de la movilidad de los hipertextos, las imágenes y demás herramientas de interacción virtual. La nueva aldea global virtual es una comunidad imaginada, una serie de nodos interconectados entre sí que van estructurando tejidos en forma de redes, ramificaciones que van haciendo más amplio el abanico de lo posible.

De acuerdo con Galindo (2006), el impacto comunicativo que tienen los fenómenos locales en la comunidad global permite la formación de comunidades virtuales de segundo orden. Cuando ocurre algún desastre social o natural en alguna parte del mundo, dicho impacto se genera en las interacciones virtuales y la comunicación horizontal. Los distintos organismos e individuos que le dan seguimiento a los hechos a través de las tecnologías de la información y la comunicación pero que no están involucrados de manera directa constituyen una comunidad virtual de segundo orden. Estas comunidades permiten la movilidad de la información dando legitimidad a las distintas problemáticas sociales y, al mismo tiempo, son susceptibles de generar distintas formas de apoyo y colaboración.

¿Se puede decir que las comunidades virtuales de segundo orden y otros fenómenos de agencialidad como el trabajo colaborativo, la formación de redes, la multiplicación de posibilidades de acción que se generan desde el uso de las TIC, son una promesa de transformación global, una herramienta de capital social y capital red capaz de reducir la fragmentación social, las relaciones de dominación y las consecuencias negativas de una modernidad global? ¿Cuál es el papel del internet en una sociedad del riesgo?

Slevin (2001) señala que internet es capaz de alimentar los compromisos reflexivos: esparce los compromisos con las formas de activismo al proveer a las personas y a las organizaciones con oportunidades de participación que antes no estaban abiertas. Las organizaciones deben usar internet y promover la comunicación inteligente para establecen el manejo de los riesgos. Los sitios web en el ciberespacio deben entenderse como proyectos reflexivos de las organizaciones y deben facilitar la interacción uno a uno, uno a muchos y muchos a muchos. Deben ser horizontales y abiertos y permitir a los internautas sentirse parte de la página alentándolo a colaborar. Las organizaciones deben trabajar por alentar un sentido de comunidad en sus sitios virtuales para hacerlos más fuertes (Slevin 2001, 137-138).

Las organizaciones deben buscar las intervenciones generativas de grupos e individuos a través del uso de internet para mejorar el manejo de los riesgos; para ello deben permitir que los grupos y los individuos se involucren en hacer que las cosas pasen y no esperar a que las cosas sucedan. Las organizaciones deben invertir en recursos humanos y en infraestructura e incentivar a cada individuo al monitoreo y medición de su relación con los riesgos. Esto, con fines de predictibilidad y resolución de problemas, lo que supone un gran reto puesto que los individuos no están acostumbrados a tener la iniciativa frente a situaciones de riesgo. Sin embargo, internet puede ayudar pues instaura una época en la que la noción de “hágalo usted mismo” es la moda. En cierto modo, esto supone una redistribución sobre la capacidad de tomar decisiones que implica involucrar más a las partes de la organización en su conocimiento general sobre las actividades capaces de generar riesgos. Implica también producir más formas inclusivas de organización comunitaria, este es uno de los sustentos de una sociedad del conocimiento (Slevin 2001, 138, 139).

Por ultimo está el uso de internet para garantizar la limitación de los daños: las nuevas formas de interacción y solidaridad suscitadas por el uso de internet exigen prestar mayor atención a los mecanismos de colaboración entre personas y a las iniciativas de acción colectiva. Las organizaciones deben facilitar el uso de internet de los individuos y los grupos para que éstos sean capaces de desarrollar formas de monitoreo y mapeo con el fin de evitar daños. Al mismo tiempo deben estar capacitados para lidiar con los problemas, una vez que se han suscitado, establecer relaciones y hacer tratos con recursos de capital red para evitar los riesgos (Slevin 2001, 141).

La sociedad que hemos hecho es por excelencia una sociedad de excesos, pero existen casos de sociedades como la de Japón y Alemania que han sido capaces de reconstruirse sobre escombros, calamidades y escasez de recursos. Cada cosa les cuesta mucho más, quizás esto se determine como una cultura de trabajo, cultura relacional entre ellos mismos y con el medio ambiente, pero han aprendido a valorar más los recursos. Como sociedad global tenemos la capacidad de hacer proyecciones e imaginar escenarios futuros; las tecnologías de comunicación e información, al armonizarse dialécticamente en redes, multiplican los escenarios de lo posible. No hay escapatoria, vivimos un tiempo difícil que requiere de vínculos e interconexiones globales. La interdependencia debe reconocseer a nivel mundial y las redes deberán salir a la luz como una fuerza de configuración de lo posible, de lo creable. Aparecerá la comunidad virtual como modelo de autorreproducción basado en la colaboración de distintas entidades autónomas que trabajan en conjunto con la mera voluntad de crear (Galindo 2006, 31, 65).

Bibliografía:

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Bauman, Zigmunt. 2007. Tiempos liquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México.

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Beck, Ulrich. 2007. Teoria de la sociedad del riesgo. En “Las consecuencias perversas de la modernidad. Modernidad, contingencia y riesgo.” Anthropos. España.

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Foucault, Michel. 2008. Defender la sociedad. Fondo de Cultura Económica. México.

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Lipovetsky, Gilles y Serroy, Jean. 2010. La cultura mundo. Respuesta a una sociedad desorientada. Anagrama. Barcelona.

Lipovetsky, Gilles. 1998. La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama. Barcelona.

Maia, C. M. Rousiley. 2012. Redes civicas e internet en “Internet e política. Teoria e prática da democracia eletronic” Eisenberg, José y Cepik, Marco Organizadores. Belo horizonte editora UFMG.

Galindo Cáceres, Jesús. 2006. Cibercultura. Un mundo emergente y una nueva mirada. México. CONACULTA.

Gubern, Román. 2000. El eros electrónico. Taurus. México.

Lévy, Pierre. 2007. Cibercultura. La cultura de la sociedad digital. Anthropos. México.

Slevin, James 2001 The internet and society.

Kevin Hannam, Mimi Sheller y John Urry. 2006. Mobilities, inmobilities and moorings.

*Estudiante de maestría de El Colegio de Sonora. ipalazuelos@colson.edu.mx