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FOTO DE LA SEMANA: “Pensando en ti”

La imagen fue capturada por Antonio Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El granero de México

Alvaro Bracamonte Sierra*

Uno de los pasajes más emocionantes de la historia económica de Sonora es la conversión del desierto en un vergel y el relato de que fuimos el granero de México. Oteando por el retrovisor es posible toparse con testimonios que confirman que algo de eso sucedió, pues por un buen tiempo la producción de alimentos en Sonora permitió abastecer las mesas de muchos hogares del país. Pero también es cierto que esa creencia no deja de ser algo engañosa debido particularmente a que la agricultura de la entidad en los años de mayor expansión sólo producía dos o tres productos: trigo, algodón y, en menor cuantía, maíz. Es decir, para cumplir realmente con la leyenda faltaba producir mucho más. De estos granos, sólo el primero alcanzó un porcentaje significativo de la oferta nacional, de ahí que la entidad fuera considerada el granero de México. Del maíz, en cambio, el volumen producido fue apreciable sólo esporádicamente; ni qué decir del algodón pues ni es grano, ni alimento, es una planta de cuya fibra se obtienen hilados, materia prima fundamental para la industria del vestido, aunque nada más. Con el tiempo cambió el patrón de cultivos, desapareció primero el algodón, luego el maíz y florecieron en su lugar los perennes y hortalizas en varios distritos de riego, particularmente en las zonas de bombeo.

Así, es un mito afirmar que el campo sonorense fue el granero de México. En el mejor de los casos, abasteció la demanda de trigo, que por cierto no es necesariamente la parte medular de la dieta del mexicano promedio. Al margen de la mitología, el agro regional era altamente productivo y competitivo y cumplía satisfactoriamente el papel asignado en el proceso de industrialización. Esto nos lleva a señalar que es un despropósito, o una imprecisión histórica, plantear que Sonora volverá a ser el granero de México, sencillamente porque nunca lo fue y, sobre todo, porque no existen condiciones objetivas que hagan pensar que algo parecido pudiera lograrse en el futuro. En la actualidad el campo de Sonora está constituido de varias agriculturas, es decir, la producción es diversa y desigual: en el sur esencialmente se cultiva trigo, aunque es apreciable el esfuerzo por aumentar la superficie hortícola, y en menor medida frutales; en el norte, con una agricultura integrada por áreas estresadas ante la falta de agua, se siembran mayoritariamente frutales y hortalizas para exportación. En la sierra, el proceso de ganaderización es natural debido a que se cultivan fundamentalmente forrajes para alimentar el hato de la zona. Cada una tiene su propia problemática y para cada una tendría que diseñarse un programa de intervención orientado a superar rezagos y lograr mayor competitividad. Esto requeriría primero alejarse de la narrativa emotiva, pero vaga, de recuperar la condición de granero de México, pues no corresponde con la naturaleza actual del agro local, además de que esa especie no deja de ser una referencia romántica que bien a bien no se sostiene.

Es necesario diseñar estrategias particulares a cada región y tipo de productor: no son los mismos desafíos los que enfrentan el empresario y los productores, que el sector social; los nueceros de Hermosillo viven problemas distintos a los que padecen los trigueros de San Luis Río Colorado o los esparragueros de Caborca; tampoco son iguales los apuros que pasan los forrajeros de los alrededores de Arizpe que los uveros de Pesqueira. El mito de que el estado fue el granero de México sirvió para modelar la identidad y la cultura del sonorense típico; no es poca cosa por cierto. Pero no deja de ser realismo mágico al no ceñirse a la verdad histórica. Reconocerlo es indispensable para dar paso a una política agrícola mejor enfocada, capaz de utilizar en forma eficiente los recursos destinados al campo y disminuir el desperdicio que evidencian hasta ahora los programas de subvenciones que en la letra están dirigidos a sacar a muchos productores de la precariedad, pero en los hechos se desvían en buena medida hacia quienes menos los necesitan.

VÍSPERAS DEL DÍA “D”
Estamos a poco menos de tres semanas de la jornada electoral; la contienda, como se esperaba, se cerró y los enconos entre candidatos y padrinos son cada día más estridentes. Algo ocurrió en los últimos días: la de Sonora dejó de ser una elección atractiva a nivel nacional; fue desplazada por Nuevo León donde se escenifica un fenómeno político que parece prologar lo que viene para el 2018.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora